El tiempo hace con el cuerpo lo que la estupidez hace con el alma: la pudre Marina - Carlos Ruiz Zafón

domingo, 5 de agosto de 2018

If I die young



Si muero joven quiero tener el funeral más bonito que se pueda imaginar. Quiero que suene todas mis canciones favoritas; las alegres y las tristes. Quiero que inviten a todo el mundo que me conocía ya fuese porque me amasen o porque me odiasen. No me importaría verlos por última vez. No me importaría escuchar lo que tuviesen que decirme.

Si muero joven, me gustaría dejar una herencia. Y no hablo de dinero. Dejaría toda mi fortuna a los que de verdad se lo mereciesen. Les dejaría mis recuerdos, esos que escribo en papel. Solo para que intentasen entender por qué lo hice.

Si muero joven sé que los abandonaría a su suerte. Significaría que no me importaron lo suficiente, que decidí acabar con mi propio sufrimiento antes de evitárselo a ellos. Significaría que perdí toda esperanza, que descubrí que estaban mejor sin mí, que nunca debí molestarlos con mi presencia.

Si muero joven sería para que todos hablasen de mí. Abrirían el periódico esa mañana y se asombrarían y entristecerían a partes iguales. “Pobre, se la veía una chica feliz” ¡Qué ignorantes! Qué poco me conocían.

Si muero joven sería porque los demás no vieron las señales o porque no quisieron verlas. No entendieron que gritaba a pleno pulmón en mis silencios, que pedía ayuda en el final de mi sonrisa, que me mataba cada “estoy bien”. No entendieron que NO tenía un día malo sino que vivía en un infierno constante.

Si muero joven habrá muchas personas a las que culpar pero la decisión fue mía y de nadie más. Mi asesina sería yo misma y cumpliría mi castigo durante toda la eternidad.



domingo, 18 de marzo de 2018

El acantilado



Me despierto cubierto en sudor, gritando su nombre. La he vuelto a ver en sueños, tirándose al vacío como la última vez que la vi.

Recordaré aquel día gris toda mi vida. El mar rugía con una fuerza colosal, el viento revolvía su pelo negro como la oscuridad que la acompañaba a cada paso que daba.

Estábamos en silencio, la había seguido hasta allí porque quería hacerle compañía. Me parecía que el camino de vuelta a casa era el momento indicado para conocerla, para ser su amigo.

Nunca imaginé que la estaba acompañando hasta su tumba.

Ella dejó que yo hablase durante todo el trayecto. Me respondía a veces y mostró una media sonrisa llena de tristeza en más de una ocasión. Si lo hubiese llegado a saber por aquel entonces…

Se detuvo frente al acantilado y yo la observé desde lejos. En ese momento no me percaté de lo bonita que se veía La Muerte desde unos ojos que desconocían la angustia y el sufrimiento que acarreaba. A mí solo me pareció que ella era bonita.

Su vestido oscuro ondeaba en el viento pero a ella pareció no importarle. Quería acercarme, pedir que nos marchásemos pero mis pies no reaccionaron. En vez de eso, de mi garganta salió un leve quejido lo suficientemente fuerte como para que ella se girase.

─ ¿No te gusta el mar?─ preguntó mientras se quitaba la mochila─. Hoy está tranquilo.

Me extrañó su comentario pero no me alarmé. No se me pasó por la cabeza que, quizá, su mente era mucho más ruidosa que lo que teníamos enfrente.

─ ¿Volvemos a casa?─ No me escuchó. Quizá solo lo pensé pero desearía haberlo gritado. Agarrar su mano y llevarla lejos de allí.

Nunca olvidaré la sonrisa que me dedicó solo a mí. ¿Por qué demonios no lo vi? Estaba totalmente ciego, mi vista estaba nublada como el cielo de aquella tarde. ¿Por qué?

Ella ya estaba al borde del acantilado sin yo darme cuenta si quiera. Seguía sin moverme, atrapado en la hermosura de su último aliento. La verdad que fue mucho más rápido de lo que recuerdo. Mi mente aprecia ahora cada detalle, como si pudiera revelarme algo nuevo, como si pudiera cambiar lo que pasó.

