Pensamiento #1

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Y el año pasó. 
Y todas sus esperanzas volaron con él.

A little bit longer

domingo, 28 de diciembre de 2014

Seguía existiendo algo que le faltaba, algo que no tenía o algo que le sobraba. Sabía que la felicidad no se podía conseguir así de fácil.

¿Por qué era todo tan complicado? ¿Por qué se tenía que exigir tanto? Nunca era lo suficientemente buena. Nunca daba la talla. Pensaba que no se merecía lo que tenía.

Se preocupaba por los demás antes que por su bienestar y siempre creía que era egoísta por obligar a las personas a estar a su lado. ¿Y si no hacía feliz a sus seres queridos?

No podía parar de echarse en cara las cosas que hacía y las que no: "¿Por qué no has dicho esto en vez de aquello?" "¿Por qué has hecho semejante tontería? Deberías haber hecho lo que cualquier persona en tu misma situación hubiese hecho"

Ni siquiera estaba feliz consigo misma, ¿cómo lo iba a estar con los demás?

Los meses pasaron

viernes, 12 de diciembre de 2014

Y diciembre llegó. Tan triste, tan frío y solitario pero a la vez lleno de recuerdos cálidos que hacía acordarse de tiempos pasados... Épocas felices en donde no había preocupaciones algunas, donde las risas inundaban los pasillos, los villancicos adornaban las calles, el olor de los dulces impregnaban las fosas nasales. 

La nieve caía y los niños jugaban sin ningún miedo en las calles. Los adultos se comportaban como auténticos críos y las castañas se asaban a fuego lento. La tienda de chocolate de la esquina era la auténtica atracción  en aquellas fechas. La gente se pegaba al escaparate y observaban cómo el chocolate fundido caía desde una fuente de metal. La boca se hacía agua.

Ella se paró enfrente de aquella tienda; con aquel color marrón y aquellas letras en grande que indicaban que no era un sueño y que lo que había dentro era real. Sonrió al ver cómo un niño recibía su caja de bombones y saltaba de un lado a otro, deseando llegar a casa para poder saborear aquel dulce manjar.

─¿Quieres?─ su voz la sobresaltó, sabía que estaba con ella pero no había pensado que hablase mientras ella soñaba con poner su boca bajo la fuente─Venga, pide y yo te lo compro. 

─N-no─ ella siempre tan tímida, la hacía sonreír. Habían pasado meses juntos y aun se sonrojaba al notar la presencia del chico cerca─Solo estaba mirando... 

─Venga, no seas tonta. Entremos y te compraré lo que más te apetezca─dijo con una sonrisa de oreja a oreja y arrastrando a la chica para que entrase en la tienda junto a él. 

La dependienta los recibió con una sonrisa. Siempre era agradable ver gente entrando a su pequeño local y encima después de hacerse tan famoso. Esta vez era una pareja de enamorados, recién emparejados supuso. 

─¿Chocolate blanco?─ella negó, con la cabeza gacha casi como una niña asustada─¿Chocolate con leche? 

Si no llega a ser por el chico, la dependienta no hubiese sabido que ella había asentido con la cabeza. Les mostró los diferentes tipos de bombones que tenía y dejó que ellos eligiesen. El cliente siempre tenía la razón y había que dedicarle un tiempo especial y más en aquellas fechas. 

─Venga, come─dijo después de que saliesen de la tienda─. No he comprado esa caja de bombones en vano. 

─Es que no quiero comer. Es demasiado perfecta para estropearla. Es sumamente bonita y no quiero tirarla después a la basura. 

Él rió. No cabía ninguna duda, era única, sumamente única. La quería, la amaba, la necesitaba. No recordaba cómo era su vida antes de que ella entrase en ella. Ni quería recordarlo. Simplemente era una de esas cosas que aparecían de la nada y revolvían tu vida entera. 

─Te quiero. 

Sabía que nunca se lo había dicho. Era consciente de que posiblemente ella se asustara, quizás no le respondiese pero valía la pena arriesgarse. Debía saberlo, lo había estado guardando durante meses y ya no podía acallarlo más. Ese sería el primero de muchos te quieros...

Era increíble que aquello le sonase tan cercano. Parecía que habían pasado días. El intenso dolor aun ocupaba su corazón. ¿Qué había hecho mal? ¿No era lo suficientemente bueno para ella? Creía que todo iba perfecto y sin embargo, todo era un desastre... 

Y diciembre volvía para atormentarle. Con sus risas en el aire, sus mantecados y sus villancicos. Pero sobre todo, lograba que volviese la imagen de ella. Ella bajo la nieve. Ella con sus mejillas sonrojadas debido a algo que posiblemente él hubiese dicho. Ella y su risa, tan angelical, tan perfecta. Ella y solo ella. ¿Por qué tuvo que desaparecer justo cuando acababa diciembre? 
I love it so much *-*

A mi manera ~ La bailarina y mi ventana (Parte 5)

lunes, 1 de diciembre de 2014

El olor a humo y el ruido de una alarma logró despertarnos. Seguíamos en la sala de baile. La joven se incorporó,  miró hacia la puerta y gritó asustada. Me ayudó a levantarme e intentamos pensar en posibles salidas. Fue en ese instante cuando vi el papel pegado en la ventana, me acerqué y lo intenté leer en la oscuridad.

Esto es por meteros con el pez que no debíais” ese estúpido pez gordo… Solo quería mi muerte porque yo sabía cosas que lo podrían meter entre rejas pero ¿por qué quería acabar también con su hija? No había tiempo para pensar en aquello.

Intentamos escapar pero las llamas ya subían por las escaleras. Solo quedaba una única salida pero era bastante peligroso. Nos acercamos hasta el ascensor y negué con la cabeza. Demasiado para intentarlo siquiera. Tosí varias veces y me apoyé en la pared para no perder el equilibrio. No había salvación para mí pero ella aun tenía una oportunidad.

-¡Corre, sálvate!-grité tapándome la boca para que el humo no entrase por mi garganta.

-No. No te pienso dejar aquí solo. O nos salvamos los dos o morimos juntos. 


Ella tenía valor. Me emocioné al oír sus palabras y le correspondí al abrazo que me dio. Había decidido, ella había decidido y no podía cambiar de opinión. Intenté persuadirla, convencerla de que me dejase allí de que se salvase. Aun tenía mucha vida por delante y podía vivirla feliz pero ella aseguraba que no sería feliz ahora que me había conocido y que la mataría el hecho de volver a sentirme cerca.

Las llamas se acercaban cada vez más y nos rodeaban, asfixiándonos, dejándonos sin una pizca de aire limpio que poder respirar.

Antes de quedarse dormida sobre mi pecho, me enseñó un colgante en forma de estrella que le había regalado su tío antes de partir de la guerra. Se lo quitó y me lo entregó. Según pude oír, deseaba que lo guardase yo, que me lo llevase al sitio al que nos dirigíamos para poder encontrarla en la otra vida.

-Te amo, mi hermosa bailarina. Jamás lo olvides- dije besando su cabeza siendo consciente de que ya se había ido para siempre. Esperé allí, rodeado de llamas a que el dulce sueño también me llevase consigo y me reuniese con mi querida Amira.


La academia de baile había quedado destruida. El fuego había arrasado con todo a su paso. Los bomberos habían tardado demasiado en llegar y no pudieron salvar a las dos personas que se hallaban dentro. Aunque ignoraban que hubiese alguien en la academia.

 Fue una de las bomberas quien los encontró. Dos cuerpos totalmente calcinados e irreconocibles se encontraban abrazados. Algo llamó su atención y la extrañó enormemente. Un colgante de plata con forma de estrella colgaba sobre el cuello de uno de los cuerpos. Estaba totalmente intacto y brillaba de una forma poco usual.


La noticia corrió por toda la ciudad y no tardaron en crearse leyendas sobre lo ocurrido. ¨Los amantes de los ángeles¨, los habían llamado.  Nadie hablaba de quién había podido empezar el incendio pero no paraban de comentaban el extraño collar que había sobrevivido a tal prueba. Una prueba de amor puro que no había sucumbido a la tentación de los infiernos. 

A mi manera ~ La bailarina y mi ventana (Parte 4)

domingo, 30 de noviembre de 2014

Ella me miraba. Era consciente de ello. Me miraba y no podía apartar sus ojos de ahí, de ese enorme hueco que tenía como pierna. Estaba avergonzado. Desde la guerra todas las mujeres me habían escudriñado de aquella manera pero esta vez había algo diferente en su mirada.

-¿Estuviste con mi tío en la guerra?- asentí lentamente.- ¿Le viste…m-morir?

-Amira- dije acercándome a ella, acariciando sus suaves hombros- No hablemos de eso ahora.

-¿Cómo te hiciste eso?- preguntó, ignorando mi petición y señalando lo que en un pasado había sido mi pierna izquierda.

