Lo que más me gusta

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Lo que más me gusta es cuando cruzamos el umbral en silencio y cansados después de la velada con amigos. Cuando estamos con ellos, parece que no somos una pareja.

Ella sube los escalones con cautela mientras yo me dedico a cerrar con llave y a apagar las luces. Escucho cómo cierra la puerta del baño. Es imposible no sonreír. Me decido a subir y, en el camino, me deshago de la corbata que ya empieza a asfixiarme. Llego a nuestro cuarto y me quito los incómodos zapatos. Cuando me los puse por la tarde, se sentía como andar en una nube pero ya eran demasiadas horas seguidas sin liberar mis pies…

Ella sale sin decir nada y sin esa máscara de maquillaje en el rostro que cubría todos y cada uno de sus perfectos rasgos. Ella odia que piense así por eso me guardo mis palabras.

Se sienta en la cama y se deshace de sus tacones. Yo me quedo inmóvil por culpa de sus piernas, me vuelven loco. Todo en ella me vuelve loco. Comienza a descender sus medias dejando ver su suave y
brillante piel. Sin que yo se lo pida, se está desnudando.

Como acto reflejo, me quito mi chaqueta y la cuelgo en su sitio. Al volver la vista a ella, ya se ha levantado y ha colocado las medias en su cajón. Trago saliva sin querer. Vamos, ¿acaso soy un muchacho de quince años? ¡Es mi mujer! Ni que fuera la primera vez que la vieses quitándose ese vestido negro. No, no puede ser. Veo por fin su ropa interior. Es perfecta. Su cuerpo fue esculpido por ángeles y ella no lo sabe. Siempre se está quejando: mira qué muslos, mira qué culo… Yo obedezco, para una vez que la puedo mirar sin que me regañe. Pero ella no ve lo que yo veo, ni por asomo.

Tan absorto estaba en mis pensamientos que ella se ha dado cuenta y me mira con esa expresión que indica que quiere saber lo que pasa por mi cabeza y con el vestido aún en las manos. Carraspeo y la ignoro mientras me voy quitando uno a uno los botones de mi camisa y la cuelgo.

─Ha sido divertida la velada.

Ah, qué lista es. Ha empezado a hablarme solo para desviar la conversación al tema que le interesa de verdad. Es que la conozco como la palma de mi mano, no se me escapa ni una. Y, por desgracia, a ella tampoco.

Le contesto de la mejor manera que sé mientras me desabrocho el cinturón. Le comento lo que me ha parecido mejor y lo peor. Pero ella sigue allí de pie, sin buscar el pijama, colgando el vestido con mucha delicadeza. ¿Por qué me sigue tentando? ¿Cuánto tiempo va a durar mi agonía? La miro sin saber muy bien qué intenciones tiene. Aunque haya dicho que la conozca, hay veces que se me escapa de las manos sin yo proponérmelo.

─Estaba deseando llegar a casa─ dice ella con una media sonrisa que oculta tras su sedoso pelo.

─ ¿Qué? ¿Por qué?─ intrigado me tiene. ¿No será nuestro aniversario? No, ni en broma, no se me olvida ni uno… ¿Qué es? ¿Qué es, mujer?

─Lencería nueva. De verdad, los hombres os fijáis muy poco en esas cosas─ está a tan solo unos pasos de mí y yo me quedo sin palabras con las que contraatacar.

Finalmente, le sonrió. Claro que me había fijado. Como si fuese tonto. Lo que pasa es que no le quería decir nada. Quizá solo lo hacía para sentirse guapa consigo misma pero jamás imaginé que lo haría por mí. Sin embargo, no me interesa tanto eso. Ella es guapa al natural, sin ropa sugerente.

─Por favor, es evidente que es nueva─ le susurro incapaz de salir de sus hermosos ojos marrones. Muchos dirán que son feos, que los azules son mejores. Eso es porque no se han mirado en los ojos de mi mujer. Me avergüenza ver mis reflejos en ellos. Son perfectos, no tengo que llegar yo y estropearlos con mi estúpido rostro─.  Sé que, probablemente, haya costado un pastón pero… ¿por qué no te la quitas ya?

─Eres muy lanzado, señor Díaz─ me dice con esa voz que me derrite por dentro─. Realmente me estaba aburriendo en esa cena. Solo podía pensar en ti, en tu pelo, en tus labios… En todo tú y tú parecía que ni me mirabas ni por un segundo.

─En ese tiempo en el que pensabas que no te apreciaba, era cuando te estaba mirando. Es que me tienes encadenado… Si yo también estaba deseando llegar a casa.

─Ya, ya, eso lo dices ahora. Pero seguro que te lo estabas pasando en grande con sus amigos.

 Ruedo los ojos al ver que se gira y le agarro suavemente de la muñeca para que no me dé la espalda. Tan típico de ella. Mostrar enfado cuando, en realidad, solo está jugando. Me costó años averiguarlo pero ya puedo reconocer cuando está o no está enfadada de verdad. Tiro un poco de ella hasta acercarla a mí y rodeo su cintura para evitar que se escape.

─Tonta.

─Tú más.

