Wendy Moira Angela Darling - A mi manera.

martes, 17 de junio de 2014

Su corazón latía fuertemente, tenía miedo de que todo aquel silencio se rompiera por culpa de su órgano vital que la mantenía con vida. 

El frío pasillo se abría paso frente a ella y la luz de la vela que llevaba en la mano no alumbraba lo suficiente como para poder ver el final del mismo. Las paredes estaban empapeladas hasta la mitad con un papel rojo con una decoración refinada. Unas oscuras tablas de madera cubría la otra mitad hasta llegar al suelo. El tacto de esta era tan suave... siempre aprovechaba cada oportunidad para poder sentir la madera bajo su mano, le recordaba tanto a casa, a su hogar. 

Pero ahora todo eso no importaba. Sus padres, sus dos hermanos y su querida perra estaban lejos y aquella casa, perteneciente a su tía Mary, era extraña y fría, nada comparada con lo que había dejado atrás. 

Algo la había echo levantarse de su cama, un ruido la había alarmado y ahora necesitaba saber qué era. Se había levantado de la cama,  había dejado que su camisón se recolocase hasta acabar en los tobillos y había dejado que la moqueta calentase sus pies. Todo eso a oscuras. Pero, antes de abrir la puerta de su habitación, había encendido la vela para poder enfrentarse a la casa ella sola. No podía permitir encender ninguna luz... no sabía a quién se podía encontrar.

Su respiración y sus latidos se hacían cada vez más fuertes y rápidos, ya no sabía cómo controlarlos. Había intentado calmarse pero había sido en vano. Y ya no podía permanecer más tiempo ante el desafiante y oscuro pasillo.

-¿Hola? ¿Hay alguien ahí?-dijo en un susurro. 

Nadie le respondió. Silencio y nada más. Tragó saliva y comenzó a andar por el pasillo. Sus pasos  se callaban gracias a la moqueta, así no despertaría a nadie más y su salida nocturna quedaba en secreto. 

La joven se paró, con el corazón en un puño y miró hacia la izquierda, aquella habitación esta abierta y ella sabía que había visto una silueta ocultarse en la oscuridad. Intentó buscar la figura pero no la volvió a ver. Se fijó entonces que la ventana se encontraba abierta de par en par y una mueca extraña apareció en su rostro. “Las ventanas no se abren nunca ¿entendido?” le habían dicho nada más llegar a aquella casa. Pero esa ventana estaba abierta y ella no había sido la culpable, no esa vez. 



Una ráfaga de viento acabó con el fuego de la vela y ella se quedó a oscuras. Entró corriendo en la habitación y cerró la ventana, soltando encima de una mesa polvorienta la vela apagada.  Apoyó su espalda sobre el cristal de la ventana y respiró agitadamente, con los ojos cerrados y tratando de calmarse.

Sintió como una mano le tapaba la boca y ahogó un grito mientras abría los ojos para encontrarse con un joven de ojos azules y pelo rubio que la miraba con intensidad mientras que con un gesto le pedía silencio. Ella asintió y el joven le destapó la boca lentamente. Pobre ingenuo, a los pocos segundos de ser liberada soltó un grito que avisaría a todos los que estaban en la casa y, seguramente, a los vecinos. 

El joven miró a su alrededor y maldijo por lo bajo, se agachó y cogió a la chica cargándola en su hombro para después salir por la ventana que él mismo abrió. La chica se asombró de la fuerza que tenía aquel joven; la llevaba en los hombros mientras bajaba por la tubería de la casa sin dudar ni una sola vez de los pasos que daba. Ella no paraba de patalear y pedir que la soltase pero él permanecía en silencio o a veces soltaba un leve “sh” para pedir que se callase.  No le hizo caso alguno. 

Cuando los pies del joven tocaron el suelo, salió corriendo del jardín de aquella casa y se dirigió hacia uno de los callejones que nunca debía pisar una bella dama. 