-La guerra. Me la cortaron… Las enfermeras hicieron un buen trabajo- me limité a contestar aquellas pequeñas frases.

Ella sonrió tristemente. Siempre había odiado esa mirada pero la suya me derretía por dentro. Un ángel sentía pena por mí, se lamentaba de lo que me había pasado y de que me hubiesen enviado a una guerra de la que no debería haber sido partícipe.    

Mi visa bajó desde sus ojos hasta sus labios. Parecían tan jugosos, tan suaves, tan apetecibles… Deseaba rozarlos con mis propios labios, quería absorber su aroma, quería dejarla, y quedarme, sin aliento. Pareció que ella leyó mis pensamientos ya que se puso de puntillas, como solo una bailarina sabe hacerlo, y tocó mis labios unos segundos. Se iba a separar pero yo se lo impedí, no podía dejarme probar la miel y quitármela sin saborearla de verdad. Rodeé su fina cintura con mis brazos y la pegué todo lo posible a mí. Mi cuerpo tembló al saberla bajo mi control. Tener a una mujer tan cerca jamás me había excitado tanto.

Ella no lo pensó dos veces y se deshizo de mi camiseta, la cual se perdió en alguna parte de la oscura sala. Sin miedo alguno, tocó todas y cada una de mis cicatrices de guerras. La dejé hacer, nunca se habían interesado de esa manera, siempre se habían alejado al ver mi no-pierna pero ella, como era de esperar, era diferente.

Siguió con las caricias y yo la imité, retirando con cuidado su maya y dejándola en ropa interior. Me sentí de nuevo avergonzado. Su cuerpo era perfecto, una escultura acabada y preciosa mientras que el mío tenía más de una imperfección. Todo en mí era desagradable pero ella parecía no verlo, me observaba como si fuese una auténtica obra de arte.

Me tumbó con mucho cuidado sobre el frío suelo. Lo cierto era que sin mi bastón no hubiese aguantado mucho más de pie. Se sentí encima de mí y volvió a besarme como solo ella lo sabía hacer. Me retiró el pantalón y se quedó contemplando mi pierna izquierda, incluso se atrevió a tocarla sin ningún temor. Suspiré  y cerré los ojos, si ella no era el amor de mi vida, no quería vivir en este mundo…

Nos olvidamos de todo y de todos. Nos entregamos a nosotros, a nuestros sentimientos que aun no habían sido dichos en voz alta. La sala de baile se impregnó de nuestro absurdo y maravilloso amor, el silencio solo era roto por nuestros suspiros y la noche nos acompañaba ofreciéndonos, en ocasiones, su mejor melodía.

Volví mi vista hacia ella y me sonrió. Sin duda, era la mejor noche de mi larga y dolorosa vida. Estaba en paz con el mundo y, por una vez, el mundo estaba en paz conmigo.

-Era amigo de tu tío, ¿sabes?- le susurré, sabía que no era el momento idóneo pero necesitaba saberlo- Me había hablado tanto de ti que me parecías demasiado perfecta para ser real. Éramos veinticinco en aquel ejército nuevo que mandaron para nada y todos hablamos de lo que dejábamos atrás…

Ahora todo encajaba en mi mente. Había estado planeado desde un principio . Si no hubiese ido a la guerra, si no hubiese conocido a su tía… hubiera tenido mi pierna y un montón de mujeres que no me satisficieran pero no la tendría a ella y aquello era mil veces mejor que recuperar la parte de mi cuerpo que me faltaba.

-Veintitrés soldados volvieron sanos y salvos a casa. Uno jamás volvió y el otro… volvió solo a medias.

-Eres perfecto tal y como eres. Acéptalo ya- susurró recostándose sobre mi pecho.

A mi manera ~ La bailarina y mi ventana (Parte 3)

sábado, 29 de noviembre de 2014

Llegaba puntual, como siempre, aun así subió las escaleras a paso ligero. Tenía que verle, la clase le daba igual. En un principio, lo que la animaba a ir a ballet era esa sensación de alegría, el dolor se iba y se sentía una joven feliz por unos segundos. Pero ahora lo que la impulsaba a bailar era que él estuviese allí, mirándola. Bailaba para él, desnudaba su corazón y se lo entregaba durante el tiempo que bailaba. Desde el primer momento que le vio en la ventana, contemplando el mundo que él tenía bajo sus pies, supo que sería alguien importante en su vida.


Cuando pisó la clase, su sonrisa desapareció de su rostro. Él no estaba allí, solo había un papel pegado a la ventana. “Cierra los ojos y baila, porque bailar lo arregla todo (incluso mi ausencia)” Sonrió al leerlo, al parecer hoy no podría estar con ella pero bailaría como si la  observara y esperaba poder llegar hasta donde él estuviera  y hacerle sentir lo que ella sentía.


La clase terminó, se le hizo sumamente eterna. Volvió a mirar la ventana, seguía sin aparecer… Suspiró y bajó las escaleras hasta llegar a la parada de autobús. Solo quedaban unos minutos para que el transporte llegase cuando un coche negro paró frente a ella. La ventanilla del conductor se bajó y ella pudo reconocer a uno de los trabajadores de su padre. Era extraño que la fuesen a recoger. “Él te espera” con él se refería a su padre y con espera se refería a que era mejor que se diese prisa o la castigaría de una forma horrible.

Se montó en el coche y cruzó sus brazos. No deseaba verle. Odiaba a ese hombre que le hacía llamar “padre”. Tras varios minutos, el coche se paró. Estaba justo en el edificio donde pasaba su padre las horas, porque ella sabía perfectamente que poco hacía en su trabajo…

Entró y preguntó por él. “En el sótano tres. Te espera.” Puso los ojos en blanco y se dirigió hacia el ascensor. Pulsó el botón hasta que las puertas se abrieron. La música que sonaba de fondo en aquel pequeño habitáculo, que bajaba produciéndole un leve mareo, estaba totalmente pasada de moda, una melodía que había sido olvidada años atrás.

-Por fin, Amira. Corre, ven. Tengo algo que enseñarte.- la joven siguió a su padre sin pronunciar ni una palabra y sin cambiar su expresión que mataría a cualquiera si pudiese- ¿Te acuerdas de aquellos veinticinco soldados que envié a la guerra?

¿Cómo no acordarse? Uno de ellos era su tío, el ser que ella más adoraba en ese planeta y al que le hubiese gustado llamar papá. Ahora, por culpa de ese canalla, estaba muerto, enterrado bajo tierra y sin posibilidad alguna de volver a hablar con ella.

-Encontré al responsable de su muerte. Mira- se detuvo ante una puerta de metal que tenía una pequeña ranura para poder observar el interior- Ahí está. Pagará por lo que hizo, mi niña.

Amira casi vomita al oír aquellas palabras. El único culpable era él… Él había mandado a esos soldados a la guerra cuando no eran necesarios, veinticinco soldados que habían sufrido para nada… Se asomó para ver al pobre que había sido torturado por su padre. Sus ojos se abrieron al ver de quién se trataba, en su garganta apareció un grito que fue lanzado casi de inmediato, sus ojos se empañaron de lágrimas. Era… era ¡Adolphe!

Comenzó a gritarle que le soltase. Preguntó una y otra vez qué le había hecho. Aporreó la puerta, gritó su nombre y amenazó a su padre. Él no hizo caso, solo repetía que se lo merecía y que si ella no se callaba acabaría junto a él. Amira no se rindió y, con todas sus fuerzas, forcejeó con su padre para conseguir la llave que liberaría a Adolphe de su cárcel.

-¿Tanto te importa ese tipo, ese capullo que mató a tu tío?

-El único que mató a mi tío fuiste tú. ¡Libérale de inmediato!

-Estás contra mí. Mi hija en mi contra…-por fin pareció comprenderlo. Permaneció unos segundos en silencio, como si pensase en algún plan malévolo- Bien, te doy dos minutos para sacarlo de aquí. Después daré la alarma y os buscarán.

El hombre le ofreció la llave y ella la cogió al vuelo, sin perder tiempo alguno. Abrió la puerta y se acercó hacia él. Le dedicó palabras de dulzura, de tranquilidad. Pasó la mano de él por sus hombros y lo carreó mientras él cojeaba hacia el ascensor.

-Por favor, ve más rápido.

-No puedo correr más, bailarina.

Ella tiró de él mientras se aproximaban a la salida. Entonces, oyó cómo le comunicaban a uno de los guardas la voz de alarma. Maldijo para sí y divisó uno de los coches que había en la salida. Era una auténtica locura pero serviría. Adolphe parecía haber entendido su idea ya que se acercó hasta el coche y sacó al hombre que había dentro de un solo empujón. Amira se adelantó a su siguiente movimiento y se sentó en el asiento del piloto.

-Deja que yo conduzca. Tu no… no puedes.