Y sin decirnos ni una sola palabra más, nos fundimos en un suave beso. Si es que, dirán lo que quieran del amor pero, cuando estoy con ella olvido todo y a todos. Solo existimos nosotros dos en esa habitación que nos parece demasiado pequeña. Si es que, cuando estoy con ella, vuelvo a tener quince años. Vuelvo a la primera vez, a cuando la conocí y, por más tiempo que pase, los nervios nunca se me quitan.

Girl With The Red Balloon

miércoles, 16 de diciembre de 2015


La pareja entró al restaurante. El ambiente estaba cargado. La gente charlaba entre ellos mientras el humo ascendía, intentando encontrar una bocanada de aire limpio. El lugar era acogedor; las paredes empapeladas con un fondo “vintage”. Los muebles de madera oscura. Las luces tenues y amarillas hacían que las sombras se movieran al son de una música inexistente.

Él le señaló una mesa libre y la joven, vestida de blanco, asintió, sonriente y coqueta. Se sentaron en los cómodos sillones adornados de un delicioso rojo. Comentaron la decoración, hicieron bromas sobre algunos de los presentes. Se pasaron un cigarro que se consumía lentamente entre sus labios.

La camarera le hizo una señal a su compañero para que apreciase quién acababa de entrar. Él se encogió de hombros, algo cohibido. La camarera suspiró y se acercó, agarrando fuertemente la pequeña libreta. El mejor vino y el mejor plato de la carta. Como no, lo mejor para aquella joven que traía problemas. Solo pensar en ella, un escalofrío recorría todo su cuerpo.

Se internó en la cocina y le dejó el pedido. Por desgracia o por fortuna, tenía que seguir trabajando y no podía esperar a que la joven desapareciese. Así que salió para ver si alguno de sus clientes deseaba algo más.

Allí seguían. Bebiendo, fumando y riendo. Parecían un único ser. Parecían tan enamorados… Pero la realidad era muy diferente. Él se había dejado engañar por una cara bonita y unos ojos que hipnotizaban. La joven con el vestido de blanco solo estaba jugando. Un juego en el que solo había una única ganadora: ella.

La joven se levantó, pegando un golpe en la mesa. Todo el restaurante siguió con su normalidad pero la camarera lo había presenciado todo. La conversación que mantenían se había vuelto más violenta que antes y ella había explotado, como solía hacer.

could be good for a engagement photo. take the balloons and have them hold hands or something..: Vio cómo la joven salió del local. Se acercó a la ventana para poder apreciarla a través del cristal. Ella, su vestido blanco y un globo rojo. Lo sujetaba con gracia mientras que el aterrador caballero la seguía, desesperado y asustado. Ella le sonrió al verle. Esa sonrisa que no deparaba nada bueno. Sin pensarlo más, soltó el globo.

¡Pobre hombre!  Él corrió. Corrió todo lo que sus piernas se lo permitieron pero el globo iba elevándose más y más en el aire y ya estaba demasiado lejos como para poder alcanzarlo. Él se derrumbó en el suelo, quedando a cuatro patas. Intentaba recuperar el aliento pero lo cierto era que los minutos corrían en su contra.

Dentro del local, un golpe seco y gritos de los comensales, lograron que la camarera se girase para ver lo que sucedía. En aquella mesa, se encontraba el cuerpo sin vida del caballero que había acompañado a la joven vestida de blanco. Un hilo de sangre recorría su boca y manchaba lentamente el mantel. Y sus ojos se habían quedado totalmente abiertos ante el horror de ver a su corazón alejarse de él poco a poco. 

Otra vez. Otra vez había hecho de las suyas. No entendía cómo podía jugar de esa manera con los sentimientos de la gente. No entendía cómo les arrebataba el corazón a sus pretendientes para luego soltarlos y dejar que volasen lejos de ellos. Jugaba con la suerte, con su sonrisa. Encandilaba a los hombres enamorados para que fueran pecadores y, luego, hacerles ver la auténtica realidad.


Pero es que, ¿qué se podía esperar cuando te encontrabas con la joven vestida de blanco? Tan inocente, tan pura. Con cara de ángel y sonrisa de demonio.

When you were asleep

domingo, 6 de diciembre de 2015

La habitación está totalmente oscura. El silencio solo es roto por unas leves notas de piano. Ya hace tiempo que mis ojos se han acostumbrado a la oscuridad. Sé que dijimos que íbamos a dormir pero… no puedo. Me cuesta mucho cuando estás a mi lado. Lo intenté pero con escasos éxitos. Quizá mi mente se alejó de la realidad unos segundos pero poco más. Ahora que estoy despierta, no puedo hacer nada más que mirarte. Porque tú sí que te has entregado a los brazos de Morfeo.

Debo sonreír. Lo siento, es inevitable. Muchos dirán que es raro o que estoy loca pero lo que me apetece es estudiar todas y cada una de tus facciones. Quiero cerrar los ojos y poder recordar este momento tan perfecto.

Si te digo la verdad, casi ni me lo creo. Yo, tumbada en tu cama, con tus brazos rodeándome. Estoy segura de que soy la chica más afortunada de este planeta. Eso o tal vez estoy soñando. Si, deber ser. Esto no es real y yo estoy sola en mi cuarto imaginándome cosas, otra vez. Pero por más que me pellizco, tú sigues ahí. Aprovecharé ahora para pensar en todo lo que me gustaría que supieras.

