Sus lágrimas caían tímidas

miércoles, 9 de enero de 2013

Lloraba silenciosamente, sus lágrimas caían tímidas y con cuidado por si alguien llegaba a escuchar los pequeños sollozos que la mujer daba.
Estaba sentada en la cocina, el reloj marcaba las siete y ya era de noche. La mujer seguía con los zapatos del trabajo y trataba de terminar de leer el papel que sujetaba temblorosamente en sus manos. Solo iluminaba la habitación una pequeña vela. Escuchó el ruido de unas llaves y se secó las lágrimas que aun estaban en su cara-

-¡Ya he vuelto!-gritó un hombre desde el salón también iluminado por una vela.

Se escucharon pasos rápidos en el segundo piso y al segundo, dos niñas bajaron las escaleras.

-¡Papa!- dijo una niña de unos siete años de edad mientras daba un fuerte y sonoro beso en la mejilla de su padre.

-¡Mira lo que he dibujado! ¡Ves, este eres tu vestido de losa!- dijo una niña de unos cinco años sosteniendo un pequeño dibujo de su familia.

El padre sonrió al escuchar la palabra mal pronunciada de su hija pequeña. Miró a las escaleras, por ellas bajaba un chico mucho más mayor que sus hermanas.

-Hola papa- dijo con una media sonrisa en su cara, lo miró y enseguida le leyó el pensamiento a su padre- Mama está en la cocina.

-¿Por qué no te llevas a tus hermanas arriba y seguís jugando… a lo que sea que juguéis? – dijo el hombre mirando hacia la cocina.

Se dirigió hacia donde estaba su esposa. Lo estaba esperando de pie, se acercó a ella y la besó con suavidad en los labios.

-¿Qué tal ha ido el día, cariño?- dijo él dedicándole una cálida sonrisa.

-Bueno…- respondió ella dando un leve suspiro.

Su marido la miró, sabía que algo no andaba bien. Luego miró la vela que se consumía lentamente.

-Hay que comprar más velas-comentó al ver que la vela era bastante pequeña.

-¿Con qué dinero?- dijo ella tirándose a la silla.

-¿Qué ocurre? Algo no va bien hoy. Normalmente me recibes más alegres que los niños.

-Nada va bien últimamente.

-¿No me irás a dejar, verdad?- bromeó el hombre.

Ella negó con la cabeza y sonrió amargamente, le encantaba el humor de su marido pero en aquel momento no tenía ganas de bromear.

-¿Qué es lo que tienes en la mano?

La mujer le alargó el papel y él lo leyó a toda velocidad, después miró a su esposa preocupado.

-¿Nos van a desahuciar?

Ella asintió mientras la luz de la vela se consumía por completo dejándolos en una terrible oscuridad.

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