-¡Joder, Amira!- gritó mientras daba la vuelta al coche y cerraba la puerta justo en el momento en el que una mano intentaba apresarle- ¿Tienes carnet?

-Acabo de cumplir los dieciocho ¡claro que no lo tengo!- dijo arrancando el coche y alejándose de aquel lugar que tanta angustias le había traído.

A pesar de lo asustado que iba por la manera de conducir de la joven, solo podía pensar en los años que los separaban. Dieciocho… si las cuentas no le salían mal solo eran doce años. Aquello lo tranquilizó un poco, había llegado a pensar que ella tenía quince,

Aparcaron casi enfrente de la academia de baile y subieron las escaleras hasta la clase en la que ella ensayaba. Allí se quedaron, recuperando el aliento y ordenándole a sus corazones que rebajasen el ritmo de sus latidos.

A mi manera ~ La bailarina y mi ventana (Parte 2)

viernes, 28 de noviembre de 2014

Desperté cubierto en sudor. De nuevo las pesadillas invadían mi apacible sueño. Lo ocurrido en esos horribles meses me atormentaba una y otra vez hasta hacer de mi existencia algo insufrible.  Pero parecía que una pequeña cosa había cambiado, antes de despertarme donde solía acabar la maldita pesadilla, la había visto bailando en ese escenario oscuro en los que siempre nos sumergíamos cuando nuestras miradas se chocaban, al menos eso era lo que me ocurría.

Ya hacía por lo menos una semana que la observaba. Venía a las cinco, en la línea 3. Subía corriendo los escalones de la academia y aparecía en su clase con las mejillas sonrojadas por la carrera. Soltaba su mochila, me miraba, sonreía y comenzaban los calentamientos. Después, cuando la hora pasaba (¡y qué rápido acababa!), ella pedía permiso a la profesora y se quedaba un rato más y bailaba para mí. Solo para
mí. Era consciente de que yo la observaba embobado pero era demasiado inteligente y se hacía la tonta, como si no supiese de mi existencia.  Cuando daban las seis y media, recogía sus cosas, echaba una última ojeada hacia mi despacho y se marchaba a la parada del autobús, esperando que apareciese pronto.

Pero aquel día, justo cuando mis pesadillas cambiaban, algo en nuestra rutina diaria también cambió. Después de la clase, ella esperó a que todos se marchasen y, cuando estuvo completamente sola, se sentó frente al gran ventanal. Mi respiración empezó a ser irregular y mi corazón palpitaba a toda velocidad.

Sacó de su mochila una libreta, escribió algo y la pegó a la ventana. Pude leer perfectamente lo que en ella ponía “¿Disfrutas del ballet?”. Una sonrisa surcó mi rostro, ¿qué si disfrutaba…? Era mejor escribírselo, me acerqué hasta mi escritorio y busqué papeles, cualquiera me serviría.

Solo si eres tú la que baila” lo pegué contra el cristal y pude ver como su rostro se iluminaba por una milésima de segundo.

Me llamo Amira, ¿y tú?” pestañeé un par de veces y volví a leer la página hasta que reaccioné.  ¡Qué nombre! Digno de una princesa…

Mi nombre es Adolphe” cogí otro trozo de papel y volví a escribir en él “¿Por qué tanto dolor cuando bailas?” Amira frunció el ceño y después agachó la cabeza para escribir.

A veces estoy dolida porque bailo, otras veces bailo porque estoy dolida, sea como sea bailar lo arregla todo” me costó un poco leer las palabras, estaban algo emborronadas por la rapidez con la que las había escrito. No había entendido muy bien el significado de sus palabras...Iba a responderle cuando algo la sobresaltó. Al parecer había sonado el móvil en la sala y ella no tardó en cogerlo. Asintió un par de veces mientras me miraba algo angustiada y apenada. Cuando colgó, volvió a sentarse y escribió. “Me tengo que ir. ¿Mañana a la misma hora?

Contemplaba mi rostro algo desesperada por saber mi respuesta. Le sonreí, asentí con la cabeza y la vi marchar. Quedándome asomado a esa ventana que tantas veces había ignorado pero que ahora me encantaba. Ella, ella tendría unos cuantos años menos que yo pero no me preocupaba. ¿Era cosa mía o mis sentimientos eran correspondidos?

Una semana después, cuando ella se despedía de mí una vez más, mi teléfono hizo aquel sonido que tan poco me gustaba. Resoplé y miré al aparato infernal. ¿Qué querían ahora? Como fuese para preguntar cómo estaba, juraba por mi tumba que el teléfono acabaría estampado contra el suelo de la calle.

-Adolphe al habla.

-¡Hombre! Al fin lo coges, llevo toda la tarde llamando.- fruncí el ceño. Debía estar mintiendo ya que yo no había escuchado nada pero el teléfono no engañaba, había cinco llamadas perdidas.- ¿Cómo estás?

 -Estoy… ¿Cómo se supone que debo estar?

-Entiendo. Es normal, no ibas a estar genial después de la guer…

-No lo digas. Estoy bien, ¿vale? ¿Para qué has llamado?- comenté con un tono frío, ese pez gordo no sabía nada sobre lo que había sufrido.

-Quería quedar contigo mañana a las cinco. Tengo algo muy importante que decirte.

-¿A las cinco?- mi cabeza solo podía repetir una cosa “Amira”- No, no puedo. Ya tengo un compromiso.


-Pues cancélalo- su voz sonó demasiado amenazadora como para rechazarla y supe que no podría negarme a aquello.

-Está bien- dije suspirando, resignado a no ver a mi querida bailarina bailar una tarde más- Iré. Más te vale traerme un coche a la puerta de mi casa.


Tras detallarme los acuerdos para el día siguiente, colgó y yo me quedé observando la sala de baile que permanecía oscura. Imaginé una vez más a ella bailando, dando volteretas y poniéndose de puntillas. Después me imaginé que yo estaba junto a ella, sonriéndole y deleitándome con sus pasos. Imaginé que ella paraba de bailar, se acercaba a mí y me besaba, tomándome por sorpresa pero respondiendo a ese beso de buena gana. Sacudí mi cabeza para apartar aquella tentación de mi mente, no tenía ninguna posibilidad de que ocurriera algo así. 

A mi manera ~ La bailarina y mi ventana (Parte 1)

jueves, 27 de noviembre de 2014

Dicen que cuando conoces al amor de tu vida, el tiempo se para. Y tienen razón.

Estaba asomado a la ventana, oliendo el aroma que ofrecía la ciudad. Los coches pasaban a toda velocidad, algunos se detenían amablemente para dejar pasar a los peatones que habían decidido salir a la calle a disfrutar del maravilloso día que se presentaba ante nosotros.

Bueno, muchos podrían decir que no era el día más bonito del mundo. Pero, para mí, cualquier día bajo el amplio cielo era un auténtico regalo. Las nubes pasaban muy lentamente movidas por el frío viento que entraba por mi ventana, inundaba mi casa y se alejaba para inspeccionar más rincones de la ciudad.

Entonces la vi, allí estaba, bajándose del autobús de la línea 3. Se encontraba algo lejos de mi como para poder admirarla de cerca pero la contemplé lo suficiente para entender la belleza que existía en ella.

Fue en ese mismo instante, sus ojos se giraron para mirar el extremo de la calle donde se alzaba mi edificio, cuando el tiempo se paró. El viento quedó suspendido sobre la ventana, las manecillas del reloj de la cocina se pararon, los pájaros dejaron de cantar, la gente se detuvo en un paso inacabado. Todo a mi alrededor se paró pero podía sentir los latidos de mi corazón en el pecho, golpeando fuertemente, intentando salir, pidiendo a gritos estar más cerca de aquel ángel que había parecido caer directamente del cielo.

Pero ella volvió a girarse y prosiguió su camino y el mundo volvió a su eterno ruido. Debí admitir que me sentí desilusionado. Necesitaba, con extrema urgencia, saber su nombre, conocer su historia y ser parte de ella. Al menos sabía una cosa: asistía a clases de ballet. Quizás habían sido sus mallas o su mochila de deporte lo que me dio aquella certeza o tal vez el moño rubio que, tan perfecto, reposaba sobre su cabeza. Quizás, lo que me dio la pista fue verla entrar en la academia de baile que tenía justo en frente.

El corazón subió hasta mi garganta al comprender que aun quedaba una oportunidad.  Me desplacé, como mayormente pude, hasta la ventana que había en mi despacho. Desde allí había unas vistas hermosas de una de las clases de ballet…

Rogué a Dios, al Destino o a lo que fuera aquello que manejase el mundo, poder volver a ver a la joven. “Por favor, por favor, por favor” parecía un niño pequeño pidiendo por un nuevo juguete.

Abrí los ojos y mi rostro se iluminó, allí estaba otra vez. Era ella sin duda y estaba tan guapa… Era tan perfecta que supe que no era merecedor de contemplar a tal creación pero tenía el privilegio de hacerlo y no lo desperdiciaría. Había más jóvenes en la clase, pero ninguna como ella, destacaba la que más y había un aura rodeándola que te quitaba el aliento.