Puede que ni lo intuyas pero fuiste una luz cuando apareciste. Yo estaba perdida en un mar de oscuridad hasta que me tendiste tu mano. Quizá no lo digo suficiente. Quizá no me expreso en el momento indicado. Pero eso no significa que no lo sienta, que no me preocupe. Te admiro, ¿cómo puedes tener ese valor para aguantarme? No soy fácil lo sé. Muchas veces ni me entiendes pero a pesar de todo, me mantienes a tu lado. Sobre todo cuando ni yo misma sé lo que me ocurre.

Nunca he sentido esto por nadie. Es tan fuerte que asusta. Poco a poco lo voy asimilando y estoy viendo alguna que otra mejoría. Me haces ser mejor, me haces esforzarme para seguir por el camino indicado. Estoy es demasiado cursi aun tratándose de mi pero ¿qué más puedo hacer? En estos instantes no puedo pensar en otra cosa.

Oh… te has movido y tus ojos se están abriendo poco a poco. Me miras y sonríes medio dormido. ¿Te has dado cuenta de que llevo un rato despierta, verdad? No pasa nada, no te preocupes. Me gusta verte así.

─ ¿Qué pasa?─ me dices reprimiendo un bostezo.

─ Nada─ digo mostrándote una media sonrisa.


Perdona por la mentira pero son en estos momento cuando me siento incapaz de expresarte todo lo que pasa por mi mente.

A la chica que bostezó en el pasillo

martes, 1 de diciembre de 2015

Sé que no te conozco. Probablemente ni siquiera tengamos muchos gustos en común pero déjame decirte que tienes el bostezo más bonito que jamás haya visto. Y te lo dice todo un experto. He visto bostezar a mi familia, a mis amigos, a desconocidos y ¡hasta a mi perro! Y ninguno de ellos es comparable al tuyo.

Sí, lo sé, suena ridículo: me he fijado en una chica solo por su manera de bostezar. Pero es que no podía evitarlo. Imagínate que te gusta una persona pero odias cómo bosteza. No se podría vivir así… Tu bostezo solo me hace afirmar que eres hermosa hasta en la cama, cuando estás medio dormida - medio despierta. Tu bostezo ha llamado a mi bostezo y eso solo puede significar que eres contagiosa, mucho. Enganchas a la gente con tu belleza.

Bueno, muchos podrían afirmar que en realidad no eres tan guapa. De hecho, los compañeros que estaban sentado a mi lado me han criticado por fijarme en ti. Por eso se han reído a grandes carcajadas y han provocado que te percatases de nosotros. ¡Qué poco saben ellos! Dijeron que necesitabas más maquillaje, más escote y más arreglo en el pelo. Pero, ¿sabes qué? Están equivocados, todos lo están. Eres guapa hasta cuando tú no te lo crees.  Porque piensas que eres fea, ¿verdad? No, no, no y mil veces no. Eres guapa con tu sudadera, con tu vaquero desgastado, con tu melena casi sin peinar y con tus deportivas blancas. Eres guapa hasta cuando arrugas la nariz de esa forma cuando algo te disgusta.

Sabías que estábamos hablando de ti. Pude intuirlo. No temas, te he defendido a muerte. Quizá no te conozca pero todas las personas necesitan ser defendidas de los prejuicios que tienen los que vemos. La vista es un sentido que lo estropea todo. Juzgan a las personas por cómo se ven y no por cómo son. Tranquila, yo nunca haría eso. Nunca te juzgaría por tu manera de vestir, simplemente porque me encanta. Me encantas sin maquillar Me encantas tal y como eres. No cambies nunca.

Tras darle varias vueltas al asunto, decidí escribirte. No te me ibas de la cabeza. Tú y tu bostezo. ¿Por qué me has hecho esto? ¿Por qué yo? Supe inmediatamente que tenías que saber lo que pasaba por mi mente y que no iba a rebajarme como para buscarte por las estúpidas redes sociales. Simplemente, busqué a esa conocida que se sentó a tu lado y le hablé de ti. Le pedí tu nombre y un gran favor: “entrégale esto de mi parte” le dije “entrégale esto de mi parte y me harás el hombre más feliz del mundo” Y lo hizo. Aceptó aunque esa mueca de disgusto no me gustó ni un pelo.

Y ahora estamos aquí los dos; tú leyendo mi carta y yo observándote mientras que en tu rostro se asoma esa media sonrisa que adoro. (Bueno, quizás estés arrugando tu nariz… Lo siento no preveo el futuro)

Porque me enganché a tu bostezo pero fue mucho más. Me enganché a verte todas las mañanas en el mismo banco, a verte cómo sacabas el móvil y resoplabas al ver que aún no era la hora de entrar a clase. ¡Me enganché hasta de tu nombre!

Quizás puedas parar todo esto que siento con tan solo tirar la carta o quizás puedas hacerme el hombre más feliz del mundo con solo hacer un simple gesto. Porque si lo haces, significará que puede haber un futuro para nosotros. Así que bosteza, bosteza, por favor. 