-¡Le digo que me baje de inmediato! ¡No se puede tratar a una dama de esta manera!

-¡Ah, pero que eres una dama!

La joven dejó de patalear al oír la voz del chico, suave y sensualmente masculina, provocó que ella se tranquilizase un poco. Sin embargo, no respondió ante aquel insulto, no merecía la pena. 

-Por fin, ya me estabas destrozando la espalda y el estómago.

-¿Quién le ha dado permiso para tutearme?

-Ricos...- dijo el joven suspirando- Mira, si te portas bien y te mantienes callada te soltaré pronto  ¿vale? 

El joven le dio una pequeña palmadita en el trasero y la chica soltó un grito totalmente indignada. Sus mejillas se habían tornado rojas y trató de ocultar aquella debilidad con su pelo castaño. No se volvieron a dirigir la palabra durante el trayecto. La joven trataba de  reconocer la calle en la que se encontraba pero estaba segura de que nunca había pasado por ahí. Se sentía totalmente humillada por aquella escena, parecería un saco de patatas o algo parecido, era... era... Si la veía alguien pensaría que era una cualquiera y aquello no favorecía su reputación. ¡Además se encontraba en pijama!

El joven bajó unas escaleras y cerró una puerta tras de sí. El olor de la calle cesó de entrar por sus fosas nasales y ella se sintió agradecida aunque fue sustituido por humedad y  madera chamuscada. Las luces habían aumentado y le dañaba los ojos. El joven por fin pudo dejarla en el suelo y ella le observó. No podía correr ya que estaba descalza y las piernas le temblaban sin cesar. 

Podía ver entonces al joven que la había secuestrado. Sería mayor que ella, quizás tendría unos diecinueve o dieciocho años. Sus facciones ya demostraban que era casi un hombre, así como su cuerpo bien definido. 

-Bien, aquí puedes gritar todo lo que quieras- le dijo mientras avanzaba dentro de la sala y  extendía las manos para abarcar toda la habitación.-Nadie  te oirá y nadie te vendrá a buscar. 

-¿Qué quiere de mi?- le dijo la joven en posición desafiante. Aquel joven era demasiado tentador pero ella no podía caer bajo sus encantos, las señoritas no hacían eso.-¿Y quién es? Debo saber al menos el nombre de mi secuestrador.

La risa del joven resonó por toda la sala y la chica pensó que jamás había escuchado semejante belleza. Él se quedó mirándola durante unos segundos antes de responder la pregunta. La joven sentía cómo sus defensas se desmoronaban lentamente. ¡No, no podía permitir que aquello pasase! 

-Soy Peter. Peter Pan, milady.- hizo una reverencia y ella no pudo evitar sonreír- Y no me ha quedado más remedio que secuestrarte pues me has visto en la casa de la bruja y no podía cometer semejante riesgo. 

La joven abrió la boca para hablar pero, por primera vez, se había quedado sin nada que decir. Entonces se dio cuenta de donde estaban y casi no podía creerlo. Estaban entre butacas rojas de terciopelos y llenas de polvo. ¡Era un teatro! ¡Un teatro abandonado! El mismísimo Teatro Amanecer. ¡Oh! Lo adoraba tanto, había sido su lugar favorito... antes del incendio, claro. Después nadie se atrevió a reconstruirlo. Pero allí estaba ella, delante de un chico desconocido en su lugar predilecto, jamás creyó que las casualidades fueran tan dulces. 

-¿Y tú cómo te llamas?- la joven dudó unos segundos pero después hizo una reverencia típica de una dama y contestó. No quería ser descortés a pesar de que estaba hablando con un desconocido. 

-Wendy Moira Angela Darling. 

-Muy bien, Wendy. Puedes sentarte si te apetece. 