Sentí morir al verla bailar. Mis lágrimas acudieron rápidas a mis ojos, había tanta emoción, tanto dolor en cada simple movimiento. ¿Qué le había pasado a un ángel como aquel para poder sentir algo tan desgarrador?  Nadie, y menos ella, debía sufrir de aquella manera.

Permanecí una hora en aquella ventana, mirando cada movimiento, cada pequeño gesto que salía de su rostro. Maldije al ver que la clase había acabado y que todas empezaron a recoger. Me sorprendí al ver cómo ella se giraba y me miraba directamente a mí. Me estremecí al sentir sus intensos ojos clavándose dulcemente sobre mi ser.  El mundo volvió a parase, incluso parecía que desaparecía todo a nuestro alrededor y solo quedábamos nosotros dos, en una habitación oscuro y vacía demasiado separados como para poder tocarnos, como para poder escucharnos… 

Pensamiento #2

martes, 14 de octubre de 2014

Entonces su cabeza cayó sobre el lápiz recién afilado, que se mantenía de pie sobre la mesa. Murió en el acto y todo por quedarse dormido en aquel muermo de clase.


Si tu lo dices...

jueves, 18 de septiembre de 2014

Aquel vestido blanco se había convertido en el nuevo negro. 

El día se había nublado en menos de un segundo y ya una lluvia intensa empapaba todo su cuerpo, sus huesos y hasta su alma. Poco importaba si el barro manchaba su cara o su vestido. Nada de eso tenía la más mínima importancia. Solo lloraba. Esas lágrimas, que se confundían con la lluvia, no paraban de caer por sus sonrojadas mejillas. 

Lo había perdido todo... lo había perdido en el día que debía ser el más feliz de su vida pero en el que se había convertido en un auténtico infierno. Todos los recuerdos, todas las miradas, las risas... pasaban fugaces por su mente. Lo que más la entristecía era que ya no escucharía su voz, ni sentiría su tacto...

Sus últimas palabras para ella aun resonaban en su cabeza. Habían sido solo horas atrás. Una llamada de teléfono. Ella había sonreído al ver su nombre en la pantalla y había cogido sin tardar. 

-Solo dos horas- le dijo sin dejar que él hablase primero. 

-Lo sé...- hizo una pausa que a ella se le antojó eterna- Oye, te quiero, mi amor. 

-Yo te quiero más- pudo sentir su respiración tras el aparato. Escuchó cómo cogía aire para volver a hablar.

-Si tu lo dices...

Tras aquellas palabras él colgó. ¿Cómo sospechar que horas después él se había ido para siempre? ¿Cómo sospechar que tras aquel te quiero había un lo siento oculto?

La siguiente llamada que había recibido tras la del joven había sido dos minutos antes de salir de la habitación para dirigirse hacia el altar. Una llamada con palabras demasiado difíciles para pronunciar. "Lo acabamos de encontrar en la bañera" al principio no lo entendió "Demasiadas pastillas...demasiado alcohol

Seguía sin creerlo, seguía desesperada por escuchar su voz una vez más diciéndole que todo era una broma de muy mal gusto. ¿Por qué? ¿Tan mal estaba? ¿Había decidido perder la lucha? Debería haber compartido con ella lo que sentía en vez de dejar que hablase sobre vestidos, flores o invitados. Hablar sobre lo que sucedía y dejar de mentir con esos "estoy bien. Todo está bien

Ahora la dejaba allí. Sola. Destruida. Devastada. Dolida... Su corazón se había roto en mil pedazos y no parecía existir manera de arreglarlo. ¿Por qué? Solo a dos horas de empezar su día feliz. A dos horas de convertirse en marido y mujer. 

Solo dos malditas horas...
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Inspirado en: 
If you say so...

Begin Again (Empezar otra vez)

sábado, 30 de agosto de 2014

Título original: Begin Again

Año: 2013

Director: John Carter

País: Estados Unidos

Duración: 104 minutos.

Género: Drama. Romance. Música.

Sinopsis: La pasión por la música lleva a Gretta (Keira Knightley) y a Dav (Adam Levine), novios desde el instituto, hasta Nueva York. Pero cuando él, una vez alcanzado el éxito y la fama, la abandona, ella se queda completamente desolada. Una noche, un productor de discos (Mark Ruffalo) recién despedido, la ve actuar en un bar de Manhattan y queda cautivado por su talento. Primera película en USA del director de "Once"

Opinión Personal: Quería verla. NECESITABA ver esta película. Simplemente porque era del director de Once (película de la que ya hablé en su tiempo, así que pincha y entérate de qué opiné de ella)   Pues bueno, la historia es mucho mejor, para mi gusto. Es cierto que es muy parecida a la otra y solo cambian algunas cosas pero la historia es igual.

Parece ser que el director dijo: quiero volver a hacer Once, quiero que la gente la conozca y se enamore de ella sin dudarlo. Haré la misma película, con cambios y con personajes famosos, música nueva y una peculiaridad que seguro que a todos les gustará (no sé si dijo eso pero yo imagino que sí)
¿Ese es el de Maroon 5? Lo es, lo es...


Y es cierto, nos (me) ha enamorado de nuevo, lo ha conseguido. La historia es preciosa, los personajes son buenos y la fotografía es igual de buena. La única pega que podría ponerle es que tal vez las canciones no son tan bonitas como las de Once, las cuales te enganchan de primera oída pero aun así la banda sonora enamora cuando la escuchas un par de veces.  

¿Qué más puedo decir si la película habla por si sola? Creo que todos deberían verla. No sé, es algo diferente (diferente cuando las comparamos con otras pelis y no cuando la comparamos con Once). Ni es empalagosa ni es nada de eso.
Me gustó mucho esa parte de la película. Pienso que es una idea genial y muy divertida. ¿Queréis saber de qué estoy hablando? Ved la película y ya esta. ¿Aun no os he convencido? Está bien, está bien. Recurramos al a música para que os ayude a decidiros de una vez. 


Con esta canción ya tenéis resumida lo que opino :) Genial, solo hay que verla y meterte en la historia. Te hace olvidar los problemas y amar la música con más fuerzas, porque para eso están estas películas... 

Valoración: película: 5/5 música: 3.5/5

Estúpido

jueves, 24 de julio de 2014

7 de septiembre
Querído diario:
 Él es...
Estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido estúpido, me, estúpido estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, has, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido,estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, vuelto, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, a, estúpido, estúpido, estúpido,estúpido estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, perder, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido.  

¿A que te resulta pesado encontrar la pequeña frase? Pues imagínate lo cansada que estoy yo de, inútilmente, esperarte.  

Cómo conocí a... Apocalyptica.

miércoles, 23 de julio de 2014

Esto fue lo que te perdiste en el anterior capítulo de Cómo conocí a... ¿Estamos listos para más? Patrocinado por: A mi manera, porque los cuentos nos importan. 

Niños, en el año 2014 (lo que viene siendo este año) descubrí el fantástico mundo de wattpad. Bueno, exactamente no lo descubrí, conocía de su existencia pero nunca me hice una cuenta ni nada por el estilo.( Ya empezamos con los incisos
El caso es que me había decidido a crearme una cuenta y publicar mi historia [publicidad... Wendy Moira Angela Darling, pasen y lean] Ahí estaba yo, descubriendo ese mundo y decidiendo cuál iba a ser la primera historia que me leería... ( pero Apocalyptica es un grupo de música ¿verdad?) Y la elegí, por probar y como acababa de entrar qué mejor que leer una historia que tiene como título: My Wattpad Love  No me acuerdo cómo pero en uno de los capítulos hablaban de una canción: I don't care de Apocalyptica. Claro, lo leí y me entró la curiosidad de saber de qué canción se trataba y qué decía.

He de reconocer que la primera vez que la escuché no me agradó demasiado (Claro que no, a ti no te gusta nada a la primera...) Pero después, por alguna extraña razón, le di a reproducir otra vez y luego otra y otra y otra y otra y otra (Lo hemos pillado mamá. La escuchaste trillones de veces)


Es tan asdafsasdfa. Siempre que la escucho me entra un no sé qué en el cuerpo que me llena. No sé si me entendéis (No, mamá, ni tu misma te entiendes)Después de esa canción vinieron más, unas pocas. Y es que no es la música que suelo escuchar. Ya ves, vuestra madre ahí tan Taylor Swift, mariposas, arco iris y unicornios rojos y de repente... PAM ¡Apocalyptica! (Empezamos a creer que deberían encerrarte en un manicomio) Es cierto que mezcla un poco la "música clásica" por llamarlo de alguna manera... pero aun así no suelo escuchar esto.