Corazones separados

jueves, 26 de noviembre de 2015

Las canciones no logran que los corazones rotos se reconstruyan. Las vistas más hermosas no logran que nuestros ojos lloren. ¿Qué hice mal para que te fueras de mi lado? ¿Qué pasó para que mi amor no fuera lo suficiente? ¿Otros corazones te dan más calor que el mío? ¿O es que te cansaste de soñar a mi lado? Los sueños son solo nuestros más horribles fantasmas. Nos persiguen, nos apartan de lo que más amamos solo porque sentimos la necesidad de cumplirlos. 

Un gran muro se levantó entre nosotros.  Tus sueños contra los míos. Jamás logramos entrelazarlos, jamás logramos que fuesen más que un impedimento. Te odio pero a la vez te amo. Eres todo lo que una vez deseé. Pero, cuando vuelves a soñar, todo se trastoca y ya no sé lo que anhelo. Ya no sé lo que mi corazón desea. Ya no sé cómo volver a empezar.

Lost in shadows

Fue en ese momento, justo al encontrarse con sus ojos, cuando lo supo. Supo que todo había acabado. El dolor interno era demasiado fuerte como para ignorarlo. Siguió su camino sin siquiera mirar atrás, sin siquiera detenerse a saludarla. No había sido su expresión, tampoco su sonrisa. Había sido el acompañante el que le había hecho comprender que no había más posibilidades.

Corrió calle abajo, notando que en su pecho algo se rompía en mil pedazos. Era tan sensible. Era tan frágil que cualquiera podía hacerle daño, incluso si era alguien que no conocía. Todo a su alrededor era una auténtica arma de destrucción masiva. No pudo hacer otra cosa que llorar. Llorar por lo que no había tenido y por lo que había perdido. ¿Cómo era posible sentirlo de aquella manera si ni siquiera había conseguido besar sus labios? Ni un abrazo, ni unas palabras cariñosas… Unos meros compañeros que pasan el tiempo juntos entre clase y clase.

Maldito el día en el que decidió acercarse a ella. Todo hubiese sido diferente si se hubiera comportado como el antisocial que era. Todo había sido mucho más diferente si en vez de dejarse llevar hubiese tomado el control, como solía hacer. ¿Qué le había pasado entonces? ¿Cómo había podido dejar que ese ser entrase en su vida y destrozase todo lo que había construido tras muchos años?

Descargó toda su furia contra la papelera pero no le era suficiente, nunca lo había sido. “Eres un imbécil. Estás solo. Siempre lo estarás. Ojalá te pegases un tiro. Ojalá nunca hubieras nacido” Todo eso se repetía una y otra vez en su mente. Todo eso le hacía más daño del que debía. Él mismo se estaba rechazando, no era la sociedad quien lo apartaba era él solo el que se apartaba.

A tomar por culo” se dijo finalmente una vez hubo llegado al piso. Se dirigió a su cuarto y rebuscó entre sus cosas. Debía de estar por aquí. Siempre la había tenido por si algún día alguien intentaba robarle pero quizá le podía dar otro uso mucho mejor.

Se arrodilló en el suelo del salón, al menos así podía ser encontrado lo antes posible. Al menos los vecinos no tendrían que rebuscar y se encontrarían con semejante escena nada más derribar la puerta.
Abrió la boca y apuntó a su garganta. Tres segundos y podría apretar el gatillo.

─ ¡Fran! ¡Abre, por favor!

Se detuvo en seco. Esa voz… la reconocía pero no acababa de comprender por qué estaba aporreando su puerta si se suponía que no eran más que compañeros de clase. ¿Cómo se había enterado de que estaba a punto de cometer una locura? Resopló y guardó la pistola en un cajón cercano, podría retrasar su muerte unos segundos más. Abrió la puerta y encontró a una joven muy diferente de la que le había roto el corazón sin si quiera saberlo. Ella no se le parecía ni en lo más mínimo. Pero era mona, eso sí.

─ ¿Qué ocurre?─ le preguntó algo cansado.

─ He venido porque me aburría─ le dijo entrando sin pedir permiso y sentándose en el sofá con una enorme sonrisa. Fran frunció el ceño y cerró la puerta─. Mira he traído un par de juegos y una peli.

─ ¿Pero qué? ¿Por qué?─ se sentó junto a ella observando todo lo que llevaba en una bolsa.

─ No sé, ¿y por qué no? ─ se encogió de hombros y le mostró dos juegos─ ¿Cartas o peli?

─ Cartas─ dijo el chico tras unos segundos de vacilación.

Notaba en la mirada de la chica que sabía lo que le estaba ocurriendo. Ella sabía hasta donde llegaba su locura y aun así había decidido ayudarlo. ¿Cómo era posible? Alguien preocupándose por él. Alguien que no parecía aparcar los problemas cuando los ve. Alguien que había decidido acercarse a él y mimarle

─ Gracias─ le dijo él tras recoger las cartas.

─ No hay de qué.


