¿Amor?

martes, 15 de enero de 2013

Camina muy deprisa por la ciudad. No lo entendía, ¿por qué le habían mandado aquel trabajo? Precisamente a él, el hombre más trabajador de la empresa, el más puntual, el más… todo. Quizás por eso, porque era prácticamente perfecto, a sus veinte años ya era un total experto en casi todas las ramas de la vida.

Pero aquello era intolerable, no debía de haberle dado ese trabajo. Solo con pensar que le faltaban unos  metros para salir a las afueras de la ciudad  lo ponía enfermo.
Por fin salió de la ciudad, miró a su alrededor y respiró aquello que llamaban “aire puro”, sus pulmones se llenaron con aquel aire limpio y virgen. Observó con determinación el paisaje. Los campos estaban cubiertos de verde a causa de las plantaciones de comida que luego serían transportadas a la ciudad, las nubes pasaban rápido mientras creaban diferentes formas, el cielo era de un azul intenso, nunca antes había visto ese color tan bonito. Sacudió la cabeza, no debía asombrarse ante aquel mundo extraño.  Comenzó a andar, odiaba que el transportador de su empresa estuviera roto y para colmo el suyo estaba en el taller dándole unos últimos retoques porque si él hubiera tenido su transportador no tendría que pasar por aquel horrible lugar. De pronto se escuchó un sonido que provenía del bolsillo derecho de su pantalón se detuvo en seco, metió la mano en el bolsillo, lo sacó y pulsó un botón.

-Hombre, ya estás en zonas inexploradas- un pequeño hombre había salido del aparato que el chico sujetaba en su mano- No pongas esa cara. Míralo de esta manera, es una experiencia más. ¡Ah! No tardes ¿vale? Tenemos mucho trabajo por aquí.

El chico miró a su jefe y esta vez trató de sacar una sonrisa. Su jefe lo miró con aprobación y tras despedirse de él la imagen desapareció. Desapareció al igual que su sonrisa. Siguió caminando, no había tiempo que perder, debía volver cuanto antes.

Ya llevaba medio camino recorrido cuando algo se movió entre los campos. Se paró y miró con curiosidad el sitio de donde creía que había salido el ruido. De entre los arbustos y las plantaciones salió algo que casi le hace caer del susto.

-¿Qué…Qué… eres?- preguntó el chico mirando a lo que había salido del arbusto.

-¿Cómo que qué soy? Me estás ofendiendo.

El chico miró de arriba a abajo aquello que tenía delante. Era como él, es decir, era de su misma especie pero no reconocía a ningún humano parecido a eso. Tenía un largo y brillante pelo de un color cobrizo, los ojos grandes y grises con largas pestañas, los labios finos y rojos. Luego se fijo en su cuerpo, tenía dos bultos que le sobresalían en su pecho y luego si seguías la vista hacia abajo tenía unas caderas anchas que hacía que su cuerpo tuviera curvas, una de sus piernas se asomaba ligeramente por aquella ropa que llevaba. El chico observaba a aquella cosa sin saber que decir.

-O sea que es verdad que no sabes lo que soy- el chico negó con la cabeza- ¡Soy una mujer!

“¿Una… mujer?” pensó el muchacho mientras pensaba en el diccionario tratando de buscar aquella palabra. La chica le miraba, sin decir nada y con una sonrisa en la cara, el chico volvió a posar su vista en ella y le pareció que no era algo tan malo incluso era hermoso.

-Increíble… Tu vienes de la ciudad ¿verdad?- no esperó a que respondiera y siguió hablando- Ya veo, te explicaré un poco para que comprendas ¿vale?

-Sí, estoy intrigado por saber exactamente que eres.

- Verás, hace muchos años en el mundo había mujeres y hombre y, en un principio, parecían llevarse bien aunque a la mujer no se le permitía hacer nada ya que se la consideraba inferior y solo servía para dar hijos. Pero un día cuando la mujer iba a tomar el mando de todo, el hombre decidió exterminarla para siempre, ya tenían la fórmula para crear nuevos humanos sin necesidad de los dos sexos así que eliminaron a todas ellas- la chica hizo una pausa y luego contesto a la pregunta que el joven aun no había formulado- Antes de que todas las mujeres fueran exterminadas, mi madre corrió con mi padre a un lugar donde no pudieran encontrarla y así fue como yo nací. Yo soy la última mujer que queda.

- Ya sé lo que eres. Eres la raza inferior, esa de que tanto he leído en los libros. Te describen como un ser horrible que se lleva el alma de los hombres. Pero a mí no me pareces tan horrible…- el chico la miró con cierta dulzura aunque él no sabía que es lo que estaba pasando por su cabeza… ni por su corazón-  Aunque es cierto que en los libros prohibidos hablan de un sentimiento extraño que no he conseguido ver en la ciudad. ¿Sabes algo de eso?

