Raven, Raven.

jueves, 17 de octubre de 2013

Todos los cuentos empiezan igual, hagamos lo mismo con este. 

Erase que se era un niño que acababa de perder a su querida madre. Lloraba día y noche sin descanso por aquel gran amor que había perdido.

Su padre se vio obligado a casarse con una señora que no sentía ningún aprecio por el muchacho. Esta señora vino acompañada de dos gemelos muy feos, de la edad del chiquillo, que cuando podían no dudaban en hacerle la vida imposible.

Al cabo de los mese el padre murió de forma trágica. Y la señora tuvo que hacerse cargo del chico que lloraba continuamente por la muerte de su padre y ya de paso porque extrañaba a su madre.

Los años pasaron y el niño creció, convirtiéndose en un apuesto joven. Pero en su vida nada era perfecto. Sus hermanastros le habían colocado un mote y su madrastra se burlaba de él sin parar, mandándole a hacer las peores tareas de la casa y así ella se libraba de tener que pagar a una criada.

-Raven, Raven (cuervo en inglés). ¿Por qué no estás en el cementerio llorando como siempre?- dijo uno de los gemelos.

-No puede, porque limpiar la casa debe.- dijo el otro haciendo rimar la oración de su hermano.

Ambos se marcharon riendo mientras ensuciaban el suelo recién fregado. Raven (aunque ese no es su nombre real) se había ganado ese apodo por visitar de vez en cuando el cementerio para ver a sus padres. El pobre no podía ser más miserable, pero aun así era bueno con sus hermanastros y su madrastra.
Una tarde, mientras limpiaba las escaleras, oyó la voz de su madrastra que gritaba:

-¡Niños, niños gran noticia! ¡La princesa celebrará un baile para encontrar marido! Debemos ir, seguro que la princesa elegirá a uno de mis hijos.

Raven se sentó en las escaleras e imaginó un baile real, debía ser magnífico: la comida, la música, el ambiente, la princesa… No, no, eso no era para él. Su madrastra le pondría aquel día infinidad de tareas para que no pudiera ir al baile con ellos.

Así ocurrió, la madrastra y sus horribles hijos se marcharon temprano para hacer algunas compras y después dirigirse directamente al baile y el pobre Raven se quedó allí con las tareas de la casa.

-Psss- se oyó en el jardín trasero- Psss…

El muchacho se dirigió al lugar asustado, miró al lugar pero no vio nadie. Serían imaginaciones suyas, se giró y se dispuso a marcharse.

-Espera- alguien salió de entre los arbustos. Era un hombre algo mayor que él, de muy buen ver también- ¿Sabes quién soy?

-No, ¿quién sois?- preguntó Raven sin miedo.

-¡Soy tu padrino, Ado! Siento no haber podido venir antes pero estaba… ocupado.

Raven no se lo podía creer, se acordó de golpe de los paseos por el jardín con su padrino. Se abalanzó sobre él y lo abrazó, casi llorando de la alegría.

-¿No fuiste al baile? ¿Tan mala es tu madrastra?- Raven asintió con la cabeza- No importa. Quiero pedirte un favor. Sabrás que tu padrino es un ladrón ¿verdad?

-Lo sé, Ado. Papa nunca estuvo orgulloso de ti.

-Ya…En fin, necesito tu ayuda para entrar en el palacio esta misma noche y llevarme el secreto más preciado que guardan allí. ¿Me ayudarás?

-¡No, yo no quiero robar!

-Tú, tú no tienes que robar. Simplemente entrarás y distraerás a todo el mundo bailando con la princesa mientras yo me cuelo en el palacio y robo la joya más valiosa de todo el planeta ¿qué me dices?

-Tengo que limpiar la casa sino mi madrastra me matará.

-No hay problema. Unos amigos podrán hacer todas tus tareas, empezarán ahora si lo deseas.

Raven le pareció bonita la idea de bailar con la princesa así que aceptó encantado. Ado, le dijo que tendrían que estar fuera del castillo antes de medianoche. “¿Tendrás suficiente con eso?” le había preguntado su padrino, a él le pareció magnífico, eso era mucho tiempo.

Llegaron al palacio y Raven entró por la puerta principal mientras que su padrino se perdió entre los arboles del lugar. El palacio era enorme. “¿Cómo limpiaran todo esto?” se preguntó. Se disponía entrar en la sala de baile pero un hombre se lo impidió, el corazón se le aceleró y empezaron a temblarle las manos, seguro que lo habían pillado.

-¿Cómo quiere que le presente, señor?- le dijo un hombre bajito y canoso. Raven se tranquilozó.

-Soy Naver, el noble- se le ocurrió aquel nombre de pronto.

Por fin pudo entrar en la sala, todos bailaban menos la princesa que se veía radiante en su vestido azul pero su sonrisa resultaba un poco falsa. Raven o Naver se acercó a ella disimuladamente y le sonrió.

-¿Cómo es posible que la mujer más hermosa del lugar no esté bailando?- la princesa se sonrojó y le sonrió.

-No hay ningún hombre agradable por aquí, todos son iguales.

-¿Me permite demostrarle lo equivocada que está?- dijo mientras le ofrecía su mano, ella la aceptó encantada.

La princesa y Raven bailaron y bailaron y entre ellos dos algo nació, un extraño fuego hecho de belleza. El reloj del lugar dejó que su primera campanada se dejase oír por todo el lugar.