Miró a la joven y le mostró una media sonrisa. Lo había necesitado desde hacía mucho, unos momentos así, entre amigos. Por primera vez desde no sabía cuándo no se sentía tan solo y la voz en su cabeza que le repetía que era un inútil se había acallado por fin.

Papá, ¿somos los malos?

domingo, 4 de octubre de 2015

─Papá─ susurró el niño escondiéndose aún más en aquel rincón─, ¿nosotros somos los malos?
─Por supuesto que no─ el padre le mostró media sonrisa y le acarició el pelo, tratando de tranquilizarlo. 
─¿Y por qué nos persiguen?
─Bueno, solo porque tenemos ideas muy diferentes de la vida─ suspiró y se sentó a su lado─. Yo quiero cosas. Tengo sueños por cumplir y quiero que se hagan realidad. 
─Eso no tiene nada de malo─ se abrazó un poco más a su peluche al escuchar los gritos en el piso de arriba. 
─Lo sé─ bajó el tono de voz y comenzó a susurrar─. El problema es que soy humano. Cometí un error hará unos cuantos años y a partir de ahí creen que soy el malo. 
─No es justo.  Ellos también cometen errores y son los buenos, todos los adoran. Pues yo los odio.
─Cariño, odiar no lleva a ninguna parte─ oyeron cómo la puerta se abría y los gritos comenzaban a descender por las escaleras─. No permitas que te nuble el pensamiento. Las personas cometemos errores. De eso va la vida. 
─¡Vamos, sal de tu escondite!─ la voz de un hombre resonó en el hueco de debajo de las escaleras.
─Escuchame─ le susurró mientras le rodeaba con sus brazos temblorosos─. Pase lo que pase, me hagan lo que me hagan, nunca recuras a la venganza. Si lo haces, acabarás mal, muy mal. Ten sueños, cumplelos y, si alguna vez te equivocas, asúmelo y vuelve a empezar. Siempre habrá alguien que te odie pero no caigas en el mismo juego que ellos. 
─Déjate de juegos, sé que estás por aquí─ la voz se iba moviendo por toda la habitación. 
─No olvides que te quiero, ¿vale?─ dijo mientras se disponía a salir de su escondite─. Adiós Stephen.
─Adiós, papá.

Tormentas mentales

sábado, 12 de septiembre de 2015

Ya ni siquiera sé si creo en el amor eterno. Uno que dura la eternidad. Si se hacen daño el uno al otro. Si se gritan y ni siquiera son capaces de llorar por lo que pueden perder. Duele saber que acabarás igual. Duele imaginarte si quiera en una situación parecida. Atrapada de por vida en una cárcel de la que no saldrás nunca. De la que no quieres salir para que todo sea mejor.

¿A quién le gusta el dolor? Parece ser que a ellos sí. Parece que a ellos no les importa nadie más. Defenderán después lo contrario. Hablaran de cómo debe ser una pareja pero serán incapaces de aplicarse el cuento. Dar consejo es sencillo. Mirarlo desde fuera  es muy fácil. Están ciego, todos lo estamos. Apreciamos lo mal que lo hacen los demás pero no vemos que nosotros somos peores.

Tengo miedo. No quiero. Me niego a ser así. Sin embargo, no encuentro las herramientas suficientes para impedir el huracán que cada vez se acerca con más velocidad. ¿Ha llegado la hora de cambiar? ¿Puedo hacerlo? ¿Puedo convertirme en una persona distinta a la que soy? Debo hacerlo si mi propósito está tan claro. "Yo no seré así" me repito una y otra vez pero las primeras pruebas de que es mentira van apareciendo. Nadie puede detener un desastre natural y este barco está destinado a hundirse por culpa del remolino que empieza a formarse a tan solo unas millas de nosotros.


Fragmentos de libros (diálogos sin sentido)

sábado, 22 de agosto de 2015

Recuerda que me quieres ─ W.Davies
Nick fue el siguiente en saltar.
─Te vas a casar conmigo, ¿a que sí?
─No sigas por ahí
─¡No me lo puedo creer! ¿Me estás siguiendo?
Wendy dejó lo que estaba haciendo, moviendo la silla giratoria y lo miró por primera vez a los ojos desde que había entrado allí.
─¿Pero qué dices?─bufó Wendy─ ¡Odio esa historia!
─¿Y qué quieres que haga yo?¡A volar!─vociferó Nick, arremetiendo contra Thomas y haciendo que los dos cayeran al suelo.
─¿Quieres parar? ¡Estás montando un numerito!─tenía el rostro encendido por la vergüenza.
─¿Podrías ser un poco más precisa?
─¿Y tú podrías dejar de cuestionarlo todo? De verdad, no tienes remedio. Empiezo a pensar que eres un caso perdido.
─Sí, lo creo.

Maravilloso Desastre ─ Jamie McGuire
─Le dije que lo haría. ¿Tu vas a ir?
─Por supuesto, Travis lo tiene todo pensado.
─Déjalo ya, tonta, te va a ver.
─¡No tengo tiempo de darme una ducha!
─¿Quién es ese payaso?
─¿Qué haces aquí, Finch? Estás en el baño de la chicas.
─Estoy contento de no haber venido a una de estas cosas antes. Es genial haberte traído solo a ti.
─Me temo que tus acompañantes van a tener que esperar fuera. Se va a montar un follón horrible.

