A mi manera ~ La bailarina y mi ventana (Parte 1)

jueves, 27 de noviembre de 2014

Dicen que cuando conoces al amor de tu vida, el tiempo se para. Y tienen razón.

Estaba asomado a la ventana, oliendo el aroma que ofrecía la ciudad. Los coches pasaban a toda velocidad, algunos se detenían amablemente para dejar pasar a los peatones que habían decidido salir a la calle a disfrutar del maravilloso día que se presentaba ante nosotros.

Bueno, muchos podrían decir que no era el día más bonito del mundo. Pero, para mí, cualquier día bajo el amplio cielo era un auténtico regalo. Las nubes pasaban muy lentamente movidas por el frío viento que entraba por mi ventana, inundaba mi casa y se alejaba para inspeccionar más rincones de la ciudad.

Entonces la vi, allí estaba, bajándose del autobús de la línea 3. Se encontraba algo lejos de mi como para poder admirarla de cerca pero la contemplé lo suficiente para entender la belleza que existía en ella.

Fue en ese mismo instante, sus ojos se giraron para mirar el extremo de la calle donde se alzaba mi edificio, cuando el tiempo se paró. El viento quedó suspendido sobre la ventana, las manecillas del reloj de la cocina se pararon, los pájaros dejaron de cantar, la gente se detuvo en un paso inacabado. Todo a mi alrededor se paró pero podía sentir los latidos de mi corazón en el pecho, golpeando fuertemente, intentando salir, pidiendo a gritos estar más cerca de aquel ángel que había parecido caer directamente del cielo.

Pero ella volvió a girarse y prosiguió su camino y el mundo volvió a su eterno ruido. Debí admitir que me sentí desilusionado. Necesitaba, con extrema urgencia, saber su nombre, conocer su historia y ser parte de ella. Al menos sabía una cosa: asistía a clases de ballet. Quizás habían sido sus mallas o su mochila de deporte lo que me dio aquella certeza o tal vez el moño rubio que, tan perfecto, reposaba sobre su cabeza. Quizás, lo que me dio la pista fue verla entrar en la academia de baile que tenía justo en frente.

El corazón subió hasta mi garganta al comprender que aun quedaba una oportunidad.  Me desplacé, como mayormente pude, hasta la ventana que había en mi despacho. Desde allí había unas vistas hermosas de una de las clases de ballet…

Rogué a Dios, al Destino o a lo que fuera aquello que manejase el mundo, poder volver a ver a la joven. “Por favor, por favor, por favor” parecía un niño pequeño pidiendo por un nuevo juguete.

Abrí los ojos y mi rostro se iluminó, allí estaba otra vez. Era ella sin duda y estaba tan guapa… Era tan perfecta que supe que no era merecedor de contemplar a tal creación pero tenía el privilegio de hacerlo y no lo desperdiciaría. Había más jóvenes en la clase, pero ninguna como ella, destacaba la que más y había un aura rodeándola que te quitaba el aliento.

Sentí morir al verla bailar. Mis lágrimas acudieron rápidas a mis ojos, había tanta emoción, tanto dolor en cada simple movimiento. ¿Qué le había pasado a un ángel como aquel para poder sentir algo tan desgarrador?  Nadie, y menos ella, debía sufrir de aquella manera.

Permanecí una hora en aquella ventana, mirando cada movimiento, cada pequeño gesto que salía de su rostro. Maldije al ver que la clase había acabado y que todas empezaron a recoger. Me sorprendí al ver cómo ella se giraba y me miraba directamente a mí. Me estremecí al sentir sus intensos ojos clavándose dulcemente sobre mi ser.  El mundo volvió a parase, incluso parecía que desaparecía todo a nuestro alrededor y solo quedábamos nosotros dos, en una habitación oscuro y vacía demasiado separados como para poder tocarnos, como para poder escucharnos… 

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