A mi manera ~ La bailarina y mi ventana (Parte 2)

viernes, 28 de noviembre de 2014

Desperté cubierto en sudor. De nuevo las pesadillas invadían mi apacible sueño. Lo ocurrido en esos horribles meses me atormentaba una y otra vez hasta hacer de mi existencia algo insufrible.  Pero parecía que una pequeña cosa había cambiado, antes de despertarme donde solía acabar la maldita pesadilla, la había visto bailando en ese escenario oscuro en los que siempre nos sumergíamos cuando nuestras miradas se chocaban, al menos eso era lo que me ocurría.

Ya hacía por lo menos una semana que la observaba. Venía a las cinco, en la línea 3. Subía corriendo los escalones de la academia y aparecía en su clase con las mejillas sonrojadas por la carrera. Soltaba su mochila, me miraba, sonreía y comenzaban los calentamientos. Después, cuando la hora pasaba (¡y qué rápido acababa!), ella pedía permiso a la profesora y se quedaba un rato más y bailaba para mí. Solo para
mí. Era consciente de que yo la observaba embobado pero era demasiado inteligente y se hacía la tonta, como si no supiese de mi existencia.  Cuando daban las seis y media, recogía sus cosas, echaba una última ojeada hacia mi despacho y se marchaba a la parada del autobús, esperando que apareciese pronto.

Pero aquel día, justo cuando mis pesadillas cambiaban, algo en nuestra rutina diaria también cambió. Después de la clase, ella esperó a que todos se marchasen y, cuando estuvo completamente sola, se sentó frente al gran ventanal. Mi respiración empezó a ser irregular y mi corazón palpitaba a toda velocidad.

Sacó de su mochila una libreta, escribió algo y la pegó a la ventana. Pude leer perfectamente lo que en ella ponía “¿Disfrutas del ballet?”. Una sonrisa surcó mi rostro, ¿qué si disfrutaba…? Era mejor escribírselo, me acerqué hasta mi escritorio y busqué papeles, cualquiera me serviría.

Solo si eres tú la que baila” lo pegué contra el cristal y pude ver como su rostro se iluminaba por una milésima de segundo.

Me llamo Amira, ¿y tú?” pestañeé un par de veces y volví a leer la página hasta que reaccioné.  ¡Qué nombre! Digno de una princesa…

Mi nombre es Adolphe” cogí otro trozo de papel y volví a escribir en él “¿Por qué tanto dolor cuando bailas?” Amira frunció el ceño y después agachó la cabeza para escribir.

A veces estoy dolida porque bailo, otras veces bailo porque estoy dolida, sea como sea bailar lo arregla todo” me costó un poco leer las palabras, estaban algo emborronadas por la rapidez con la que las había escrito. No había entendido muy bien el significado de sus palabras...Iba a responderle cuando algo la sobresaltó. Al parecer había sonado el móvil en la sala y ella no tardó en cogerlo. Asintió un par de veces mientras me miraba algo angustiada y apenada. Cuando colgó, volvió a sentarse y escribió. “Me tengo que ir. ¿Mañana a la misma hora?

Contemplaba mi rostro algo desesperada por saber mi respuesta. Le sonreí, asentí con la cabeza y la vi marchar. Quedándome asomado a esa ventana que tantas veces había ignorado pero que ahora me encantaba. Ella, ella tendría unos cuantos años menos que yo pero no me preocupaba. ¿Era cosa mía o mis sentimientos eran correspondidos?

Una semana después, cuando ella se despedía de mí una vez más, mi teléfono hizo aquel sonido que tan poco me gustaba. Resoplé y miré al aparato infernal. ¿Qué querían ahora? Como fuese para preguntar cómo estaba, juraba por mi tumba que el teléfono acabaría estampado contra el suelo de la calle.

-Adolphe al habla.

-¡Hombre! Al fin lo coges, llevo toda la tarde llamando.- fruncí el ceño. Debía estar mintiendo ya que yo no había escuchado nada pero el teléfono no engañaba, había cinco llamadas perdidas.- ¿Cómo estás?

 -Estoy… ¿Cómo se supone que debo estar?

-Entiendo. Es normal, no ibas a estar genial después de la guer…

-No lo digas. Estoy bien, ¿vale? ¿Para qué has llamado?- comenté con un tono frío, ese pez gordo no sabía nada sobre lo que había sufrido.

-Quería quedar contigo mañana a las cinco. Tengo algo muy importante que decirte.

-¿A las cinco?- mi cabeza solo podía repetir una cosa “Amira”- No, no puedo. Ya tengo un compromiso.


-Pues cancélalo- su voz sonó demasiado amenazadora como para rechazarla y supe que no podría negarme a aquello.

-Está bien- dije suspirando, resignado a no ver a mi querida bailarina bailar una tarde más- Iré. Más te vale traerme un coche a la puerta de mi casa.


Tras detallarme los acuerdos para el día siguiente, colgó y yo me quedé observando la sala de baile que permanecía oscura. Imaginé una vez más a ella bailando, dando volteretas y poniéndose de puntillas. Después me imaginé que yo estaba junto a ella, sonriéndole y deleitándome con sus pasos. Imaginé que ella paraba de bailar, se acercaba a mí y me besaba, tomándome por sorpresa pero respondiendo a ese beso de buena gana. Sacudí mi cabeza para apartar aquella tentación de mi mente, no tenía ninguna posibilidad de que ocurriera algo así. 

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