Existen otras tantas canciones que me gustan de este grupo y os pondré un par para que las escuchéis. (Más no, por favor) Por ejemplo: Not Strong Enough (pincha para ir a la canción), Sacra (solo es música nada de cantar)  o I'm not Jesus (cool) 

Lo que quiero decir con esto, niños, es que no importa cómo te encasillen. Quizás yo sea la tiparraca que oye música ñoña, lenta, romántica y eso... pero a la hora de la verdad, pueden gustarme canciones de las que yo misma me sorprenda. Al fin y al cabo puede que no sea tan ñoña como aparentaba. (Siempre serás nuestra loca, mamá) (Sí, pero deja de darnos la tabarra con estas tonterías

Y así niños, así fue cómo conocí a Apocalyptica. 
S.O.S (Anything but love)

So go on, infect me
(oii lo que ha dichoo) 
Go on and scare me to death. 
Dare me to leave you. 
Tell me I'd never forget. 
You could give me anything but love... 
Anything but love

El test de Rorschach

sábado, 19 de julio de 2014

Advertencia: el test de Rorschach (más conocido como el test de las manchitas) no sirve para saber si uno está loco o no (o quizás si, quién sabe) No intenten hacer esto en casa bajo ningún concepto. (Y bajo ningún concepto creáis todo lo que digo... quizás la loca aquí sea yo :D) 

-Vamos, Ann. Mira y dime lo que ves. 
La joven resopló mientras contemplaba el techo blanco de la habitación. Estaba en una sala de estudios o algo similar. Una de las paredes estaba cubierta por completo de estanterías llenas de libros, en otra no había nada solo la puerta de madera, en la tercera montones de títulos y orlas de la universidad y en la última un enorme ventanal que mostraba las vistas desde aquel quinto piso. 

Ella estaba recostada en una tumbona de interior color marrón. Al lado izquierdo estaba sentado el psicólogo con un cartel en sus manos mostrándoselo a la chica que seguía sin querer mirar. 

-Ann, mira- dijo con un tono de voz cansado. 

La joven al fin se giró y miró la mancha de tinta sobre el papel. ¿Y qué quería que dijese? Era una simple mancha, nada más. No había figura alguna. Quizás el loco era él y no ella. Volvió a resoplar y puso sus ojos en blanco. 

-No veo nada. 

-Seguro que sí. Venga, tu me dices lo que ves y yo te diré lo que veo ¿vale? Solo concéntrate. 

Sí, aquello era fácil. Aquel hombre no paraba de atosigarla con cosas semejantes. Y no era que no les gustase, le encantaba estar en su compañía pero cuando sacaba los términos psicológicos la volvía más loca de lo que podía estar. 

-Yo veo...-empezó diciendo mientras entrecerraba los ojos- A dos viejos peleándose. Son medio hombres medio animales y tienen las bocas abiertas, como si lanzasen un rugido para averiguar quién es el más fuerte. Mira, mira, están así. 

Se sentó en la tumbona, se volvió de espaldas a él para girar su cabeza y abrir su boca, lanzando un pequeño gruñido digno de un lobo. Después se rió y volvió a tumbarse. Ahora era el turno de él y esperaba impaciente conocer su respuesta. Él rió ante su demostración y apuntó un par de cosas en su libreta, Ann no pudo llegar a ver el qué. 

-Yo veo... No, no puedo decírtelo- dijo sonriendo y moviendo su cabeza de un lado hacia otro.

-Eres un mentiroso. Nunca te fíes de un psicólogo dijeron, te traicionará y te dirá que estás loca dijeron. 

-¿Quién te lo dijo?- el hombre ladeó su cabeza y la miró esperando una respuesta. El bolígrafo estaba en su mano dispuesto a escribir sobre su libreta lo que ella dijese. 

-Es... es solo una broma.- el hombre alzó una ceja levemente divertido y ella rió- Entiendo, estabas bromeando también. Muy gracioso, Alex. 

-Para ti, señor Brandon.

-Venga ya. Llevamos no-sé-cuántas sesiones, estoy en mi derecho de llamarte como me plazca. Sabes todos, o casi todos, mis secretos.  Alguna ventaja debo sacar yo ¿no? 

-¿Qué no sé de ti, Ann?- el hombre se puso serio, como si el ocultarle algo fuese un auténtico delito-Debes contarme lo que sea, todo a ser posible. 

-Hay algo que no sabes y que no te lo voy a contar. No por ahora.

-Ann, es tu deber como paciente contarme todo lo que te ronda por esa cabecita demente-le gustaba hacer bromas sobre locos, siempre que podía soltaba algo como aquello. Ann ya se había acostumbrado, incluso le hacían gracia algunas.

-Es algo malo... -él insistió en que debía saberlo y ella resopló dispuesta a contarle solo parte de la verdad- Me he enamorado de alguien.

-¿Y por qué eso es algo malo?- preguntó sin entenderla- ¿A caso él no siente lo mismo por ti?

-No lo sé- dijo moviendo su cabeza negativamente mientras volvía a contemplar el techo- Supongo que piensa que estoy loca, además de que me verá como una amiga o incluso algo menos.

-¿Y quién es? ¿Quién pensaría que el hecho de que estés loca sea algo malo?- Alex levantó una de sus cejas y apoyó su pierna izquierda sobre su muslo derecho.

-No pienso decírtelo. Pero la verdad es que no sé qué piensa de mi realmente.

-¿Te cuento algo, Ann?- ella le miró y asintió enérgicamente. Alex no solía hablar de él, de su vida- A mi también me gusta alguien. Es una chica increíble... pero no cree que ella sea lo suficientemente buena para nadie. Se aparta de los demás y finge que le falta un tornillo cuando en realidad lo que ocurre es que es demasiado inteligente para este mundo. Los demás no la entienden pero yo sí. Ella es, por decirlo de alguna manera, mi psicóloga. Me enseña cosas que no hubiese aprendido con nadie más.

A Ann se le encogió el corazón al escuchar sus palabras. ¿Quién sería esa chica que parecía admirar tanto? ¿Y por qué sentía tanta envidia por ella si ni siquiera la conocía? Bueno, a esa última pregunta conocía su respuesta. Era de él de quien estaba hablando con anterioridad. Le gustaba su psicólogo y no como un hombre profesional sino como un amigo, incluso como una pareja. Él parecía no verlo. Sabía que no se podía juntar el trabajo con las relaciones afectivas pero él hablaba todos los días con muchas personas que le contaban sus problemas y, quisiese o no, les cogía cariño.

-¿Es guapa? La chica de la que hablas ¿es guapa?

-No, es más que guapa.

-¿Y es... mejor que yo?

Alex se quedó sin palabras ante semejante pregunta. Se quedó contemplando a la joven sin saber qué contestar. ¿Podría ser que ella...? Imposible. La mayoría de la gente odiaba ir al psicólogo y ella no era menos.

-¿No respondes?

La joven se sentó en un solo movimiento. Se quedó mirándole, desafiándole a que contestara pero no lo hacía. No lo haría. La joven se levantó y apoyó ambas manos sobre el escritorio. Intentaba controlar su respiración, contar hasta diez y relajarse pero no podía. Volvió a contar pero eso no servía, nunca la tranquilizaba. Con un grito, pasó sus brazos por encima del escritorio, tirando todo los papeles y porta-lápices que había encima de este. Después agarró uno de los bordes de la mesa y la levantó, haciendo que cayese hacia atrás de un fuerte golpe.

Alex no sabía qué hacer, estaba perplejo. Lo mejor era esperar a ver si se le pasaba el enfado, había estado en situaciones parecidas: pacientes que se mosqueaban y lo pagaban con las cosas que veía a su alrededor. Pero Ann parecía no calmarse, se dirigió hacia los títulos y las orlas colgadas y los fue tirando uno a uno.

-Ann, para, por favor.- al escuchar su voz, la joven hizo lo que se le pedía. Se giró para contemplarle y le mostró media sonrisa que ni de lejos indicaba felicidad.

-Está bien. Quédese con esa chica tan perfecta. Nadie puede querer a alguien como yo.

La joven cogió su bolso y se marchó sin que Alex pudiese hacer nada, cerrándole la puerta en sus narices. Él miró a su alrededor, contemplando el desastre que la chica le había dejado como regalo. Se acercó hasta su sillón  y se dejó caer agotado.

-Me he enamorado de una loca.

Y no era solo eso. Alex sabía que él se encontraba en un estado mental igual, o incluso peor, que ella. Escuchaba los problemas de muchas personas y aquello le pasaba factura. A veces creía que él tenía esas mismas preocupaciones pero en realidad no era así. El hecho de haberse enamorado de la dulce Ann traía consecuencias demasiado peligrosas; ella era menor de edad y la superaba en todos los ámbitos, al menos él lo sentía de esa manera. Ella lo sobrepasaba y creía que no sería capaz de manejarlo. Manejar su pasión y su amor hacia ella. La relación acabaría desastrosamente...