El joven se echó sobre una butaca cualquiera y se puso cómodo, después sacó una pequeña flauta de pan y se puso a tocar una canción que Wendy no logró reconocer. Quería preguntarle más cosas al chico, saberlo todo de él. No era consciente de que sus padres la habían enviado con su tía a causa de esa actitud infantil y esos caprichos de niña pequeña pero ella seguía actuando igual que siempre. Cuando se disponía a hablar, una voz desconocida la interrumpió en su intento. 

-¿Por qué siempre te pierdes?- dijo la voz que cada vez se acercaba más- Peter nos lo dejó muy claro: “la segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer.” Con estrella se refiere a las plazas que tienen en el centro una estrella dibujada y con amanecer se refiere al teatro... ¡No es tan difícil!

Peter le dedicó una sonrisa divertida a Wendy mientras levantaba su ceja izquierda y dejaba de tocar. Ella pudo descifrar que tras esos ojos había una gran ternura hacia la persona a la que pertenecía la voz y no se sintió tan mal por haber sido llevada a ese lugar contra su voluntad. 

-Nos llamamos los niños perdidos, ¿qué esperabas? ¿que nunca me perdiese?

Dos niños vestidos con harapos irrumpieron en la sala y sonrieron al ver a Peter mientras lo llamaban corriendo hacia él. El joven se levantó y los cogió a ambos, elevándolos del suelo y dándole un fuerte abrazo. Wendy jamás había visto algo como aquello, ni su padre había hecho eso cuando John y ella eran más pequeños. 

-¿Dónde has estado esta noche?- dijo el que parecía más pequeño-Nosotros hemos ido a cazar indios pero no hemos conseguido ninguno. ¿Y Campanita? ¿No ha ido contigo? 

Peter negó con la cabeza y sonrió a los niños.

-No, era muy peligroso. Veréis, he ido a la casa de la bruja a buscar mi sombra... Estaba a punto de encontrarla cuando esta señorita- dijo señalando a Wendy- se ha interpuesto en mi camino, alarmando a todo el mundo de que estaba allí. Cuando creí que estaba perdido, que la bruja Mary me iba a comer... La he secuestrado y la he traído conmigo. ¿No lo veis? Ahora podemos sobornarle para que me devuelva mi sombra.

-¡Eh! Mi tía no es una bruja. Bueno, un poco sí pero no...- Wendy no pudo terminar la oración ya que una chica rubia, más o menos de su edad, entró en el teatro gritando y algo alterada.  

-¡Peter, Peter! ¡Tenemos que huir! ¡Hook viene a por ti!  


Peter se levantó y la miró, con un semblante serio y de preocupación. Corrió hacia ella y hablaron en susurros. Ni Wendy ni los niños oyeron lo que decían. Wendy pensaba en lo que había dicho. Hook, le sonaba familiar, Hook... ¡Ella le conocía! Era aquel policía tan majo que siempre hablaba con ella y la ayudaba en todo lo que podía. 

-¿Cómo ha descubierto dónde estamos, Campanilla? ¿¡Cómo!?

La chica, a la que había llamado Campanilla enrojeció y agachó la cabeza. Miraba a un punto fijo y no quería responder a pesar de las insistencias de Peter. Finalmente, reconoció que había sido ella la que había traído a Hook hasta allí, después de que la matasen los celos al ver a Peter con una chica corriendo callejón abajo. 

-Ya hablaremos de esto, Campanilla...- dijo con cierto tono despreciativo.- Bien, no dejaremos que nos pillen. Llegó el momento de luchar. ¡Vamos, salid de vuestro escondite y a ayudar! 

De diferentes rincones del teatro aparecieron varios niños y todos se acercaron en torno a Peter. Wendy no sabía qué hacía allí pero podía comprobar, con bastante satisfacción, como Peter le dedicaba miradas furtivas. Estaban hablando de un plan para echar a Hook y sus ayudantes del teatro. Para sorpresa de la chica, en el plan entraba ella. Al principio se negó en rotundo, no quería poner su vida en peligro por una panda de chicos que apenas conocía. Las damas no se rebajan a ese nivel. 

