Pesadilla

lunes, 8 de abril de 2013

La oscuridad ya había llegado e inundaba cada uno de los rincones de la casa, haciendo que ésta pareciera un auténtico escenario para una película de terror. La luz de la luna se introducía débilmente por la ventana de la habitación de princesas de la pequeña Diana,  iluminado un solo rincón.

 Diana, de tan solo seis años de edad, se levantó sobresaltada de su cama, una pesadilla había entrado sigilosamente en su sueño con el unicornio. Miró a la habitación y volvió a tumbarse en su linda cama rosa. Empezó a dar vueltas en ella como una loca, no podía dormir sabiendo que cualquier monstruo podría venir y hacerle cosas realmente horribles. Diana cerró rápidamente los ojos, si venía algún monstruo no quería verlo, no quería presenciar su llegada. 

 ¿Estará ahí, esperando a que abra los ojos para atacarla? Diana tenía mucho miedo pero muy lentamente empezó a abrir su ojo izquierdo y luego hizo lo mismo con el derecho. No había nada. Se incorporó en la cama y recorrió con la vista su habitación hasta llegar al rincón donde la luna daba débilmente. Allí estaba, sentada en una silla de madera pequeña, la muñeca de porcelana que su abuela le había regalado tiempo atrás antes de irse al cielo.

La muñeca estaba allí sentada con aquel pelo rubio recogido en dos trenzas, esos ojos verdes, pestañas largas y negras, labios y mejillas rojas y ese vestidito tan hortera que llevaba.  Y la muñeca la miraba, la miraba fijamente sin moverse ni un centímetro. Entonces, Diana vio algo que la horrorizó: la muñeca había movido sus labios y estaba sonriendo. Le sonreía, pero no de una forma agradable sino de una forma malvada que hacía que a Diana le entraran escalofríos por todo el cuerpo. ¿Lo había soñado o estaba pasando de verdad?   

La niña entrecerró un poco los ojos para ver si era cierto que la muñeca había movido sus labios. Pero no le hizo falta, ya que ésta empezó a pestañear fuertemente mientras daleaba un poco su cabeza de porcelana. Lentamente la muñeca levantó el brazo hacia Diana; ésta no perdió el tiempo y se levantó de la cama. Comenzó a correr por el pasillo sin mirar hacia atrás, sabía el camino de memoria y tras varios segundos de auténtico terror, llegó al cuarto de sus padres.  Allí estaría a salvo.

Miró a su padre que roncaba  y luego a su madre que no producía ningún ruido, pero su cuerpo se elevaba y bajaba poco a poco. Diana corrió y se metió entre las sábanas de sus padres. Ya estaba a salvo de cualquier mal.

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Cuando se tiene miedo, no es miedo a cerrar los ojos es miedo a abrirlos, por si lo abres y esa cosa horrorosa está allí delante de ti

4 canciones:

Gritando Sueños. dijo...

Aaah que miedo joo
Siempre me han dado mal rollo las mueñecas O.o
Buen texto guapa!

Caami *,* dijo...

¿Sabes? Me dio mucho miedo jajajaj ): es que cuando chica yo sí que tenía de esas pesadillas :c había semanas en que pasaba todas las noches acostada con mis padres jajajaj ): ahora entiendo por qué jamás tuve un hermano pequeño ;c jajajajajaj ¡no los dejaba solos!

Besitos, me gustó muchísimo :) de verdad que me dio escalofríos (y ya no quiero dormirme :c jaja y de verdad :3).

Amistad Secreto dijo...

Uff que mieditoo!
En mi cuarto de cuando era pequeña había muchísimas muñequitas de porcelana y una vez tuve una pesadilla y corrí hacia el cuarto de mis padres jajaja! Creo que todos los niños pequeños se sienten seguros si sus padres están
Besitos :)

Sherezade dijo...

Hola guapa!!

Qué imagen más tétrica la de la muñeca de porcelana, me pongo en el lugar de esa niña de 6 años y creo que haría lo mismo ¡Qué miedo! =P Sí que es cirto lo que dices, a veces estamos más seguros en la ignorancia aunque una parte de nosotros nos esté diciendo lo que hay, que abriendo los ojos y confirmando nuestras sospechas.

Muy buen relato! =)

Muchos besitos!! =D

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