Quizás era la propia Ann la que se había enamorado de un loco.

La mejor persona que había conocido

lunes, 14 de julio de 2014

Se encontraba allí, sentada en el suelo de la carretera. No sentía miedo, los coches no podían atropellarla. Nadie podía hacerle daño en ese preciso instante. 

La noche era cálida, típica de verano. El sol se había ocultado tarde, más tarde que de costumbre. Las luces de la calle estaban apagadas y no se encendería. Esa noche no. La brisa suave aliviaba el calor que podía sentir el cuerpo de la chica y lograba que en ocasiones se estremeciese. 

Suspiró mientras unas lágrimas tímidas recorrían sus mejillas. Era increíble cómo todo podía cambiar en un segundo. Cómo ella podía pasar de estar alegre a estar triste en una milésima. ¿Y todo por qué? ¿Para qué? Sufría por alguien que ni se preocupaba por ella, alguien por el que lo había dado todo y a cambio solo le pagaba con negativas. 

No le importaba, le gustaba dar y nunca esperaba nada a cambio, nunca lo hacía. Pero esa vez era diferente, era la segunda vez que se entregaba de aquella forma a la misma persona y esta no parecía interesada en lo que obtenía sin ningún esfuerzo. No veía lo mucho que le ayudaba sentir su compañía y librarse de sus problemas. No, él no lo veía.   

Había abandonado a todos por él, por esa sonrisa, por su forma de ser que la volvía loca. Había dejado de lado a sus amigos incluso, casi, había dejado de lado a su familia. ¿Cómo se sentía en ese momento cuando sabía que no podía contar con nadie? Seguro que marcaba el número de alguien y solo le decían que se olvidaran de ellos que no querían saber nada de sus problemas. 

Cerró sus ojos y se echó sobre la carretera. Esperaba que algún coche viniera y acabase con su misera vida pero la calle estaba cortada y ningún coche traspasaría las pequeñas paredes improvisadas para atropellarla. 

Su bolsillo vibró y una música lenta invadió la silenciosa calle. La chica lo cogió pero no habló, sus lágrimas no se lo permitían. 

-¿Dónde estás?- quería responder pero no salían las palabras. Tras varios segundos de silencio donde solo se escuchaba la respiración de la persona que estaba al otro lado del teléfono, la chica volvió a oír la voz- Entiendo...

Colgó. Se sentía terriblemente mal. No había podido hablar aunque sabía que debía hacerlo. Las lágrimas salieron con mayor rapidez y no aguantó más en silencio. Lloró ruidosamente, tratando de ahogar el sonido de su tristeza con su mano pero apenas lo conseguía. 

Se calló al escuchar unos pasos detrás de ella. Se quedó expectante, con las manos sobre su boca y los ojos muy abierto y enrojecidos. Alguien se tumbó a su lado y agarró una de sus manos apretándola fuertemente y colocándola sobre el pavimento. 

-¿Estás bien? 

La chica negó con su cabeza. No podía creer que estuviera allí, que a pesar de todo se preocupase por ella. Después de lo que había hecho, hubiera entendido que no volviese a hablarle pero ahí estaba, junto a ella como otras tantas veces.

-Sé que es difícil pero tu puedes con esto. Te he visto luchar antes, eres fuerte, más de lo que piensas. Esta batalla no va a ser la que te mate, ¿me entiendes?

Eso era lo que hacía siempre. Comparar el amor con una guerra, donde había vencedores y vencidos. Si perdías una batalla no era sinónimo de perder la guerra. ¿Y qué sabía? Nada, solo daba consejos a personas como ella, con el corazón roto. El caso era que siempre acertaba y nadie sabía cómo lo hacía.

-Lo siento, te he dañado otra vez- por fin pudo hablar aunque su voz se rompió al terminar la oración.

-No, solo hiciste lo que sentías. Nunca me hiciste daño, solo te alejaste. ¿Qué creías que ahora no te iba a volver a dirigir la palabra?- la chica asintió y la persona que estaba a su lado rió-¡Tonta! Yo sé cuándo tengo que apartarme y cuando me toca volver a la escena. Eso es lo que hago, para eso estoy. ¿Recuerdas esos para siempre que él te prometía? Todos mentira ¿verdad? Lo suponía, esa palabra, siempre, es pura mentira. Por eso a mi no me oirás decirlo nunca. Yo demuestro no digo gilipolleces.

La chica sonrió ante su comentario y miró a su acompañante durante unos segundos. Nadie poseía tanta perfección.

-Tu no lo entiendes.

-¡Claro que lo entiendo! ¿Acaso nuestra relación no es lo mismo? Siempre a tu lado, en lo bueno y en lo malo. Esos tipos a los que llamas novios, no durarán eternamente, se irán y ¿quién estará allí para curarte las heridas?

-¿Tu?

-Exacto, yo y nunca me oirás quejarme por ello ni echarte las cosas en cara. Hacemos cosas, nos equivocamos y tratamos de rectificar. Los que no te quieren de verdad se van y los que sí se quedarán siempre aunque sea dentro de nuestro corazón...

Entonces la chica posó sus ojos en ella, su amiga. La mejor persona que había conocido, la que la ayudaba sin pedir nada, la que la escuchaba sin juzgarla y la que le prometía que hiciera lo que hiciese siempre la apoyaría estuviese de acuerdo con sus acciones o no. Y hasta ahora lo había cumplido.

Y se dio cuenta de que los mejores amigos no te abandonan, que se quedan para siempre y que aguantan todas tus locuras. Te dan un hombro en el que llorar cuando todo está mal y aseguran que mataran al imbécil que te ha hecho daño. Y te ríes, porque sabes que amenaza mucho pero luego entiende que las cosas son mejores así.

-Gracias por todo. Gracias por ser tu.

Mentira la mentira. Mentira la verdad.

lunes, 30 de junio de 2014

Pinchen en la imagen.
Los adultos mienten. Ocultan la verdad porque creen que es lo mejor para ti, porque piensas que cuanto menos sepas más feliz serás. Te protegen del mundo que te rodean, te encadenan en casa para evitar que te hagan daño pero ellos no saben que el mayor daño son ellos. 

¿Sabes lo que te pasa si le ocultas algo a un adulto o le mientes? Cuando se enteran de la verdad (y se acaban enterando) te repudian, te gritan que eso está mal que no debes hacerlo, que están decepcionados contigo y con tu actitud. Mentir u ocultar la verdad son simplemente sinónimos y que tanto ni una cosa como la otra están bien...

Tu callas y agachas la cabeza, fingiendo arrepentimiento y prometiendo que no volverá a ocurrir. Pero ¿qué pasa? Los adultos no saben que son ellos los que te han enseñado a mentir. Ellos son los iniciadores de todo porque tu le has visto comentar que les encanta el regalo de cumpleaños pero luego, en la intimidad del hogar, juran que es el peor que han recibido y que preferirían otra cosa. 

Si aprendemos de ellos y eso es lo que hacen: ¿qué esperan de nosotros? ¿Que no seamos igual? Pero lo llevamos ahí, en nuestras venas. Mentir es esencial. Mentir es la diferencia entre caerle bien a alguien o no. Mentir supone un gran paso entre dañar o no a alguien.  Mentir es la cuerda que nos salva del abismo, es nuestro instinto de supervivencia: miente o muere

Pero todos saben que la mentira no es buena. Más vale una verdad dañina que una mentira que dura años y que, cuando se descubre, causa el doble de dolor que si desde un principio hubiésemos dicho la verdad.

"En este mundo todo es mentira" 

Por eso cuando me preguntan qué es lo que quiero ser de mayor yo siempre respondo: Sé lo que no quiero ser y no quiero ser adulto porque todos los adultos mienten. 

 Pero ya es tarde, al fin y al cabo todos nos convertimos en adultos mentirosos que solo intentan proteger a los pequeños de la verdad dolorosa. Pero cuando se descubre (ya se sabe que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo) nos duele el doble.

Wendy Moira Angela Darling - A mi manera.

martes, 17 de junio de 2014

Su corazón latía fuertemente, tenía miedo de que todo aquel silencio se rompiera por culpa de su órgano vital que la mantenía con vida. 

El frío pasillo se abría paso frente a ella y la luz de la vela que llevaba en la mano no alumbraba lo suficiente como para poder ver el final del mismo. Las paredes estaban empapeladas hasta la mitad con un papel rojo con una decoración refinada. Unas oscuras tablas de madera cubría la otra mitad hasta llegar al suelo. El tacto de esta era tan suave... siempre aprovechaba cada oportunidad para poder sentir la madera bajo su mano, le recordaba tanto a casa, a su hogar. 

Pero ahora todo eso no importaba. Sus padres, sus dos hermanos y su querida perra estaban lejos y aquella casa, perteneciente a su tía Mary, era extraña y fría, nada comparada con lo que había dejado atrás. 

