Debía

viernes, 8 de febrero de 2013


Anna está sentada junto a la ventana y mira al exterior. No había nadie más en la habitación, estaba sentada al final de la clase con un libro entre sus manos. Miraba como los chicos jugaban a todo tipo de juegos, luego volvió la vista a su libro, sí… era interesante pero no podía concentrarse. Ella debía estar jugando con aquellos chicos, debía estar sentada con esas chicas que reían tontamente sobre cualquier comentario que hacían sobre el chico atractivo que jugaba al baloncesto sin camiseta. Lo conocía, su sonrisa, su mirada a veces divertida y otras serias. Su pelo negro, que caía suavemente sobre su cara y esa nariz que era fina y alargada y hacia que tuviera un perfil perfecto.

Todos estaban alrededor de él celebrando el triple que había marcado y que los convertían en campeones. Él sonrió a sus compañeros y luego miró hacia la ventana desde donde Anna estaba observando la escena. Ella se escondió para intentar que no la viera pero ya era demasiado tarde, sus ojos habían chocado con los suyos. El chico les dijo algo a sus compañeros y echó a andar hacia el interior del edificio. La chica alejó cualquier pensamiento extraño y continuó con su lectura. Solo había pasado unos minutos cuando la puerta se abrió y unos ojos azules miraban a Anna.

-¿Se puede?- dijo el chico con una sonrisa.

Anna le devolvió la sonrisa y asintió con la cabeza. Él entró, ya se había puesto una camiseta blanca de manga corta. Cogió una silla y la colocó con el respaldo mirando hacia Anna y se sentó.

-¿Qué tal va la lectura?

-Bien… ¿Qué haces aquí, Héctor? ¿Por qué no estás con tus amigos?- dijo sin más rodeos dedicándole una media sonrisa.

-No sé, me apetecía estar aquí. Y ¿dónde están tus… amigas? Por así decirlo.

-Abajo… espera ¿cómo que por así decirlo? Son mis amigas ¿no?

-No lo creo ¿acaso están aquí haciéndote compañía? ¿Te ayudan en algo? Para mí que eso no son amigas.

-Bueno, solo son compañeras… Ellas creen que soy un bicho raro… pero no ven la verdad.

-Yo sí, bueno, al menos lo intento, debe ser difícil y más sin amigos de verdad. Por eso estoy aquí.
Anna sonrió y lo observó con atención, quería descubrir si había algo oculto que hacía que estuviera allí, como una apuesta. Héctor le leyó el pensamiento.

-No, Anna. No pienses que estoy aquí por obligación o algo por el estilo. Solo que me apetece estar aquí contigo. Sabes… yo tampoco tengo amigos- Anna miró a los chicos que seguían jugando al baloncesto- Ninguno de ellos son mis amigos, solo están conmigo por conveniencia… Por eso quiero proponerte algo.

Anna lo miró con intriga y divertida, Héctor le sonreía apoyado sus manos en el respaldo de la silla.

-Quiero que seamos amigos. Así podemos contarnos nuestros problemas y saber que siempre tenemos a alguien en quien apoyarnos cuando nos caemos- Anna miró al suelo- Y bien… ¿qué dices?

-¿De verdad quieres ser mi amigo?

Héctor sonrió y asintió enérgicamente, entonces Anna supo que lo que decía, lo decía de verdad y en ese momento se sintió la persona más feliz del mundo.

-Está bien. Seamos amigos.

-¡Guay!- dijo Héctor levantándose de la silla- ¿Quieres que vayamos ya a música para evitarnos problemas en los pasillos?

Anna asintió y puso su mochila en sus piernas. Héctor se acercó a ella y empezó a empujar la silla de ruedas de Anna, y así entre risas y comentarios salieron hacia la clase de música. 

1 canciones:

Cynthia CS dijo...

:| Sin palabras. Es preciosa la entrada, parece el típico relato del chico popular y la marginada pero... tú no sabes hacer cosas típicas. Me ha encantao!!

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