─ Siento que seas tú el que lo contemple.

Y se dejó caer. El mar la tragó. Solo se escuchó los crujidos de sus huesos contra las rocas. O eso creí escuchar…

A día de hoy pienso en lo mal que actué, en que pude haberla salvado. Solo encontré belleza en su dolor, en su tristeza, en sus ansias de ser borrada del mapa. ¿Cómo me pudo parecer bonito? Casi me doy asco a mí mismo.

Poco sabía yo que su muerte me perseguiría hasta la eternidad. Poco sabía yo que mis pensamientos inhumanos tendrían un castigo tan desgarrador.

Si pudiera decirle algo por última vez sería que lo siento, siento ser tan estúpido como para maravillarme con los preludios de un acto tan atroz como lo fue su suicidio.


miércoles, 7 de febrero de 2018

Estrella

Salió por la puerta que daba al balcón. Se enfrentó a la fría noche y suspiró, mirando al cielo antes de abrir si quiera la boca.

─ Hey…Lo sé. Lo siento─ dijo sacudiendo su cabeza y apoyándola sobre la fría barandilla─. Llevo ya un tiempo sin hablar contigo. Pero es que la vida está muy alterada últimamente. A penas me da tiempo a venir aquí. A pesar de eso, pienso en ti. Mucho.

Se cubrió mejor los hombros con la manta que llevaba encima. Y se cruzó de brazos para ver si podría entrar en calor.

─ Dios… Parece que solo vengo para pedirte cosas.─ Jugó con una pequeña piedrecita que había en el suelo, dándole una patada para mandarla lejos de su persona─. Pero no conozco a otra persona que cumpla mejor los sueños. No conozco a otra persona que me haya ayudado tanto como tú.

Alzó su vista de nuevo al cielo, intentando buscar una respuesta. Intentando encontrarla. Sonríe.

─ Así que si estás por ahí, enróllate un poco. Que creo que ya he sufrido bastante mientras tú… ─ se dio la vuelta y apoyó su espalda en la barandilla, rió─. Tú estarás de fiesta con cualquiera que te haya pretendido, ¿no? Era lo que querías, lo que me asegurabas que ibas a encontrar después de…

Sacudió la cabeza. Pensamientos negativos habían entrado y no los quería ni escuchar. No los necesitaba. Martilleaban su cerebro para destrozarlo poco a poco hasta que llegase al extremo de la locura. Aún se estaba intentando recuperar de la última vez. No podía volver a dejarlos entrar.

─ Lo he intentado, te juro que lo he intentado con cada parte de mi ser. Me siento terriblemente mal por ello porque yo no quiero olvidarte.─ Entrelazó sus propias manos y dejó escapar un suspiro lleno de dolor─. Pero mi corazón me ha vuelto a traicionar, como la primera vez que te vi. No quería que pasara pero me parece una estupidez seguir engañándome… Así que, por favor, dame tu consentimiento. Dime que estás de acuerdo, que no te enfadarás aunque… tú siempre te mosqueabas conmigo.

Rio, recordando los viejos tiempo. Recordando aquellas tardes de verano que corrían colina abajo o cuando no se hablaban durante un par de horas porque alguien había hecho algo mal. Pero no importaba, siempre volvían a reencontrarse, a perdonarse.

─ Solo dame una señal. Solo permíteme continuar adelante. No te pienso olvidar, eso nunca.

Alzó la vista al cielo y entonces lo vio. Aquella estrella parecía haberse iluminado más durante unos segundos. Ahí estaba su señal. Ahí estaba la respuesta que había estado buscando durante un tiempo.


Se recolocó la manta y volvió a la casa. Volvió a la vida que había aprendido a llevar sin la persona que más había amado en su vida. 

Pero, por fin, estaba bien. Ahora parecía que las cosas solo podían mejorar. 


domingo, 28 de enero de 2018

Se supone (Pensamiento #9)

─ Se supone que no debo hablar contigo.

─ ¿Por qué?

─ Le gustas a una de mis amigas y no quiere que ninguna otra chica hable contigo.



─ Eso será porque te ve como una amenaza, ¿no?