Algo la había echo levantarse de su cama, un ruido la había alarmado y ahora necesitaba saber qué era. Se había levantado de la cama,  había dejado que su camisón se recolocase hasta acabar en los tobillos y había dejado que la moqueta calentase sus pies. Todo eso a oscuras. Pero, antes de abrir la puerta de su habitación, había encendido la vela para poder enfrentarse a la casa ella sola. No podía permitir encender ninguna luz... no sabía a quién se podía encontrar.

Su respiración y sus latidos se hacían cada vez más fuertes y rápidos, ya no sabía cómo controlarlos. Había intentado calmarse pero había sido en vano. Y ya no podía permanecer más tiempo ante el desafiante y oscuro pasillo.

-¿Hola? ¿Hay alguien ahí?-dijo en un susurro. 

Nadie le respondió. Silencio y nada más. Tragó saliva y comenzó a andar por el pasillo. Sus pasos  se callaban gracias a la moqueta, así no despertaría a nadie más y su salida nocturna quedaba en secreto. 

La joven se paró, con el corazón en un puño y miró hacia la izquierda, aquella habitación esta abierta y ella sabía que había visto una silueta ocultarse en la oscuridad. Intentó buscar la figura pero no la volvió a ver. Se fijó entonces que la ventana se encontraba abierta de par en par y una mueca extraña apareció en su rostro. “Las ventanas no se abren nunca ¿entendido?” le habían dicho nada más llegar a aquella casa. Pero esa ventana estaba abierta y ella no había sido la culpable, no esa vez. 



Una ráfaga de viento acabó con el fuego de la vela y ella se quedó a oscuras. Entró corriendo en la habitación y cerró la ventana, soltando encima de una mesa polvorienta la vela apagada.  Apoyó su espalda sobre el cristal de la ventana y respiró agitadamente, con los ojos cerrados y tratando de calmarse.

Sintió como una mano le tapaba la boca y ahogó un grito mientras abría los ojos para encontrarse con un joven de ojos azules y pelo rubio que la miraba con intensidad mientras que con un gesto le pedía silencio. Ella asintió y el joven le destapó la boca lentamente. Pobre ingenuo, a los pocos segundos de ser liberada soltó un grito que avisaría a todos los que estaban en la casa y, seguramente, a los vecinos. 

El joven miró a su alrededor y maldijo por lo bajo, se agachó y cogió a la chica cargándola en su hombro para después salir por la ventana que él mismo abrió. La chica se asombró de la fuerza que tenía aquel joven; la llevaba en los hombros mientras bajaba por la tubería de la casa sin dudar ni una sola vez de los pasos que daba. Ella no paraba de patalear y pedir que la soltase pero él permanecía en silencio o a veces soltaba un leve “sh” para pedir que se callase.  No le hizo caso alguno. 

Cuando los pies del joven tocaron el suelo, salió corriendo del jardín de aquella casa y se dirigió hacia uno de los callejones que nunca debía pisar una bella dama. 

-¡Le digo que me baje de inmediato! ¡No se puede tratar a una dama de esta manera!

-¡Ah, pero que eres una dama!

La joven dejó de patalear al oír la voz del chico, suave y sensualmente masculina, provocó que ella se tranquilizase un poco. Sin embargo, no respondió ante aquel insulto, no merecía la pena. 

-Por fin, ya me estabas destrozando la espalda y el estómago.

-¿Quién le ha dado permiso para tutearme?

-Ricos...- dijo el joven suspirando- Mira, si te portas bien y te mantienes callada te soltaré pronto  ¿vale? 

El joven le dio una pequeña palmadita en el trasero y la chica soltó un grito totalmente indignada. Sus mejillas se habían tornado rojas y trató de ocultar aquella debilidad con su pelo castaño. No se volvieron a dirigir la palabra durante el trayecto. La joven trataba de  reconocer la calle en la que se encontraba pero estaba segura de que nunca había pasado por ahí. Se sentía totalmente humillada por aquella escena, parecería un saco de patatas o algo parecido, era... era... Si la veía alguien pensaría que era una cualquiera y aquello no favorecía su reputación. ¡Además se encontraba en pijama!

El joven bajó unas escaleras y cerró una puerta tras de sí. El olor de la calle cesó de entrar por sus fosas nasales y ella se sintió agradecida aunque fue sustituido por humedad y  madera chamuscada. Las luces habían aumentado y le dañaba los ojos. El joven por fin pudo dejarla en el suelo y ella le observó. No podía correr ya que estaba descalza y las piernas le temblaban sin cesar. 

Podía ver entonces al joven que la había secuestrado. Sería mayor que ella, quizás tendría unos diecinueve o dieciocho años. Sus facciones ya demostraban que era casi un hombre, así como su cuerpo bien definido. 

-Bien, aquí puedes gritar todo lo que quieras- le dijo mientras avanzaba dentro de la sala y  extendía las manos para abarcar toda la habitación.-Nadie  te oirá y nadie te vendrá a buscar. 

-¿Qué quiere de mi?- le dijo la joven en posición desafiante. Aquel joven era demasiado tentador pero ella no podía caer bajo sus encantos, las señoritas no hacían eso.-¿Y quién es? Debo saber al menos el nombre de mi secuestrador.

La risa del joven resonó por toda la sala y la chica pensó que jamás había escuchado semejante belleza. Él se quedó mirándola durante unos segundos antes de responder la pregunta. La joven sentía cómo sus defensas se desmoronaban lentamente. ¡No, no podía permitir que aquello pasase! 

-Soy Peter. Peter Pan, milady.- hizo una reverencia y ella no pudo evitar sonreír- Y no me ha quedado más remedio que secuestrarte pues me has visto en la casa de la bruja y no podía cometer semejante riesgo. 

La joven abrió la boca para hablar pero, por primera vez, se había quedado sin nada que decir. Entonces se dio cuenta de donde estaban y casi no podía creerlo. Estaban entre butacas rojas de terciopelos y llenas de polvo. ¡Era un teatro! ¡Un teatro abandonado! El mismísimo Teatro Amanecer. ¡Oh! Lo adoraba tanto, había sido su lugar favorito... antes del incendio, claro. Después nadie se atrevió a reconstruirlo. Pero allí estaba ella, delante de un chico desconocido en su lugar predilecto, jamás creyó que las casualidades fueran tan dulces. 

-¿Y tú cómo te llamas?- la joven dudó unos segundos pero después hizo una reverencia típica de una dama y contestó. No quería ser descortés a pesar de que estaba hablando con un desconocido. 

-Wendy Moira Angela Darling. 

-Muy bien, Wendy. Puedes sentarte si te apetece. 

El joven se echó sobre una butaca cualquiera y se puso cómodo, después sacó una pequeña flauta de pan y se puso a tocar una canción que Wendy no logró reconocer. Quería preguntarle más cosas al chico, saberlo todo de él. No era consciente de que sus padres la habían enviado con su tía a causa de esa actitud infantil y esos caprichos de niña pequeña pero ella seguía actuando igual que siempre. Cuando se disponía a hablar, una voz desconocida la interrumpió en su intento. 

-¿Por qué siempre te pierdes?- dijo la voz que cada vez se acercaba más- Peter nos lo dejó muy claro: “la segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer.” Con estrella se refiere a las plazas que tienen en el centro una estrella dibujada y con amanecer se refiere al teatro... ¡No es tan difícil!

Peter le dedicó una sonrisa divertida a Wendy mientras levantaba su ceja izquierda y dejaba de tocar. Ella pudo descifrar que tras esos ojos había una gran ternura hacia la persona a la que pertenecía la voz y no se sintió tan mal por haber sido llevada a ese lugar contra su voluntad. 

-Nos llamamos los niños perdidos, ¿qué esperabas? ¿que nunca me perdiese?

Dos niños vestidos con harapos irrumpieron en la sala y sonrieron al ver a Peter mientras lo llamaban corriendo hacia él. El joven se levantó y los cogió a ambos, elevándolos del suelo y dándole un fuerte abrazo. Wendy jamás había visto algo como aquello, ni su padre había hecho eso cuando John y ella eran más pequeños. 

-¿Dónde has estado esta noche?- dijo el que parecía más pequeño-Nosotros hemos ido a cazar indios pero no hemos conseguido ninguno. ¿Y Campanita? ¿No ha ido contigo? 

Peter negó con la cabeza y sonrió a los niños.

-No, era muy peligroso. Veréis, he ido a la casa de la bruja a buscar mi sombra... Estaba a punto de encontrarla cuando esta señorita- dijo señalando a Wendy- se ha interpuesto en mi camino, alarmando a todo el mundo de que estaba allí. Cuando creí que estaba perdido, que la bruja Mary me iba a comer... La he secuestrado y la he traído conmigo. ¿No lo veis? Ahora podemos sobornarle para que me devuelva mi sombra.