-¿Amor?- el chico abrió mucho los ojos, sí esa era la palabra- Amar a alguien  es el mejor sentimiento que puede haber. Te llena todo el pecho y sientes que si no ves a esa persona que amas morirás. Quieres pasar el resto de tu existencia con esa persona. Pero  si es persona te corresponde es aun mejor porque…

El muchacho escuchaba cada palabra que salía de su preciosa boca, era muy interesante aquel sentimiento y quería saber exactamente lo que se siente, porque según la chica: “no se sabe lo que es el amor hasta que te enamoras”.

-Oye- dijo él interrumpiéndola- Hablas muy bien del amor pero… ¿alguna vez te has enamorado?

La chica agachó la cabeza y negó. El muchacho se apartó un mechón que le dificultaba su visión y sonrió.

- Creo que el amor es algo que está prohibido en la ciudad. Ya que nunca he visto tal sentimiento o bien no lo conocen. Aunque quiero ver lo que se siente al amar… sentir mariposas en el estomago no me parece divertido…

La chica dejó de contemplar el suelo y se rió ante la ignorancia del muchacho. Entonces alargó la mano y cogió la del chico, ante el contacto el muchacho sintió una especie de electricidad recorriendo su espalda y sonrió. Ella se fue acercando poco a poco a él hasta que sus labios se tocaron, fue una sensación hermosa y a la vez extraña, todo aquello, de hecho, era extraño.  Pero por una vez en sus veinte años de vida, se dejó llevar. La muchacha se separó de él y le dedicó una mirada cálida, el chico sintió que se derretía.

-¿Sabes? Podemos descubrir este sentimiento los dos juntos.

Y sin nada que decir ya, unieron sus labios una vez más. Sí, los libros tenían razón esos seres se llevan el alma de los hombre. Él, su alma y su corazón ya pertenecían a ella.  

Una entre un millón.

miércoles, 9 de enero de 2013

Sus manos pasaban rápidamente por el piano mientras que las mías se posaban en el teclado del  ordenador. No podía evitar cerrar los ojos y escuchar solo su voz, su hermosa voz que recorría todo mi cuerpo haciendo que éste se estremeciera ante ella. Las chicas de aquel vídeo gritaban emocionadas de poder estar frente a él y seguro que tenían ganas de decirle algo. Yo tenía los ojos fijos en la página casi en blanco pero no miraba con atención las palabras escritas en él, mis cinco sentidos estaban concentrados en escuchar cada nota que salía de su boca. Como solo un chico puede hacer enloquecer a tantas chicas, si no fuera famoso seguro que pocas suspirarían por él.
De repente dejó de cantar y comenzó a hablar, aun tocando el piano, por lo que pude entender le daba las gracias a todos sus fans, sonreí, ¿debería sentirme alagada con aquel comentario?  Volví al internet para  contemplarle. Sus manos seguían en el piano, estaba en un concierto al aire libre, llevaba una camiseta negra pegada y unas gafas de sol cuadradas. Estaba tan embelesada que no me di cuenta que el video se iba a acabar. Busqué otro, esta vez era una entrevista, su cabello estaba (como siempre) revuelto pero aun así perfecto, llevaba puesta una camisa de manga larga azul  y unos pantalones  vaqueros, de la forma que a él tanto le gusta. Observé con atención la entrevista, por lo que pude ver era un chico tímido y gracioso, romántico y espontáneo.
Como me gustaría conocerle, como me gustaría que aquellos brazos fuertes me abrazaran, como me gustaría sentir sus labios sobre los míos… ¡Para!, pero ¿qué es lo que te pasa? Admítelo, nunca lo conocerás, nunca hablarás con él y por supuesto nunca se enamorará de ti… Pero ¿a quién se le prohíbe soñar? Y ¿hasta dónde está permitido soñar?
Lo vuelvo a mirar. Esta semana me voy de viaje… ¿y si él está allí? Escuché que iba a empezar una gira. Mi cabeza empezó a darle vueltas a aquel asunto. A lo mejor cuando este paseando por las calles de Chicago me lo encuentre huyendo de las fans locas, quizás nuestras miradas se crucen y haya algún tipo de flechazo entre nosotros. A lo mejor… solo a lo mejor…      
Busqué rápidamente las fechas y los sitios donde estaría de gira. En mis labios se formó una gran sonrisa, iba a ir a Chicago. “Tengo posibilidades” me dije a mí misma. Pero no había mirado la fecha, me disponía a mirarla y cuando la vi, aquella sonrisa se borró en menos de un segundo. No iría esa semana…

No es ninguna historia de amor, no será como esas otras historias donde una chica normal y corriente conoce a ese chico guapo y famoso.  Pero… ¿por qué no soñar? Soñar que existe una posibilidad  aunque sea una entre un millón.  

