Bella y La Bestia

sábado, 12 de octubre de 2013

La princesa estaba sentada en su sitio favorito de todo el palacio: la biblioteca. Un libro reposaba en sus manos y a su derecha podía contemplar las hermosas vistas del jardín interior del palacio. La puerta de la biblioteca se abrió y un hombre mayor entró dentro, sentándose al lado de la muchacha.

-Dime, Bella, ¿por qué no sales hoy a dar un paseo?

-¡No puedo, padre! Debo terminar este libro ¡es tan interesante!

-Llevas en la biblioteca casi dos días, saliendo solo para comer- el padre de Bella le arrebató el libro de sus manos- Como rey que soy, te ordeno que salgas a pasear.

-Está bien, pero iré al pueblo en busca de un nuevo libro que leer.

Bella salía ya por las puertas del palacio, se había cambiado su atuendo y ahora llevaba un vestido listo para salir; sin llamar la atención pero dando al puebla a entender que ella era de la nobleza. Se había puesto una capucha a juego con el vestido y así nadie reconocería a la princesa.
Por fin llegó a su librería favorita y abrió la puerta  la cual produjo un sonido indicando al dueño que había visita.

-¿Qué desea?- el librero reconoció a la princesa de inmediato, era su mejor clienta- Majestad ¿en qué puedo serviros hoy?

-¿Ha llegado algo nuevo? preguntó la joven con interés.

-No desde que vinisteis a preguntar. Pero puede ojear la variedad de libros que hay en este lado, quizás alguno le plazca.

Bella se acercó donde el librero señalaba y comenzó a mirar los libros. En aquel momento, el timbre de la puerta sonó y un joven, dos años mayor que Bella, entró, preguntó algo al librero que señaló la estantería de libros donde estaba Bella y el joven se colocó a su lado casi invadiendo el espacio personal de la muchacha., mirando el libro que ella había cogido.  Bella se incomodó pero trató de seguir la lectura.

-¡Por la corana del rey!- exclamó- ¡Esto es hermoso! Sin duda me lo llevaré.
El librero sonrió y le vendió el libro a la muchacha. El joven se había marchado, una pena porque Bella quería preguntarle por qué había invadido su espacio personal, pero le quitó importancia al asunto y salió de la tienda.

La plaza estaba extrañamente vacía, miró a su izquierda y luego a su derecha: nadie. De pronto, notó como alguien le tapaba la boca impidiendo que así el sonido de su grito se escuchara por todo el lugar, alguien le ató la boca, los ojos  y las manos a la espalda y  alguien la cogió cual saco de patatas y la puso en un carro. 
La princesa notaba el camino moviéndose bajo el carro, notaba también las irregularidades de este y sabía que se estaban moviendo, lejos del pueblo, hacia el sur.

Por fin el carro se paró y alguien la cogió igual que antes, ella no podía hacer nada de nada. Su secuestrador la condujo hasta un sitio donde había menos luz, pudo ver el cambio de luz a través de la tela, y notó como la ponía en el suelo. El secuestrador le quitó la venda de los ojos. Aquella habitación parecía un palacio totalmente arruinado. Bella posó sus ojos en su secuestrador. 

-¡Vos!- gritó Bella al ver al apuesto joven que había invadido su espacio en la tienda- ¿Qué hacéis? ¡Soltadme, soltadme ahora! ¡Lo ordeno!

-Vaya, ¿qué os creéis que sois? ¿Princesa? Estaos quieta si no queréis salir herida.

-¿Por qué me habéis secuestrado?- dijo tratando de soltarse de las cuerdas. El joven rió.

-¿Por qué si no? ¡Oro!- había un cierto tono de misterio en su voz- Por cierto, mi nombre es  Adam ¿y vos sois…?

 -Bella- dijo volviendo la cabeza, no sabía por qué pero los colores habían subido a sus mejillas- ¿Por qué me decís vuestro nombre? Os encarcelarán nada más que me encuentren.

-Eso si os encuentran.- la joven se quedó atónita, miró al joven con cara de sorpresa y sin saber qué decir. Adam rió ante la cara de Bella – Os contaré un secreto: en mi pueblo se me es conocido como la Bestia. 
Bella se sorprendió. La Bestia era un apodo para un ladrón que no hacía más que saquear casas ajenas y no dejar ni una pista por el camino, incluso una vez llegó a  asesinar a un tal Gaston, Bella recordaba las jaquecas de su padre al no encontrar a ese salvaje.  Y ahora lo tenía frente a frente. Le resultaba difícil de creer que aquel joven fuese un ladrón, un asesino, una… una ¡bestia! Adam la contempló un rato y luego se acercó a ella desatándola de las cuerdas de sus manos y sus pies.