-¡Eh! Mi tía no es una bruja. Bueno, un poco sí pero no...- Wendy no pudo terminar la oración ya que una chica rubia, más o menos de su edad, entró en el teatro gritando y algo alterada.  

-¡Peter, Peter! ¡Tenemos que huir! ¡Hook viene a por ti!  


Peter se levantó y la miró, con un semblante serio y de preocupación. Corrió hacia ella y hablaron en susurros. Ni Wendy ni los niños oyeron lo que decían. Wendy pensaba en lo que había dicho. Hook, le sonaba familiar, Hook... ¡Ella le conocía! Era aquel policía tan majo que siempre hablaba con ella y la ayudaba en todo lo que podía. 

-¿Cómo ha descubierto dónde estamos, Campanilla? ¿¡Cómo!?

La chica, a la que había llamado Campanilla enrojeció y agachó la cabeza. Miraba a un punto fijo y no quería responder a pesar de las insistencias de Peter. Finalmente, reconoció que había sido ella la que había traído a Hook hasta allí, después de que la matasen los celos al ver a Peter con una chica corriendo callejón abajo. 

-Ya hablaremos de esto, Campanilla...- dijo con cierto tono despreciativo.- Bien, no dejaremos que nos pillen. Llegó el momento de luchar. ¡Vamos, salid de vuestro escondite y a ayudar! 

De diferentes rincones del teatro aparecieron varios niños y todos se acercaron en torno a Peter. Wendy no sabía qué hacía allí pero podía comprobar, con bastante satisfacción, como Peter le dedicaba miradas furtivas. Estaban hablando de un plan para echar a Hook y sus ayudantes del teatro. Para sorpresa de la chica, en el plan entraba ella. Al principio se negó en rotundo, no quería poner su vida en peligro por una panda de chicos que apenas conocía. Las damas no se rebajan a ese nivel. 

-Venga, Wendy. Ya eres parte de esto. Si todo sale bien te nombraremos madre de los niños perdidos.

-¿¡Qué!? ¡Ese puesto era mío!

-Ahora no, Campanilla. Estamos en peligro y faltará poco para que Hook y sus hombres lleguen. No permitiré que se lleven lo que nos quedan, ¡nunca jamás! ¡Manos a la obrar pues!

En unos cuantos segundos, todo estaba arreglado. Wendy se encontraba en mitad del escenario, con una especie de arnés puesto bajo el camisón. Realmente estaba asustada, no podía imaginar lo que le pasaría si algo salía mal. Peter terminaba de colocarle la seguridad para que nada malo le pasase. Tras eso se quedó quieto, mirándola. Le levantó la barbilla para que ella se perdiese en el mar de sus ojos.

-No dejaré que nada malo te pase, Wendy.- le dijo de manera que solo ella pudo oírlo- No te dejaré caer, confía en mi. ¡Ah! no te olvides de pensar en cosas bonitas así esto funcionará mejor

Ella asintió y tras un grito de un niño avisando de que ya se acercaban, todos se pusieron en sus puestos. El lugar quedó en silencia y a oscuras. Wendy tardó unos segundos en que sus ojos se acostumbrasen un poco y pudiesen percibir las formas de los objetos que tenía ante ellos. Las voces masculinas impregnaron rápidamente el lugar y Wendy rezó para que aquello saliese bien.

Hook entró en el lugar, segundo de sus hombres. Ella lo reconoció por aquel bigote tan característico así como por su uniforme. Prendieron las luces del teatro y bajaron por las escaleras de las butacas hasta quedar debajo del teatro. Todos apuntaban con armas a Wendy. 

-¡Bajad las armas muchachos! Es Wendy. Querida, ¿qué hace aquí? 

-Eso querida, ¿qué haces aquí? 

Era la misma voz que la de Hook pero no había provenido de su garganta, de hecho ni siquiera había abierto la boca. Wendy descartó la opción de que Hook fuese un ventrílocuo y sonrió al darse cuenta de que había sido Peter el que le había imitado. 

-¡Pan! Sal de tu escondite. Vamos señor Smith, muévanse y busquen a ese bastardo. 

-¡James!-dijo Peter entre las sombras volviendo a imitar al pobre Hook- Yo que usted me encargaba de la dama, no sabrás cuando saldrá herida. 

Hook abrió los ojos de par en par y observó a Wendy. Por un segundo, temió por la vida de esta y se acercó a ella para poder cogerla. En ese momento Wendy pensó en todas las cosas bonitas que tanto le gustaban. Cuando las manos de Hook se iban a posar sobre sus preciosas caderas, ella voló por los aires y una risa se le escapó de entre los labios.

Hook maldijo y no tuvo tiempo de moverse del sitio cuando Peter voló en dirección a él y le pegó un buen puñetazo que acabó con el pobre Hook en el suelo sangrando. 

-¡Agente herido!-gritó Peter y después de eso los niños perdidos salieron, con armas de madera en mano, a alejar a aquellos molestos policías. El señor Smith se acercó a su superior y lo arrastró hacia la salida mientras se iba explicando a sí mismo lo que había sucedido y la explicación que le darían a su jefe cuando le preguntase por qué no había atrapado a aquellos mocosos. 

Las cuerdas que mantenían a Wendy en los aires se destensaron y comenzó así la caída en picado. Creía que se iba a estampar contra el suelo cuando unos fuertes brazos la cogieron y la salvaron. 

-Te dije que nunca te dejaría caer. 

Habían echado a Hook y a sus secuaces de su escondite una vez más y esta vez había que celebrarlo. Tras pasarlo realmente en grande y con gran pesar, Wendy pidió que la llevasen a casa. Peter aceptó pero no dejó que nadie lo acompañase ni siquiera Campanilla con la cual seguía enfadado. 

En el recorrido del teatro a casa de su tía Mary, Wendy le preguntó a Peter a qué venía aquel comportamiento y él le contestó cuando ella había perdido toda esperanza de obtener una respuesta. 

-Somos un grupo de huérfanos que no quieren estar en un orfanato bajo ningún concepto. Yo me escapé de uno y Campanilla me siguió, aunque ese no es su nombre real...Ni siquiera recordamos nuestra auténtica identidad, no sabemos la fecha de nuestro nacimiento y desconocemos nuestro origen. Por eso permanecemos juntos, sobreviviendo día a día y enfrentándonos a todas esas aventuras.- sonrió tristemente mientras reunía valor para seguir hablando- ¿Sabes? Le cuento historias a los niños. Diciéndoles que Hook es un despiadado villano que intenta arrebatarnos toda la diversión aunque en realidad solo intenta enviarnos de vuelta a un orfanato. Les digo que salgo a buscar aventuras cuando solo trato de conseguir comida para que ellos, para que sus estómagos no rujan en mitad de una noche fría. Vivimos en una especie de juego constante y ellos...parecen felices. Incluso salen a “cazar indios”, pero en realidad buscan cosas con la que decorar nuestro pequeño hogar.

A Wendy se le partió el corazón al oír aquella historia. No podía imaginar lo que había sufrido ni lo que Peter había tenido que hacer para mantener a esos niños así de contentos.  Entre la charla habían llegado a su destino y el joven se ofreció a subir de nuevo por la tubería para dejarla en la habitación. Antes de que se fuera Wendy lo paró y Peter se sentó en el alfeizar de la ventana, esperando al siguiente movimiento de la chica. 

-¿Qué es tu sombra en ese juego que jugáis los niños perdidos y tu?- dijo en un susurro. La casa estaba demasiado tranquila, seguro que nadie se había dado cuenta de que ella, Wendy Moira Angela Darling, había desaparecido. 

-Es... lo único que conservo de mis padres. Un pequeño medallón con mis iniciales. Tu tía me lo confiscó como fianza por la ropa que había robado de su tienda...

Wendy se llevó la manos a su cuello, sorprendida. Cogió la cadena que reposaba sobre este y lo desabrochó para después entregárselo. Peter lo cogió y lo apretó entre sus manos, notablemente agradecido. 

-Peter... ¿Volveré a verte? 

-Por supuesto. Tienes algo que me pertenece y siempre te ha pertenecido. 

-¿Ah sí? ¿El qué?

Peter sonrió y se acercó lentamente a su rostro hasta que sus labios quedaron a escasos centímetros. Tras unos segundos de dudar, sonrió y los juntó en un beso dulce, cálido y largo. 

-Mi corazón. 

No tardó en desaparecer de la vista de la joven y ella se preguntó si de verdad lo volvería a ver o solo había sido un sueño. Pero Peter no volvió al día siguiente, tampoco  al otro. Y los meses pasaron sin noticias de aquel chico de la ventana. Wendy ya había perdido toda esperanza, cuando una nota apareció debajo de la puerta principal dirigida exclusivamente a ella. En papel manchado y   en negro con una excelente caligrafía recitaba: 

“La segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer.”

¡Ooooh! ¿Lo has leído? Increíble... no creí que fueses a hacerlo. ¡GRACIAS!