El bosque de los corazones dormidos ─ Esther Sanz
─¿Quién eres?
─¡Puedes hablar! Tenemos encima una buena tormenta
─Tienes suerte de que no se haya roto ninguna copa. Te las habría hecho pagar.
─Mi tío ha estado aquí. Podrías haberme llamado. Tienes mi móvil.
─No tenía ni idea. Supongo que ganó el caballo malo.
─Me caías mejor cuando eras mudo.
─Gracias...De todas formas, alguien desvalijó mi casa.
─Ya has oído a Ángela. Estar sola no es bueno para la salud.

Night School ─ C.J.Daugherty
─Es que se pasa la vida lanzándome miradas raras─ dijo Allice─. Siempre me está observando ¿Carter?
─Sí. Nunca he usado un rastrillo.
─Entiendo muy bien lo que quieres decir.
─Me estás asustando. ¿Qué mosca te ha picado?
─Está herido. Phil también. Ha salido mal.
─Ah, sí. Aquel ataque brutal en el jardín. ¿Qué demonios?─Carter alzó la vista al cielo, como si este pudiera ofrecerle algún tipo de respuesta.
─¿Y ahora por dónde?─ masculló.
─Se supone que no podemos salir del edificio, corremos el riesgo de despertar la cólera de Isabelle y ya son más de las nueve.
Allie tragó saliva con fuerza. Dicho así, de un tirón...
─Vale. Me siento como una fracasada.  

No quiero dormir

domingo, 19 de julio de 2015

No ahora que sé lo que me depara la mañana. No ahora que aún escucho su grito de desesperación. No cuando la oscuridad me acecha. No puedo dormir. No cuando cierro los ojos y la veo a ella. Ella. Cubierta de sangre. Ella y su sonrisa diabólica.

No puedo dormir. Simplemente no puedo. No cuando sé que ella me estará esperando al otro lado.

A tiempo

viernes, 19 de junio de 2015

¿Y si todo acabase hoy? ¿Qué dirías? ¿Qué LES dirías? 

Sin duda alguna, que les quiero. Agradecería cada segundo que decidieron gastar conmigo. Me sentiría en deuda por aguantar mis rabietas, por llenarse de paciencia cuando me quedaba callada. Recolectaría todos los whatsapps y los mensajes y los guardaría como el mejor recuerdo escrito de los tiempos. Les diría todo lo que no les dije, aunque sonase cruel. "Te quise pero ya es demasiado tarde". Sin vacilación alguna, se lo haría saber. Le diría: "te quise desde la primera vez que te vi y te querré hasta el último aliento" y no mentiría, le estaría diciendo la verdad y no me arrepentiría de ello. 
Les comentaría que siempre habrá más canciones que cantar y bailar. Que aunque yo no esté, las acompañaré en cada risa o cada lágrima que compartan juntas. Les diría tantas cosas que en un par de líneas me quedo corta. En veinticuatro horas jamás podría lograrlo. 

¿Y si se lo diría? ¿Por qué no lo hago ahora que estoy a tiempo?

Red

jueves, 16 de abril de 2015

El rojo era su color favorito.
El rojo es el color de la sangre.
El rojo traía paz y tranquilidad a su vida.
El rojo cambiaba de tonalidad cada vez que se enfadaba.
El rojo brillaba en la más absoluta oscuridad.
El rojo conseguía hacerla feliz.
El rojo desaparecía cuando menos lo esperabas.
El rojo teñía su vida hasta el más mísero rincón.
El rojo caminaba siempre pegado a ella.
El rojo pintaba todas las casas del barrio.
El rojo murmuraba en su oído.
El rojo la estresaba hasta el punto de hacerla enloquecer.
El rojo era su mejor amigo.
El rojo le sonreía en los momentos más amargos.
El rojo aparecía en sus manos.
El rojo siempre era rojo.
El rojo continuaba su circulo vicioso.
El rojo jamás se acababa.
El rojo estaba en todas partes.
El rojo la obsesionaba.
El rojo pintaba su cara.
El rojo quería siempre más.
El rojo corría por su cuerpo.
El rojo le preguntó una vez más.
El rojo por fin fue libre.



Push

martes, 24 de marzo de 2015

─Ven aquí─ le dijo él una vez más. 

La habitación estaba oscura pero ella podía contemplar su silueta a la perfección. Sabía cuántos pasos tenía que dar para tenerle delante. El silencio se había adueñado del lugar durante segundos que parecieron auténticas horas que jamás acabarían.

─Ven─ volvió a insistir y ella negó con la cabeza. Una sonrisa surgió en el rostro del joven. ¿Que cómo lo sabía? Le conocía a la perfección, recordaba su rostro mejor de lo que cualquiera podría conocer.─ Vamos, te prometo que no muerdo. 

Aquello era una mentira. Una gran y horrible mentira. ¡Claro que mordía! Por eso estaban en medio de la oscuridad, sin dirigirse media palabras. Él mordía y ella había sido consciente del dolor que aquello provocaba en su pequeño y delicado corazón. 

