No podía evitarlo

sábado, 30 de marzo de 2013

Era como la décima vez que giraba mi cara hacia él y él no lo había notado. La clase de historia estaba siendo realmente aburrida apenas estaba atendiendo. Yo, Julia la “empollona” de la clase, no estaba atendiendo a esa clase, ¿pero qué me pasaba?

-¡Alberto!- gritó la profesora desde la pizarra, aquello me sobresaltó- ¡Estoy harta de que estés todo el pu… día hablando- casi iba a decir una palabrota, entonces vi como empezaban los murmullos sobre lo que había estado a punto de decir- ¡Cámbiate inmediatamente de sitio! Ponte… No sé, detrás de Julia, sí a ver si se te pega algo de ella.

Alberto movió rápidamente hacia el sitio que había libre detrás de mí y luego posó sus ojos en mí. Un leve suspiro de resignación salió de sus labios, cogió su mochila y se puso a andar lentamente hacia el sitio que la profesora le había mandado.

-Y quiero que siempre ¿me has oído? SIEMPRE te sientes ahí. Se lo diré a los otros profesores para que los sepan. ¿Por dónde iba? Ah, sí. La Revolución Industrial.

La clase continuó pero esta vez sí que no me pude concentrar. Mi nuca ardía, sentía sus ojos clavados en mí, esos ojos que poco a poco iban haciendo un agujero en mi precioso cuello, no literalmente. No quería ni moverme porque sabía que estaría observando con atención, como si se tratase de una mosca que se queda dando vuelta por la clase, y cualquier movimiento en falso acabaría conmigo.

-Pss…Pss… Julia- susurró una voz detrás de mí- ¡Julia!

Me giré disimuladamente para que la profesora, que estaba en medio de una “pelea” política con un alumno, no me viera.

-¿Qué?- le susurré igual de bajo que él lo había hecho. Mi corazón latía a mil por hora o más ¿qué querría?

-¿Cuánto queda?- y se quedó mirándome con aquellos ojos que parecían de un gatito que pide por un plato de leche. Aquella pregunta me desilusionó y miré, desganada, la hora.

-Quedan…- pensé unos segundos- Media hora.

-Pufff… Qué coñazo ¿verdad?

Asentí enérgicamente, por una vez en mi vida me podía permitir desatender en clase.

-¡Alberto! Dejé a Julia en paz.

-Pero… Pero le estaba preguntando una cosa de los ejercicios que acaba de mandar.

La profesora se quedó atónita al igual que yo que no me había enterado que había mandado ejercicios.

-B…bien… Pues… ponte con ella…

Alberto se levantó alegremente y se puso en la mesa vacía de mi derecha.

-Por los pelos- volvió a susurrarme.

-Sí- dije yo aliviada.

-Oye ¿qué haces este viernes?- lo miré y de mis labios salió un leve “nada”- ¿Enserio? ¿Quieres salir conmigo? Van a abrir la heladería ¿qué dices?- me quedé unos segundos pensativa, obviamente sabía la respuesta.

-Está bien. ¿Van más amigos tuyos?

-Eh… bueno… esto… me refería a salir como… en una cita.

-¡Oh, está bien! ¿A qué hora?

Sonreí, no podía evitarlo, fuese o no fuese real estaba ocurriendo y no iba a desperdiciar una oportunidad así. 

3 canciones:

Amistad Secreto dijo...

OMG!
Me encantó! Escribes unos relatos preciosos y la verdad es que este me ha gustado mucho.
El amor entre el popular y la empollona jeje me gusta :D
Besitos :)

Gritando Sueños. dijo...

Que chulo! Me encantan tus relatos guapa! Veo que te subieron los seguidores, te lo mereces. Un besazo, y sigue así, que todo el mundo disfruta muchísimo con lo que escribes!!

Caami *,* dijo...

Escribes muy lindo, Lidia, este texto es muy ahldiwkd *-*. Aunque siento que el final es muy apresurado, yo me hubiese hecho de rogar :$ jeje.

Besitos❤!

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