Sus lágrimas caían tímidas

Lloraba silenciosamente, sus lágrimas caían tímidas y con cuidado por si alguien llegaba a escuchar los pequeños sollozos que la mujer daba.
Estaba sentada en la cocina, el reloj marcaba las siete y ya era de noche. La mujer seguía con los zapatos del trabajo y trataba de terminar de leer el papel que sujetaba temblorosamente en sus manos. Solo iluminaba la habitación una pequeña vela. Escuchó el ruido de unas llaves y se secó las lágrimas que aun estaban en su cara-

-¡Ya he vuelto!-gritó un hombre desde el salón también iluminado por una vela.

Se escucharon pasos rápidos en el segundo piso y al segundo, dos niñas bajaron las escaleras.

-¡Papa!- dijo una niña de unos siete años de edad mientras daba un fuerte y sonoro beso en la mejilla de su padre.

-¡Mira lo que he dibujado! ¡Ves, este eres tu vestido de losa!- dijo una niña de unos cinco años sosteniendo un pequeño dibujo de su familia.

El padre sonrió al escuchar la palabra mal pronunciada de su hija pequeña. Miró a las escaleras, por ellas bajaba un chico mucho más mayor que sus hermanas.

-Hola papa- dijo con una media sonrisa en su cara, lo miró y enseguida le leyó el pensamiento a su padre- Mama está en la cocina.

-¿Por qué no te llevas a tus hermanas arriba y seguís jugando… a lo que sea que juguéis? – dijo el hombre mirando hacia la cocina.

Se dirigió hacia donde estaba su esposa. Lo estaba esperando de pie, se acercó a ella y la besó con suavidad en los labios.

-¿Qué tal ha ido el día, cariño?- dijo él dedicándole una cálida sonrisa.

-Bueno…- respondió ella dando un leve suspiro.

Su marido la miró, sabía que algo no andaba bien. Luego miró la vela que se consumía lentamente.

-Hay que comprar más velas-comentó al ver que la vela era bastante pequeña.

-¿Con qué dinero?- dijo ella tirándose a la silla.

-¿Qué ocurre? Algo no va bien hoy. Normalmente me recibes más alegres que los niños.

-Nada va bien últimamente.

-¿No me irás a dejar, verdad?- bromeó el hombre.

Ella negó con la cabeza y sonrió amargamente, le encantaba el humor de su marido pero en aquel momento no tenía ganas de bromear.

-¿Qué es lo que tienes en la mano?

La mujer le alargó el papel y él lo leyó a toda velocidad, después miró a su esposa preocupado.

-¿Nos van a desahuciar?

Ella asintió mientras la luz de la vela se consumía por completo dejándolos en una terrible oscuridad.

Dos amigos

martes, 8 de enero de 2013

Dos amigos sentados tranquilamente en un gran salón. No se escuchaba apenas ruido, ni siquiera conversaban, solo miraban como el fuego ardía en la chimenea. Hasta que el chico rubio habló.

-No lo entiendo, ¿qué es lo que ha pasado? Creí que todo estaba bien.

El chico moreno miró a su amigo con una extraña cara.                                                       

-Algo tuviste que hacer para que dejara de funcionar.

-¿El qué? Todas dicen que era y soy el novio perfecto.

-¿Eso dicen? Pues están en un tremendo error.

-¿Por qué? – dijo algo molesto.

-Puedes ser un perfecto novio para todas esas chicas pero no para ella.-el  chico rubio miró a su amigo sin comprender- ¿No lo entiendes verdad? La llenabas de regalos, la llevabas a sitios caros y todos los días le dedicabas piropos.

-¿Eso no es lo que las chicas quieren? Solo trataba de ser romántico.

-Ella no necesitaba eso, ella quería que la escucharas, que te sentaras con ella sin decir palabra, que no le criticases en todo lo que hacía, que la quisieras…

-Todos los días le decía que la quería pero ella nunca me lo dijo… Yo la quería y aun la quiero.

-No te la mereces, no sabes interpretar sus silencios, sus “eres idiota” con esa media sonrisa. No sabes lo que quiere decirte  cuando te mira de reojo sin mirarte directamente a los ojos, tampoco sabes porque reía cuando la besabas. ¿A caso la conociste alguna vez?

-Claro, ella es graciosa, inteligente, se lleva bien con la gente que la trata correctamente, a veces se margina sin motivo aparente y sobre todo es alegre, siempre está sonriendo.

-Tras esa sonrisa se esconde tristeza, tras esos ojos grises hay un montón de lágrimas deseosas por salir pero que siempre se retienen.

-¿Por qué sabes todo eso? Desde que estoy aquí os habéis hablado un par de veces.

-Hubo un tiempo en el que ella me hablaba todos los días… Éramos amigos pero aquella amistad duro poco tiempo porque yo la quería como algo más y ella parecía sentir lo mismo. La quería tanto… tanto  que dolía. Con el tiempo llegue a comprenderla y descubrí sus miedos, sus deseos y a ella, me enamoré aun más…

-Y si tanto la querías ¿Qué pasó para que os alejarais?

El chico moreno miró a su amigo con una sonrisa triste en los labios.

-Tú