─No─ fue apenas un susurro pero él supo oírla, siempre lo hacía─ Te acabo de decir que necesito espacio.

El joven chasqueó la lengua y apoyó ambas manos en sus caderas en una pose de un auténtico modelo. Le odiaba. Odiaba esos momentos en los que no podía parar de mirarle, incluso en donde su sentido de la vista estaba más que atrofiado, incluso en la oscuridad. 

─Vale, necesitas espacio, necesitas tiempo pero déjame que yo coja lo que es mío y tú lo que es tuyo.─ dijo alargando la mano hacia ella.─ Deja que te de un leve empujón para que vuelvas al mundo real. Acércate, por favor.

La joven volvió a dudar y se pegó aun más a la pared que tenía a su espalda. Si seguía de aquella manera posiblemente se volvería del mismo color y la misma textura que aquella pared. ¿Por qué la tentaba? Creía que había sido lo suficientemente clara. Creía que esta vez se había entendido. Necesitaba tiempo para ella, tiempo para pensar en todo lo que estaba ocurriendo en su vida. Él no comprendía por lo que estaba pasando y no era justo. No era justo que él ignorase todos y cada uno de sus problemas y no la ayudase en absolutamente ninguno. 

─Lo haces difícil─ dijo al ver que ella no le daría más respuesta.

El joven comenzó a andar. Un paso. Dos. Tres. Cuatro... Ya estaba delante de ella. Su frente se pegó a la pared y sus ojos se dirigieron directamente al rostro de la chica. Ella no quería mirarle, aquella diferencia de altura le hacía sentirse insignificante. En un principio, había sido agradable pero ahora se sentía como un inútil insecto. 

─Abrázame. Te daré todo el tiempo del mundo. Te daré todo el espacio que quieras pero solo si me abrazas─ chantaje, siempre chantaje. Era consciente que si le pedía aquello ella no podría negarse.

La joven alzó sus manos temblorosas y rodeó el tronco del chico. Acercó su rostro a su cuerpo y se pegó a la camiseta. Notaba la textura suave de la tela. Sus fosas nasales se llenaron rápidamente de ese olor que tan bien reconocía y que creía olerlo en cualquier lugar aunque al final resultaba ser mentira. 

─¿Ves? Esto está mejor─ dijo él, rodeándola con sus fuertes brazos─ Tienes todo el tiempo del mundo, pero por favor, mantente a mi lado. 

─No lo entiendes─ su voz se quebró, estaba a punto de echarse a llorar. 

─Lo entiendo. Tienes tus problemas, como todo el mundo. Pero no por eso debemos estar alejados. Déjame que te ayude. 

─Pero tú solo ignoras mis problemas.

─No, no─ el joven también negó con la cabeza─. Si no te pregunto es porque, sea el problema que sea, quiero hacerte reír y que el tiempo que estés conmigo signifique felicidad absoluta. No quiero amargarte obligándote a contarme algo que, probablemente, quieras olvidar.  

La chica se aferró aun más a la camiseta del joven. Sus lágrimas salieron de sus ojos casi sin que ella les diera permiso. 

─Sé lo que te pasa. No creas que no me preocupo por ti... Les pregunto a todos cómo te ven en clase, la manera en la que sonríes y si pasas mucho tiempo mirando a la nada. No estás bien, Nadia. 

─No, no lo estoy.

Era la primera vez que decía la verdad. Ella siempre se limitaba a responder que ella estaba perfectamente. Pero a él, a él no podía decirle algo que no era cierto. Su olor la tranquilizaba, su voz la hacía que se olvidase de todo lo que había a su alrededor. Era tan perfecto, tan perfecto para ella...

─¿Qué ocurre?─ el joven besó la coronilla de su cabeza y la acercó aun más a él.

─Tú─ las palabras habían salido casi solas. Aquello no era lo que quería decir. no exactamente─ No, tú no. Soy yo. Lo que ocurre es que no soy lo que necesitas. Crees que sí pero no. Lo que tu buscas es alguien que sea como tú: sonrisa de infarto, cuerpo perfecto, una personalidad fuerte... Yo no soy así. 

─¿Quién ha elegido por mi? No necesito eso. Te necesito a ti. Solo a ti. Ninguna otra chica del planeta podría haber conseguido lo que tú has hecho y casi inconscientemente. 

La joven alzó la vista para tratar de verle en la oscuridad. Su rostro se recortaba en una perfecta masa negra. Sabía dónde tenía sus ojos y cómo brillaban a la luz, sabía dónde estaba su boca y cómo sonreía en aquel instante... 

─Eres la primera a la que he dejado entrar en mi vida. No puedes hacer que eso no signifique nada. Todo eso de que no eres perfecta han sido solo imaginaciones tuyas. Eres perfecta para mí─el joven le acarició la melena con extremada delicadeza, como si fuese un objeto demasiado valioso y para él, lo era─. ¿Eso es lo que te preocupa este mes?

