La niebla

miércoles, 17 de abril de 2013

Se dirigió lo más rápido que pudo hasta la puerta que le daba la libertad de salir de aquella horrible casa. Nadie la detuvo, ella ya lo esperaba. Podía oír los gritos de terror de las chicas y tras unos segundos sus risas tontas a causa del miedo.

La puerta se cerró tras ella dejándola encerrada fuera. Ella miró al suelo y vio como de su boca salía su aliento congelado. De repente aquel jersey azul  que llevaba le pareció demasiado fino, y pasó sus manos por sus brazos para aliviar un poco el frío que sentía. Levantó la vista y ante ella se encontró con el jardín de la casa abandonada y, para su sorpresa, una niebla demasiado densa se extendía por todas partes.

A ella aquella niebla le pareció artificial, como si en aquel día de Halloween a alguien se le hubiese roto la máquina de humo que había comprado para adornar su jardín.

No sabía qué hacer, su casa estaba demasiado lejos para ir a pie, no poseía las llaves de aquel coche y aunque las poseyera no le serviría y su móvil no tenía cobertura en ese lugar tan apartado de todo lo habitable. Se quedó unos segundos apoyada en la puerta, escuchando como sus amigos jugaban a aquel juego infernal que a saber de dónde había salido, y tras eso decidió ponerse en marcha hasta llegar, con suerte, a alguna cafetería de esas para viajeros y allí poder llamar a su madre para que la llevara a su calentita casa.

Extendió su mano y comprobó que, con mucha dificultad, veía sus dedos a esa distancia. Salió corriendo del jardín y comenzó a caminar. No sabía si estaba en una carretera o en la acera pero visto que no pasaba ningún coche no le importo.

La luna le ayudaba a distinguir un poco el camino. No se sentía ya su cuerpo, andaba con bastante dificultad y sentía sus labios agrietados.

Un lobo aulló a la luna, quizás para llamar a sus compañeros o quizás para mostrar el ardiente amor que sentía por aquella esfera brillante que se mostraba todas las noches en el enorme cielo.
Aquel sonido la asustó y la obligó a ir más rápido. Le pareció que la niebla se volvía amarilla pero no le dio mucha importancia.
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-Venga, vámonos. ¿Dónde se habrá metido esta niña?

-No sé… Creo que se ha ido. Vamos a buscarla no se puede haber ido muy lejos.

Todos montaron en el coche de siete plazas y se dispusieron a buscar a su amiga. Cuando llevaban  un pequeño tramo de carretera, les pareció distinguir algo. Más tarde un golpe en el parabrisas acompañado por un grito y un sonido de caída en la parte de detrás… y el coche se detuvo en seco.

Todos bajaron de allí y encontraron lo que estaban buscando. Tirada en el suelo se encontraba ella, de la cabeza la salía pequeños hilos de sangre que ensuciaban el viejo asfalto.

Lo único que se podía escuchar aquella terrible noche era sus respiraciones agitadas y sus llantos y el aullido de un lobo que ya sonaba muy lejano. 

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