La mejor persona que había conocido

lunes, 14 de julio de 2014

Se encontraba allí, sentada en el suelo de la carretera. No sentía miedo, los coches no podían atropellarla. Nadie podía hacerle daño en ese preciso instante. 

La noche era cálida, típica de verano. El sol se había ocultado tarde, más tarde que de costumbre. Las luces de la calle estaban apagadas y no se encendería. Esa noche no. La brisa suave aliviaba el calor que podía sentir el cuerpo de la chica y lograba que en ocasiones se estremeciese. 

Suspiró mientras unas lágrimas tímidas recorrían sus mejillas. Era increíble cómo todo podía cambiar en un segundo. Cómo ella podía pasar de estar alegre a estar triste en una milésima. ¿Y todo por qué? ¿Para qué? Sufría por alguien que ni se preocupaba por ella, alguien por el que lo había dado todo y a cambio solo le pagaba con negativas. 

No le importaba, le gustaba dar y nunca esperaba nada a cambio, nunca lo hacía. Pero esa vez era diferente, era la segunda vez que se entregaba de aquella forma a la misma persona y esta no parecía interesada en lo que obtenía sin ningún esfuerzo. No veía lo mucho que le ayudaba sentir su compañía y librarse de sus problemas. No, él no lo veía.   

Había abandonado a todos por él, por esa sonrisa, por su forma de ser que la volvía loca. Había dejado de lado a sus amigos incluso, casi, había dejado de lado a su familia. ¿Cómo se sentía en ese momento cuando sabía que no podía contar con nadie? Seguro que marcaba el número de alguien y solo le decían que se olvidaran de ellos que no querían saber nada de sus problemas. 

Cerró sus ojos y se echó sobre la carretera. Esperaba que algún coche viniera y acabase con su misera vida pero la calle estaba cortada y ningún coche traspasaría las pequeñas paredes improvisadas para atropellarla. 

Su bolsillo vibró y una música lenta invadió la silenciosa calle. La chica lo cogió pero no habló, sus lágrimas no se lo permitían. 

-¿Dónde estás?- quería responder pero no salían las palabras. Tras varios segundos de silencio donde solo se escuchaba la respiración de la persona que estaba al otro lado del teléfono, la chica volvió a oír la voz- Entiendo...

Colgó. Se sentía terriblemente mal. No había podido hablar aunque sabía que debía hacerlo. Las lágrimas salieron con mayor rapidez y no aguantó más en silencio. Lloró ruidosamente, tratando de ahogar el sonido de su tristeza con su mano pero apenas lo conseguía. 

Se calló al escuchar unos pasos detrás de ella. Se quedó expectante, con las manos sobre su boca y los ojos muy abierto y enrojecidos. Alguien se tumbó a su lado y agarró una de sus manos apretándola fuertemente y colocándola sobre el pavimento. 

-¿Estás bien? 

La chica negó con su cabeza. No podía creer que estuviera allí, que a pesar de todo se preocupase por ella. Después de lo que había hecho, hubiera entendido que no volviese a hablarle pero ahí estaba, junto a ella como otras tantas veces.

-Sé que es difícil pero tu puedes con esto. Te he visto luchar antes, eres fuerte, más de lo que piensas. Esta batalla no va a ser la que te mate, ¿me entiendes?

Eso era lo que hacía siempre. Comparar el amor con una guerra, donde había vencedores y vencidos. Si perdías una batalla no era sinónimo de perder la guerra. ¿Y qué sabía? Nada, solo daba consejos a personas como ella, con el corazón roto. El caso era que siempre acertaba y nadie sabía cómo lo hacía.

-Lo siento, te he dañado otra vez- por fin pudo hablar aunque su voz se rompió al terminar la oración.

-No, solo hiciste lo que sentías. Nunca me hiciste daño, solo te alejaste. ¿Qué creías que ahora no te iba a volver a dirigir la palabra?- la chica asintió y la persona que estaba a su lado rió-¡Tonta! Yo sé cuándo tengo que apartarme y cuando me toca volver a la escena. Eso es lo que hago, para eso estoy. ¿Recuerdas esos para siempre que él te prometía? Todos mentira ¿verdad? Lo suponía, esa palabra, siempre, es pura mentira. Por eso a mi no me oirás decirlo nunca. Yo demuestro no digo gilipolleces.

La chica sonrió ante su comentario y miró a su acompañante durante unos segundos. Nadie poseía tanta perfección.

-Tu no lo entiendes.

-¡Claro que lo entiendo! ¿Acaso nuestra relación no es lo mismo? Siempre a tu lado, en lo bueno y en lo malo. Esos tipos a los que llamas novios, no durarán eternamente, se irán y ¿quién estará allí para curarte las heridas?

-¿Tu?

-Exacto, yo y nunca me oirás quejarme por ello ni echarte las cosas en cara. Hacemos cosas, nos equivocamos y tratamos de rectificar. Los que no te quieren de verdad se van y los que sí se quedarán siempre aunque sea dentro de nuestro corazón...

Entonces la chica posó sus ojos en ella, su amiga. La mejor persona que había conocido, la que la ayudaba sin pedir nada, la que la escuchaba sin juzgarla y la que le prometía que hiciera lo que hiciese siempre la apoyaría estuviese de acuerdo con sus acciones o no. Y hasta ahora lo había cumplido.

Y se dio cuenta de que los mejores amigos no te abandonan, que se quedan para siempre y que aguantan todas tus locuras. Te dan un hombro en el que llorar cuando todo está mal y aseguran que mataran al imbécil que te ha hecho daño. Y te ríes, porque sabes que amenaza mucho pero luego entiende que las cosas son mejores así.

-Gracias por todo. Gracias por ser tu.

3 canciones:

Miss Awkward dijo...

Aw :')

Ana Isabel dijo...

Aaaaaay!!!! qué bonito!!! *-*
Me ha encantado.
¡¡Olé por esas amigas que están en lo bueno y en lo malo aunque no te lo esperes ni tú!!

Un beso! ;)
http://myworldlai.blogspot.com.es/
PD: Estoy de vuelta por Blogger. Te espero por mi blog. ^^

Ailin Galante dijo...

Awww que dulce :')
Y justo lo leo un día después del día del amigo.

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