Starssleepy

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El joven por fin tocó tierra, llevaba por lo menos ocho horas seguidas montado en su hermoso caballo negro y era hora de tomarse un descanso. La taberna que encontró en medio de aquel bosque por casualidad le sirvió de escusa para detenerse en su viaje.

Una pequeña cabaña, hecha con madera de los arboles que crecían por allí, se postraba a sus pies pidiendo al valiente joven que entrase por aquella puerta también de madera.  Así lo hizo y para su sorpresa lo que la cabaña le ofreció fue mejor de lo que esperaba. El lugar no estaba demasiado limpio pero tampoco era una auténtica pocilga.

El joven se acercó a la barra, curiosamente también de madera al igual que el suelo y las paredes, y pidió una bebida fuerte. No tardaron en servírsela y comenzó a beber.

-¡Eh, forastero!-gritó uno que estaba sentado en una bonita mesa hecha de… madera- ¡Venga aquí! ¡Debo hablar con usted!

El joven puso los ojos en blanco, cogió su jarra y se acercó a la mesa donde estaba sentado el hombre. Éste llevaba una barba descuidada y blanca, el pelo corto y la ropa algo sucia y rota.

-¿Qué queréis, buen hombre?

-No es de por aquí ¿verdad?- el joven negó con la cabeza mientras pegaba otro trago a su jarra- ¿De qué reino es?

-Vengo del Reino de Westend. Debo llevar un mensaje urgente al  Reino de Beginearth.

-¡Pare, pare! No necesito tanta información. Lo importante es que es un forastero. ¿Conoce el Reino de Starssleepy?- el joven negó con la cabeza- Debería. Allí reside la joven más hermosa que jamás osaréis ver.

-Lo siento, señor, pero no necesito ninguna doncella, bastante tengo ya con mi querida madre.

-Estoy más que seguro que si la veis, no os querréis despegar de ella.  Yo mismo la he visto y puedo asegurar que desde entonces no duermo tan bien como solía hacerlo, su imagen viene a mi cabeza todas las noches y no paro de soñar con esos lindos labios.

Con aquellas palabras, el buen hombre había llamado la atención de este valiente joven que había salido de su reino solo para hacer un simple recado.

El joven no tardó en preguntar sobre la doncella y el hombre no tardó en empezar una historia la mar de extraña.

-Verá, este reino debe su nombre a la historia que se esconde tras de él. Hace justamente hoy, cien años de que este reino quedó totalmente inactivo; la gente no trabajaba, los reyes no mandaban y las fiestas y la música se habían apagado. Según dicen,  la joven de la que os hablo es una princesa y cuando nació, nació con ella el odio de muchas otras doncellas ya que ellas no eran tan hermosas como la princesa. Entre estas doncellas celosas, una bruja malvada juró que cuando la joven cumpliese los dieciocho años la sometería a un profundo sueño, un sueño del cual no despertaría ni el reino entero.

››Los reyes trataron de protegerla, alejándola de la terrible verdad y obligando a que la joven viviese en esta misma cabaña con tres dulces ancianas. Pero la doncella no tardó en enamorarse de un hermoso príncipe que visitaba el reinado y, muerta de curiosidad, se acercó al palacio. Entonces, la bruja apareció en su camino, momentos antes de entrar ella a palacio, y engatusó a la hermosa joven diciendo que si se pinchaba su dedo con una rueca, el amor verdadero vencería y ella y el príncipe podrían vivir felices para siempre.

››Fue entonces cuando ella cayó presa del sueño al igual que todos los aldeanos. Y, desde entonces, todos los hombres que se han acercado a ese reino han contemplado a la hermosa joven y han tratado de despertarla con un beso de amor porque todos saben que los maleficios se rompen con la magia poderosa del amor, pero ya llevan durmiendo unos cien años.

-¿Cree que podré despertarla?- preguntó el joven cada vez con más curiosidad.

-Puede intentarlo.

-Pero, han pasado cien años ¿sigue igual de bella?

-El tiempo se detiene en el Reino de Starssleepy, señor. Puedo hacerle un mapa si lo desea, no está muy lejos de aquí y todos estaríamos agradecidos si alguien logra despertar a la princesa.