-Venga, Wendy. Ya eres parte de esto. Si todo sale bien te nombraremos madre de los niños perdidos.

-¿¡Qué!? ¡Ese puesto era mío!

-Ahora no, Campanilla. Estamos en peligro y faltará poco para que Hook y sus hombres lleguen. No permitiré que se lleven lo que nos quedan, ¡nunca jamás! ¡Manos a la obrar pues!

En unos cuantos segundos, todo estaba arreglado. Wendy se encontraba en mitad del escenario, con una especie de arnés puesto bajo el camisón. Realmente estaba asustada, no podía imaginar lo que le pasaría si algo salía mal. Peter terminaba de colocarle la seguridad para que nada malo le pasase. Tras eso se quedó quieto, mirándola. Le levantó la barbilla para que ella se perdiese en el mar de sus ojos.

-No dejaré que nada malo te pase, Wendy.- le dijo de manera que solo ella pudo oírlo- No te dejaré caer, confía en mi. ¡Ah! no te olvides de pensar en cosas bonitas así esto funcionará mejor

Ella asintió y tras un grito de un niño avisando de que ya se acercaban, todos se pusieron en sus puestos. El lugar quedó en silencia y a oscuras. Wendy tardó unos segundos en que sus ojos se acostumbrasen un poco y pudiesen percibir las formas de los objetos que tenía ante ellos. Las voces masculinas impregnaron rápidamente el lugar y Wendy rezó para que aquello saliese bien.

Hook entró en el lugar, segundo de sus hombres. Ella lo reconoció por aquel bigote tan característico así como por su uniforme. Prendieron las luces del teatro y bajaron por las escaleras de las butacas hasta quedar debajo del teatro. Todos apuntaban con armas a Wendy. 

-¡Bajad las armas muchachos! Es Wendy. Querida, ¿qué hace aquí? 

-Eso querida, ¿qué haces aquí? 

Era la misma voz que la de Hook pero no había provenido de su garganta, de hecho ni siquiera había abierto la boca. Wendy descartó la opción de que Hook fuese un ventrílocuo y sonrió al darse cuenta de que había sido Peter el que le había imitado. 

-¡Pan! Sal de tu escondite. Vamos señor Smith, muévanse y busquen a ese bastardo. 

-¡James!-dijo Peter entre las sombras volviendo a imitar al pobre Hook- Yo que usted me encargaba de la dama, no sabrás cuando saldrá herida. 

Hook abrió los ojos de par en par y observó a Wendy. Por un segundo, temió por la vida de esta y se acercó a ella para poder cogerla. En ese momento Wendy pensó en todas las cosas bonitas que tanto le gustaban. Cuando las manos de Hook se iban a posar sobre sus preciosas caderas, ella voló por los aires y una risa se le escapó de entre los labios.

Hook maldijo y no tuvo tiempo de moverse del sitio cuando Peter voló en dirección a él y le pegó un buen puñetazo que acabó con el pobre Hook en el suelo sangrando. 

-¡Agente herido!-gritó Peter y después de eso los niños perdidos salieron, con armas de madera en mano, a alejar a aquellos molestos policías. El señor Smith se acercó a su superior y lo arrastró hacia la salida mientras se iba explicando a sí mismo lo que había sucedido y la explicación que le darían a su jefe cuando le preguntase por qué no había atrapado a aquellos mocosos. 

Las cuerdas que mantenían a Wendy en los aires se destensaron y comenzó así la caída en picado. Creía que se iba a estampar contra el suelo cuando unos fuertes brazos la cogieron y la salvaron. 

-Te dije que nunca te dejaría caer. 

Habían echado a Hook y a sus secuaces de su escondite una vez más y esta vez había que celebrarlo. Tras pasarlo realmente en grande y con gran pesar, Wendy pidió que la llevasen a casa. Peter aceptó pero no dejó que nadie lo acompañase ni siquiera Campanilla con la cual seguía enfadado. 