-Podéis ser libre en esta habitación pero nada de salir a no ser que yo lo ordene.

Tras esto, y sin darle tiempo a responder, él salió- Ella se quedó sola allí y lo único que hizo fue dar pequeños sollozos. Un ruido había interrumpido su soledad. La habitación tenía dos puertas; una por la cual Adam había salido y otra blanca más pequeña de donde había salido el ruido.

-¿Se fue ya?- una voz sonó tras la puerta blanca, Bella no contestó- Creo que sí…- notó más de una voz que susurraba tras la puerta.

-¿Hola?- se atrevió a decir. Las voces cesaron- ¿Hay alguien ahí?

-…No, no hay nadie- dijo una voz con acento francés.
-Calla, tonto. Ya sabe que estamos aquí.

Bella abrió la puerta y ante ella había un hombre… ¡con velas en vez de mano! y a su lado había un señor ¡con reloj en vez de panza! Bella se quedó atónita ante aquella imagen, mientras los hombres salían de su escondite.

-¿Qué sois?-preguntó sin saber si había hecho bien en preguntar aquello.

-Pog favog, no somos “qué”, mejog  dicho “quién”. Me llamo Lumieg y este de aquí es Ding Dong. Enchanté madmoisella Bella.

-¿Qué os ha hecho la Bestia?

¿El amo?- preguntó Ding Dong señalando a la puerta- Nada, bueno, no a nosotros. Estamos así porque…

-Pog un embgujo. Vegá, el año pasado el amo tegminó su libgo, bastante bueno pog ciegto. Una tagde de lluvia, llegó una anciana pgeguntando pog cobijo, el amo aceptó encantado siempge y cuando no tocaga sus cosas.

-Pero descubrió a la anciana robando su libro- continuó Ding Dong- El amo empezó a chillar y a echar a la anciana de casa. Mala fortuna tuvo mi amo cuando descubrió que era una hechicera y estaba enfadada. Le dijo: “Solo yo soy la persona capaz de comprender la belleza de tus palabras. No me has dejado ayudarte, así que te maldeciré a ti y a tus criados." El cada vez se comportaría más como un animal y nosotros como objetos a no ser…

-¿A no ser?- preguntó cada vez más sorprendida y maravillada.

-Que alguien logre ver la belleza que se esconde en su libro y logre amar al amo por la que escribió y no por la Bestia en la que se está convirtiendo.

En aquel momento, Adam entró en la habitación obligando a callar a Ding Dong. El joven observó a sus dos y fieles sirvientes y luego a Bella. Estiró la mano y le ofreció un libro, Bella lo sostuvo y miró a la Bestia con temor y expectación.

-Léelo, si logras encontrar la belleza… romperás la maldición y si no, bueno, podrás volver a tu hogar.

Bella miró el libro, era el mismo que había comprado en la tienda aquel mismo día. Luego miró a Adam, estaba asustada porque su mirada no decía nada bueno y también intrigada por ver si la maldición se podía romper.

Bella aceptó y Adam y sus sirvientes se  marcharon de la habitación dejando a la joven sola para que pudiera deleitarse con las palabras del libro.

-¿Con que no le ibais a contar nada?

-No lo íbamos a hacer, señor, pero Lumier es un bocazas…

-¡Dijiste que podíamos contagselo!- ambos empezaron a gritarse el uno al otro pero Adam los calló con un grito más fuerte- Señog, cuide su instinto animal.

-Perdona- rió Adam- Pero solo quería agradecéroslo. Esa chica… tiene algo especial. Creo que romperá la maldición.

Bella leía poco a poco el libro, cada vez se iba deleitando más con sus palabras y todas las noches, en la cena, podía conversar con Adam lo que había leído en ese día.

El libro trataba sencillamente de la descripción del amor que sentía un joven hacia una noble que no sabía nada de su existencia pero el joven la veía todos los días en su trabajo: era ayudante de librero. La observaba, le vendía los libros y le enseñaba algunos nuevos para que se quedase un poco más.