El joven se levantó de su asiento y corrió a coger su caballo, recordando las indicaciones que aquel buen hombre le había dado. Siguió recto por el bosque y cuando este se estaba haciendo cada vez más oscuro giró entonces a la izquierda, siguiendo un camino hecho de tierra negra.

Por fin pudo divisar el reino, parecía que el tiempo no había pasado para los edificios, así que el hombre tenía razón, los días se habían parado. En aquel cielo totalmente gris ni se divisaba la silueta del Sol ni se divisaba la hermosa luz de la Luna, así que el joven no supo si era de día o de noche.
Paseó por la silenciosa plaza y por los silenciosos callejones hasta llegar por fin a su destino, el castillo.

La joven se encuentra en los más alto del torreón de la derecha”  había dicho el hombre. El joven corrió por las escaleras de piedra y abrió todas las puertas que se interponían entre aquella princesa y él.
Al final, llegó a la habitación de la joven y pudo verla en su cama, tendida como si estuviese dormida, en realidad eso era lo que hacía.

La habitación estaba en penumbras pero no tardó en divisar otra sombra, una sombra que se movía.

-¿Quién anda ahí?- dijo mientras sacaba su espada del cinturón.

-Por favor, no será necesario que me apuntéis con esa cosa puntiaguda- dijo una voz chillona de mujer.

-¿¡Quién es!? ¡Nadie me habló de que cuando viniera a ver a la joven habría alguien esperando!

-Eso es porque nadie hasta ahora me había supuesto una amenaza, caballero. ¿Seréis vos tan valiente como para derrotar a una bruja?

El valiente joven lo entendió todo, si él suponía una amenaza para la bruja era porque él podía despertar a la joven.

No lo pensó más y comenzó a dar espadazos al aire rezando para que alguno le diera a la sombra pero por lo visto ninguno de sus punzantes estocadas le dio.

-Creéis que me podéis matar. Solo soy una sombra, señor.

El joven no entendió nada pero sus ojos ya se habían posado en el cuerpo de la bella damisela que reposaba tranquilamente en su cama. Aquel pelo dorado, como el más reluciente oro que él jamás había visto, sus labios rojos como la más apetitosa manzana y su piel blanca y seguramente suave como la nieve cuando cae levemente en primavera logró hipnotizarlo.

No escuchó a la sombra que trataba de detenerle, ni tampoco notó dolor cuando ésta lo hería con algún tipo de maleficio porque, sin siquiera él saberlo, se había creado el mejor escudo del mundo: el escudo del amor. Aquello que ni siquiera la magia negra podía romper.

El joven se fue acercando a los labios de la joven y los unió en un cálido beso. De repente toda la habitación se iluminó y la sombra de lo que una vez fue la bruja desapareció para siempre en un agudo grito que nadie pudo oír.

El valiente joven se separó un poco de la princesa y esperó a que esta abriera los ojos y, efectivamente, lo hizo. ¡Por fin pudo ver aquellos ojos color esmeralda! La princesa miró al apuesto joven y una sonrisa se dibujó en sus labios.

-¡Oh, William! ¡Sabía que la bruja no me engañaría!

El joven miró extrañado a la doncella que en aquel momento se lanzó a sus brazos y abrazó el cuerpo del joven con muchas ganas.

-¡Parece que he dormido cien años! ¡Pero yo tenía razón! ¡El amor vencería! Sabía que sentíais lo mismo que yo. Ahora iremos a hablar con mis queridas cuidadoras y organizaran una gran boda por todo lo alto que durará tres… no, seis días enteros.– la joven lo miró con ojos radiantes, él se decidió a hablar.

-Pero, princesa, yo no me llamo William.

3 canciones:

Ana Isabel dijo...

Wuuooooo!!!!!
me suena de haber leído algún texto parecido antes... pero bueno, me encantó de todos modos!!
el amor todo lo puede!!!! ^^

Un beso! ;)
http://myworldlai.blogspot.com.es/

Anónimo dijo...

Me encanto!! ;)

Amistad Secreto dijo...

Awww! Qué bonito!

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