En el recorrido del teatro a casa de su tía Mary, Wendy le preguntó a Peter a qué venía aquel comportamiento y él le contestó cuando ella había perdido toda esperanza de obtener una respuesta. 

-Somos un grupo de huérfanos que no quieren estar en un orfanato bajo ningún concepto. Yo me escapé de uno y Campanilla me siguió, aunque ese no es su nombre real...Ni siquiera recordamos nuestra auténtica identidad, no sabemos la fecha de nuestro nacimiento y desconocemos nuestro origen. Por eso permanecemos juntos, sobreviviendo día a día y enfrentándonos a todas esas aventuras.- sonrió tristemente mientras reunía valor para seguir hablando- ¿Sabes? Le cuento historias a los niños. Diciéndoles que Hook es un despiadado villano que intenta arrebatarnos toda la diversión aunque en realidad solo intenta enviarnos de vuelta a un orfanato. Les digo que salgo a buscar aventuras cuando solo trato de conseguir comida para que ellos, para que sus estómagos no rujan en mitad de una noche fría. Vivimos en una especie de juego constante y ellos...parecen felices. Incluso salen a “cazar indios”, pero en realidad buscan cosas con la que decorar nuestro pequeño hogar.

A Wendy se le partió el corazón al oír aquella historia. No podía imaginar lo que había sufrido ni lo que Peter había tenido que hacer para mantener a esos niños así de contentos.  Entre la charla habían llegado a su destino y el joven se ofreció a subir de nuevo por la tubería para dejarla en la habitación. Antes de que se fuera Wendy lo paró y Peter se sentó en el alfeizar de la ventana, esperando al siguiente movimiento de la chica. 

-¿Qué es tu sombra en ese juego que jugáis los niños perdidos y tu?- dijo en un susurro. La casa estaba demasiado tranquila, seguro que nadie se había dado cuenta de que ella, Wendy Moira Angela Darling, había desaparecido. 

-Es... lo único que conservo de mis padres. Un pequeño medallón con mis iniciales. Tu tía me lo confiscó como fianza por la ropa que había robado de su tienda...

Wendy se llevó la manos a su cuello, sorprendida. Cogió la cadena que reposaba sobre este y lo desabrochó para después entregárselo. Peter lo cogió y lo apretó entre sus manos, notablemente agradecido. 

-Peter... ¿Volveré a verte? 

-Por supuesto. Tienes algo que me pertenece y siempre te ha pertenecido. 

-¿Ah sí? ¿El qué?

Peter sonrió y se acercó lentamente a su rostro hasta que sus labios quedaron a escasos centímetros. Tras unos segundos de dudar, sonrió y los juntó en un beso dulce, cálido y largo. 

-Mi corazón. 

No tardó en desaparecer de la vista de la joven y ella se preguntó si de verdad lo volvería a ver o solo había sido un sueño. Pero Peter no volvió al día siguiente, tampoco  al otro. Y los meses pasaron sin noticias de aquel chico de la ventana. Wendy ya había perdido toda esperanza, cuando una nota apareció debajo de la puerta principal dirigida exclusivamente a ella. En papel manchado y   en negro con una excelente caligrafía recitaba: 

“La segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer.”

¡Ooooh! ¿Lo has leído? Increíble... no creí que fueses a hacerlo. ¡GRACIAS! 

4 canciones:

Anónimo dijo...

Creo, que esa frase la escuché a lo largo del día. :)
Me ha gustado mucho, ciertamente no me esperaba una adaptación de Peter Pan, porque el principio tenía pinta de historia de miedo.

Meri dijo...

He leído muchas adaptaciones de Peter Pan, y esta es una de las que más me ha impresionado.
Buen trabajo. *aplausos*

María :) dijo...

Dioooos mío, creo que me he enamorado de este relato *-*
Simplemente me encanta, escribes genial, de verdad ;)

Ailin Galante dijo...

Perdon por leerlo tan tarde!! quiero que sepas que ame estr relato, casi lloro :'D

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