El aroma de la almohada

martes, 16 de julio de 2013

Hace ya un par de días que el aroma de un perfume masculino se inyecta en mi almohada. Cada mañana el mismo olor, meto la cabeza en la almohada y dejo que mis fosas nasales se llenen con esa fragancia hasta que no queda rastro de ella.


No conozco ese olor pero me agrada y me hace empezar bien el día de verano. Mi padre no usa ninguna colonia parecida a ese aroma  ni mucho menos mi hermano, tampoco duermo con nadie, en mi cama solo estoy yo y nada más que yo.


¿De dónde sale ese olor pues? Ese aroma que me deja extasiada por unos segundos, alejándome del mundo y haciéndome sentir la persona más feliz.

Esta mañana he despertado y allí estaba, el dulce olor. Estampo mi cara contra la almohada e inspiro hasta que mis pulmones se llenan de aire y son incapaces de seguir cogiendo más. Dejo la cabeza allí hasta que no puedo notar el olor.

Bajo corriendo para tomar el desayuno, mis tripas me lo piden. Me dirijo a la cocina y allí esta, como siempre, mi familia. Me acerco a cada uno y le doy un sonoro beso en la mejilla incluso a mi hermano mayor que se queda de piedra ante aquel gesto.

-¿Por qué tan contenta?- dice mi padre mientras mira las últimas noticias del futbol.
-Por nada en especial.

Mi madre me mira y sonríe al ver a su hija tan feliz. Termina de hacer el bocadillo y lo mete en la mochila de mi hermano. Luego me mira y su sonrisa se disminuye.

-¿Seguro que no quieres venir?

Yo asiento. Ellos van a casa de unos amigos a pasar dos días y yo no conozco a nadie y mi hermano se va a hacer camping así que toca estar sola en casa.

A las doce todos se van, mi hermano me revuelve el pelo y se despide de mi mientras se monta en su nuevo coche tratando de hacerle el menor daño posible al cerrar la puerta.

Cierro la puerta de la casa y miro al salón vacío mientras escucho la tranquilidad. Sonrío, esto será divertido, la primera vez que me quedo sola en casa.

Lo primero que hago es tirarme al sofá y coger mi libro favorito, comienzo a devorar sus páginas una a una, disfrutando de cada una de las palabras.

Por el rabo del ojo me parece ver una sombra y me giro con el corazón a mil por hora. No había nada, seguro que será mi imaginación.

Aunque es extraño, llevo unos días sintiendo que alguien me observa y me sigue mientras ando por las calles de mi pueblo. Aparto rápidamente esa idea de mi cabeza y vuelvo a concentrarme en mi libro.
El día ocurre normal pero nunca pensé que la noche pudiera dar tanto miedo.

Estoy tumbada en la cama con los ojos abiertos y la lámpara encendida, me da miedo apagarla, sé que si lo hago todas las bestias, fantasmas y cosas horribles se abalanzaran sobre mí sin ninguna consideración.
Al fin caigo rendida ante el sueño y mis ojos se cierran mientras mi mente me lleva a un mundo donde nada malo podría pasarme.

Otra vez, otra vez ese olor, hace que me despierte y abra los ojos. Aun es de noche así que espero unos segundos hasta que mis ojos se acostumbren a la oscuridad, la lámpara que había dejado encendida está ahora apagada y eso me resulta demasiado extraño.

Mi corazón comienza a ir más rápido cuando distingo una sombra entre la oscuridad, una silueta que parece ser una persona…

 Cierro los ojos y pienso: “es solo la ropa que puse el otro día en la silla” me repito esto muchas veces y tras concienciarme vuelvo a mirar y la silueta… ya no está. No hay rastro de ella, me asusto aun más y me incorporo para mirar la habitación.

La silueta se ha movido y ahora se encuentra apoyada contra el ropero, es una persona, puedo distinguir sus brazos que se pierden en la oscuridad de su pecho, deduzco que los tiene cruzados pero no me distraigo mucho en ello.

La silueta empieza a andar, pretende acercarse a mi cama, yo en un acto reflejo y con el corazón en un puño enciendo la luz. La cosa más estúpida que se podría hacer en esa situación pero al hacerlo me encuentro frente a frente con la silueta ahora llena de luz.

Era un chico, de mi edad, la melena negra como la noche le caía por los ojos verdes esmeralda  hasta llegarle a tapar su visión, su boca se torcía produciendo una mueca de curiosidad, sus brazos caían hacia el suelo cual catarata. Y su olor… era aquel olor que me perseguía desde hace días. El muchacho ladeaba la cabeza y me miraba desde una distancia prudente.

Llevaba puesto una camiseta de media manga gris y unos pantalones vaqueros que por algunos lados estaban rotos, por último unas converses reposaban en sus pies con los cordones algo sueltos.

Yo me pegué a la pared tratando de alejarme de aquel extraño que se había colado en mi casa. Cuanto más quería alejarme, más se acercaba. Se paró a pocos centímetros de mí y se quedó mirándome  como si fuera la cosa más extraña del mundo.

Sonríe y pasa mi mano por delante de mi cara, entonces todo se vuelve negro.

Hace ya un par de días que el aroma de un perfume masculino se inyecta en mi almohada. Cada mañana el mismo olor, no lo conozco, nadie en mi familia usa ese perfume pero aun así me hace empezar con buen pie las mañanas de  verano...

4 canciones:

Silvia Fever dijo...

Mmm, no soy muy buena en esto, pero supongo que lo del final a sido un sueño no? No sé...:)

María :) dijo...

Tenías razón, es extraño :S

Egnia dijo...

Pues esperas bien, por que me ha gustado mucho no, demasiadooo!!! jejeje Muchos MuakiSs.. xD

Egnia dijo...

PD: Cambiaste el diseñoooo me mola mucho este jeje y me di cuenta de que la imagen que susaste para la cabecera es de Victoria frances jejeje Las dos tenemos una ilustración de ella en la cabecera (a lo mejor ni sabes que ella la dibujó, pero yo te digo jajajaja) Muchos MuakiSs.. xD

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