─ ¿Por qué iba ella a verme como una amenaza? Soy su amiga.


─ Eres más inteligente que yo, Ana. Seguro que eres capaz de encontrar la respuesta tú sola.

miércoles, 17 de enero de 2018

Too close for comfort

El camino era silencioso. Ninguno de los dos hablaba. Ninguno de los dos se miraba. Él iba contemplando el mundo pasar tras la ventana mientras ella estaba concentrada en la carretera.

Él cerraba los puños con fuerza mientras mantenía sus brazos cruzados sobre su pecho. Luchaba para no dejar que las lágrimas salieran, se manifestasen. Eso era de cobardes. Eso solo le haría ver que le importaba. Y no, no quería.

Pero le importaba, joder. ¡Le importaba más que nada! Y ella había decidido cerrar la puerta cuando él creía que iban a durar para siempre.

¿Por qué? ¿Por qué lo había decidido de esa manera? Quizás había sido las pequeñas peleas que habían tenido a lo largo de su relación. O quizás el hecho de que él no le preguntase más. Que se dedicase a mirarla cuando ella se encogía sobre sí misma y se abrazaba las rodillas, esperando que él no notase que estaba llorando.

Se veía tan frágil, tan débil que siempre había tenido miedo de tocarla por si se rompía en pedazos. Ella nunca le contaba lo que sentía en su corazón, en cómo se partía en dos, en diez, en mil pedazos. Él siempre había querido saberlo. Siempre había querido entrar en su mundo, entenderlo y apoyarla en todo lo que pudiese.

Pero ella había decidido que era hora de cortar  todo de raíz, de despedirse de ellos. Y él no podía hacer más que arrepentirse de todos los errores que había cometido; pensaba en cómo podía haberlo hecho mejor, en cómo podía haberla ayudado y, lo peor de todo, en que no debía de haberse rendido cuando ella le aseguró que era una adiós.

Ya era demasiado tarde.

Ella aparcó delante de su casa, echó el freno de mano y miró hacia otro lado. La de veces que habían conversado en ese coche, la de veces que se habían besado. La de veces que la había deseado y amado con toda su alma. La de veces que se habían sonreído con timidez y él se había marchado porque sabía que ya sobrepasaba el toque de queda.  

Él se quitó el cinturón. No quería. Lo único que deseaba era arreglarlo todo, besarla y que volvieran a sonreír como hacía tiempo que no hacían juntos. Ahí, ahí radicaba todo su problema. Ya no sabía cómo hacerla sonreír, ya no sabía cómo lograr que le doliera la barriga de tantas cosquillas.

─ Es mejor así, créeme─ le comentó ella sin mirarle.

─ ¿Mejor para quién?─ No lograba entenderlo, le había roto el corazón. Le había destrozado y ella aseguraba que viviría más feliz por separado.  

─ Para ti. Con el tiempo, lo entenderás.

Él suspiró. Era imposible hablar con ella cuando estaba en ese estado. Se negaría a responderle cualquier pregunta más. Había notado ese temblor en su voz que le revelaba que no iba a ser capaz de pronunciar más oraciones.

Aun así, ella era muy valiente. No lloraba, no dejaba ver que le dolía mucho, demasiado. Él siempre había querido aprender de ella. Quería haber descubierto cómo lograba no llorar delante de los demás. Quería haber aprendido a sonreír cuando su mundo se le echaba encima. Ahora jamás lo sabría.

Abrió la puerta del coche y se bajó de él. Era la última noche. Era las últimas palabras que cruzarían. ¿Qué le podría decir? ¿Qué sería lo correcto en aquel caso?

─ Te quiero─ Fueron unas palabras que salieron casi de improvisto. Casi sin esperárselo. Él mismo se sorprendió pero es que estaba tan acostumbrado a amarla que ya no sabía qué significarían esas palabras si no se lo decía a ella.

─ Yo no.

Se quedó unos segundos en shock. Intentando procesar sus últimas palabras. Cerró de un portazo y vio el coche marchar mientras se metía las manos en los bolsillos de su chaqueta. 


No estaba loco. Lo había visto. Lo había visto en sus ojos: mentía. 


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