Los días fueron pasando y las páginas del libro se iban acortando. Bella iba descubriendo cosas hermosas y cada vez se enamoraba más de las palabras que el autor había escrito con pluma y un tintero.  Cada vez le costaba más hablar con Adam era diferente, para ella, él había cambiado muchas cosas. Una tarde se encontraba ella leyendo el libro cuando Adam entró y se sentó en una butaca cerca de ella.

-¿Te resulta agradable la lectura?- preguntó tratando de ver por qué página del libro iba.

-Mucho. – dijo mientras trataba de evitar los ojos de la Bestia, seguro que se pondría colorada si lo hiciese- Ya me queda poco para acabar.

-¿Y qué dices? ¿Crees que serás capaz de romper la maldición?

Bella escuchó las palabras de Adam y rápidamente sus mejillas se tornaron rojas. Sabía la respuesta pero le daba miedo admitirla en voz alta. ¿Qué diría su padre si viese a su única hija, Bella, con aquel supuesto criminal? 

-¿Cómo sabré que lo he roto?- dijo tras haber pensado las palabras y haber tragado saliva.

-No sé, tú sabrás lo que sientes.- comentó Adam cada vez más cerca de su pelo, consiguiendo aspirar aquel dulce perfume.

Ella se giró y mantuvo la vista fija en sus ojos, él se dio el lujo de bañarse en el color claro de los de ella.

-Bella- dijo por fin tras un gran silencio- Te amo. El libro, las palabras, son para ti. Ese joven del libro, soy yo y esa joven que se describe tan detalladamente eres tú. No hay ni un solo día que no te haya esperado en la librería. Ni un solo minuto que no haya pensado en ti… Y cuando tuve la oportunidad de tenerte aquí, la aproveché al máximo.  Perdón por haberme comportado como una…

-¿Bestia?- dijo Bella con una sonrisa, él iba a volver a hablar pero ella le calló-Sé exactamente lo que siento. Este libro, es tan bello, me enamoré de tus palabras pero también de tus gestos mientras cenábamos y de tu sonrisa mitad humana y mitad bestia.  

 Él sonrió y decidió que era el momento más propio para acercar sus labios a los de ella, pero cuando estaba a punto de sellar su amor…

-¡Parad, Bestia! ¿Creéis que os libraréis de la maldición tan fácilmente?
Adam y Bella miraron a la mujer que estaba allí de pie enfrene de ambos. Era la hechicera que había puesto la maldición. La joven y atractiva hechicera se acercó a Adam y le sonrió malvadamente, luego posó los ojos en Bella.

-¿Vos os habéis enamorado de él?- rió con ganas- La princesa enamorada de la Bestia. Esto parece un cuento de hadas.  Mi maldición se rompería con una persona que os amara por la belleza de vuestras palabras y por persona me refería a mí, por supuesto.  Al no haber elegido bien a vuestra amada no tendré más remedio que volveros en una Bestia.

-¡No, no podéis hacer eso!- gritó Bella poniéndose delante de Adam.

-Puedo y lo haré.

Bella cerró los ojos, cuando volvió a abrirlos se encontraba tirada en el suelo de la habitación. La sala estaba totalmente cambiada, aquello parecía un auténtico palacio. Lumier y Ding Dong estaban allí pero ya no eran mitad objetos, eran humanos. No entendía nada de lo que había pasado pero buscó a Adam con la vista.  Creyó encontrarlo, una mirada triste la observaba desde el otro extremo de la habitación, definitivamente eran los ojos de Adam.

-¡Oh, por el rey! ¿Qué es lo que te ha pasado?

Bella corrió y se acercó al hermoso león que minutos antes había sido una persona. Abrazó al león y comenzó a llorar sobre su hermoso pelaje. El león soltó un leve rugido.

-Adam… ¡oh, Adam! ¿Qué te ha hecho esa bruja?-se secó alguna que otra lágrima- Te amo, Adam. ¡Te amo tanto!

Aquello ya no servía de nada, ya no recuperaría a su amado nunca más. Pero ella hizo una promesa aquel día: ella cuidaría de él por el resto de sus días. 

Nus vemus!

2 canciones:

Amistad Secreto dijo...

Awww! Me ha encantado!! Me alegro muchísimo de que hagas estos relatos, este me ha encantado de veras, aunque el final... ha sido un poco nostálgico, pero me encantan los finales tristes porque da un giro a la historia genial jeje
Besitos :)

Ana Isabel dijo...

JODER!!!! *.*
sin palabras me he quedado!!!!
es estupendo!!!!
es tan increible!!!!


Un beso! ;)
http://myworldlai.blogspot.com.es/

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