-¡Oh, no!- exclamó Raven- ¡Las doce!

-¿Qué ocurre?- preguntó la princesa observando la perfección de aquel apuesto joven.

-Debo marcharme. Nos veremos pronto, mi princesa- besó su mano y salió a paso rápido del lugar.

-¡NO!- exclamó la princesa- ¡Guardias, impedid que se vaya. Él es mi futuro esposo!

Al oír aquello Raven comenzó a correr hacia la salida, y mientras corría alguien se puso a su altura: era su padrino.

-¿Qué tal ha ido?- preguntó Raven.

-Bien, los guardias te siguen ¿lo sabes?

Raven afirmó y empezó a bajar los grandes escalones. Cuando iba por el duodécimo casi se cae al suelo por suerte su padrino le ayudó a tiempo pero Raven notó como perdía su zapato favorito. Cogieron los caballos, lo separaron de la carroza y se marcharon de allí como alma que lleva el diablo. La princesa vio como su futuro marido se fugaba mientras corría escaleras abajo.

-Mirad, princesa- dijo un guardia- Ha dejado un zapato.

-¡Oh, qué hermoso y qué pequeño! Esto no le entra a todo el mundo.
....

-¿Quién  sería ese Naver, el noble? Estuvo toda la noche bailando con mi princesa.- preguntó uno de los gemelos.

-¿TU princesa? Querrás decir Mi princesa.

-¡Parad! ¡Sois unos horribles hijos, no bailasteis ni una sola vez con ella! Pero aun nos queda una oportunidad, esta tarde la princesa vendrá a casa para que os probéis el zapato que ese tal Naver, el noble se dejó allí…

Raven escuchó aquello atentamente y sonrió para sus adentros. ¿De verdad que nadie se había fijado en que aquel “noble” era él? Esperó impaciente la tarde y por fin el timbre de la puerta sonó. La madrastra no dejó que Raven abriese, como solía hacer, esta vez abrió ella.

-Majestad- hizo una reverencia- Pasad, os debo presentar a mis hijos.

La princesa entró y Raven la observó desde  su escondite: la cocina. Los gemelos se probaron el zapato pero a ninguno le entró. La princesa estaba aburrida de escuchar como los hermanos se peleaban tratando de que el zapato entrara en su pie.

-¿No tiene a nadie más que sea varón?- la madrastra negó con tristeza- Entonces debo i…

-¡Ahijado, ahija…!- Ado entró corriendo por la puerta y se paró en seco al ver a la princesa- Majestad, que gusto veros por aquí.

-Ado, ¿qué hacéis?

-Vengo a ver a mi ahijado- la princesa señaló a los dos gemelos- No, mi ahijado no es tan feo.

-¿¡Reside aquí otro varón pues!?- Ado asintió- ¡Quiero verlo de inmediato!

Aprovechando la confusión Ado dejó algo en el bolsillo de la madrastra y luego se dirigió a la cocina en busca de Raven.

-¡Este es, majestad!

La princesa lo reconoció de inmediato y se lanzó a él dándole un fuerte abrazo. Después se separó de él y miró la casa.

-Vine para otro asunto. Ayer, robaron la joya más valiosa de todo el mundo. Mientras mi padre busca por las afueras del reino yo debo ir buscando casa por casa. Puesto que vos me habéis engañado- señaló a la madrastra- Es probable que robaseis la joya. ¡Registrarla!

A la madrastra se le calló el alma a los pies al ver la pequeña joya en su bolsillo. Los gemelos lloraban gritando que su madre no era la culpable, la madre se oponía, llorando también, a marcharse de su casa para ingresar en la cárcel. Ado reía de la situación y la princesa también parecía disfrutarla mientras se agarraba a la cintura de su amado.

Pero Raven se había quedado paralizado mirando aquella horrible escena y sintiéndose mal, muy mal. Se acercó a los guardias y pidió que soltaran a la madrastra.

-¡Basta! Ella no fue- dijo mirando a la princesa- Yo robé la joya.

La princesa casi se desmaya. Aun así, los guardias le arrestaron y se lo llevaron a palacio para que fuese juzgado.

Raven esperaba la peor sentencia del mundo: la muerte. Pero de la boca del juez, que resultó ser el rey, no salió nada de eso si no un simple: “Te condeno a casarte con la princesa

Raven se equivocó, el peor castigo no era la muerte, el peor castigo era casarse con la princesa. Ella era presumida, cotilla, molesta… y podríamos decir más adjetivos y juro por el rey que ninguno es bueno.
Así que, Raven con el paso del tiempo, dejó a la princesa y volvió con su madrastra que lo recibió con los brazos abiertos dándole las gracias por haberla salvado y con sus hermanastros llorando de alegría y gritando una y otra vez: Henry.

2 canciones:

Arya dijo...

Hola! (✿◠‿◠)
Soy Arya del blog El Rincón de Arya
http://elrincondearya.blogspot.com.es/
Me encantó la historia!!! es muy divertida. Al principio pensé que era una especie de Ceniciento xD pero cambiastes el final y me pareció un final muy bonito =)
Me gusta mucho tu blog, te sigo!
Besos.

Lidia dijo...

Esa era la idea jijiji. Estoy haciendo los cuentos a mi manera así que era esa mi intenció. Me pasaré ahora por tu blog y BIENVENIDA! Espero que lo pases bien por aquí
Besoos!!^^

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