La joven asintió y él solo pudo ampliar su sonrisa. Esa chica... Esa chica era tan simple y a la vez tan complicada. Siempre se preocupaba por todo, siempre pensaba que el problema más diminuto era un mundo. Siempre perdida en su mundo imaginario. Cada mes lo mismo y él podía admitir, con orgullo, que jamás se cansaba. Dudaba que algún día se hartase de ella. Dudaba que algún día pudiese vivir sin ella. Porque, a pesar de todas rarezas y sus imperfecciones, él siempre estaría allí para darle un empujón para devolverla al mundo real, su mundo real.

Pensamiento #4

miércoles, 11 de marzo de 2015

Las horas se convertían en segundos...

El tatuaje

sábado, 21 de febrero de 2015

Sonrió al mirarse su muñeca, era perfecto. No había nada en el mundo más bonito. Jamás había hecho algo semejante y menos por alguien. Él no era así, la locura del momento no era lo suyo. Prefería la rutina, la tranquilidad, nada que pusiera en riesgo su paz. 

Todo por ella. Por ella movería montañas, cruzaría ríos y mares para llegar hasta donde estuviese. Incluso mataría a cualquiera si así se lo pidiese. Había cambiado por ella, había dejado de lado a sus amigos porque ella lo había querido. Aun así, sabía que valía la pena. La adoraba, la amaba. No existían palabras en el mundo para describir sus sentimientos hacia esa joven que había cambiado su vida de la noche al día.

Llevaban siete meses juntos y cada minuto le parecía único, especial. Era cierto que se pasaban mucho tiempo discutiendo por tonterías pero acababan arreglándolo y volvían a empezar como si nada hubiese ocurrido. 

Le escocía un poco y la muñeca estaba roja pero, de igual manera, el nombre de su novia quedaba a la perfección en aquel sitio. Las letras en cursivas y de la tipología que a ella más le gustaba, con los rabillos al final de cada letra y ese grosos en negro que lo hacía aun más bonito. Seguro que se moriría de felicidad al ver un acto de amor como aquel.

Aquel frío día habían quedado justo en el parque que había visto el momento en el que se conocieron, su primera cita, su primer beso, su primera discusión... Había sido como uno más en la relación y lo seguía siendo. Era increíble como un lugar podía significar tanto siendo algo tan insignificante.  

─Hola, amor─ dijo tapándose la muñeca con la manga para que ella no lo viese aun─ ¿Qué tal?

─Bien─ le mostró esa sonrisa que tanto le encantaba─ Hay algo que quiero decirte. 

─Sí, yo también─ le comentó ampliando su sonrisa─ Deja que hable yo primero. 

Se remangó la manga de su camisa y le enseñó el tatuaje. Esperaba que la cara de su novia se iluminase o se volviese roja o que al menos que su rostro expresase algún sentimiento. Pero no obtuvo nada de eso. Neutralidad, una inmensa neutralidad estaba reflejada en su cara. Siempre se le había dado bien jugar al poker y esa cara era la típica que utilizaba para ganar las partidas, siempre la misma y ahora la estaba utilizando contra él. 

─Oh...─ fue lo único que salió de sus labios y al joven se le paró el corazón por unos segundos. 

─ ¿Solo oh? Vamos, dime lo que opinas─ le animó intentando no borrar la sonrisa de su cara para no mostrar lo débil que se sentía en ese momento. 

─Debía de hablar yo primero. De hecho, debía hablar contigo desde hace tiempo. Menuda tontería has hecho pero no me extraña, siempre haces las mismas gilipolleces una y otra vez─ le dijo sin siquiera una pausa para dejarle reclamar. 

─No entiendo. ¿Qué quieres decir?─ ya no podía mantener la sonrisa. Se avecinaba una tormenta, una gran pelea y todo por un maldito tatuaje. 

─Quiero decir que te dejo. Te dejo para siempre. Estoy harta de ti y de tus actos. Ya no te quiero, incluso te odio... Lo siento.─ la joven se levantó y comenzó a alejarse de él a grandes zancadas. 

─Pero... pero Victoria, yo te amo─ él la imitó y la persiguió unos metros hasta ver que ella casi echaba a correr. 

Él se quedó allí. Desamparado, con el corazón roto. La lluvia comenzó a empaparle pero al joven no le importó. Permaneció quieto, con una ilusión menos y un tatuaje que ya no podría borrarse y que había dejado de tener el mismo significado que hacía unos segundos. Ahora cada vez que se mirase la muñeca, sentiría cómo su corazón se volvía a romper y que jamás llegaría a curarse del todo. 

Entrevista con un asesino

sábado, 31 de enero de 2015

Me encuentro ya en el lugar acordado. La habitación es bastante acogedora a pesar de sus paredes grises y algo mohosas. Delante de mí hay un cristal que me separará de él. La silla en la que estoy sentada es bastante cómoda y se podría decir que los que acaban encerrados en el lugar viven casi como reyes. La mesa también está muy cuidada, ni un rasguño ni un arañazo en el barniz… parece nueva.

En ese mismo instante la puerta que tengo enfrente se abre y aparece él. Yo no tenía intención de concertar una entrevista pero al parecer era él el interesado en esto. Su sonrisa es arrogante. Sus pasos son de superioridad y, a pesar de llevar la ropa naranja y esos grilletes en las muñecas, no parece que sea un hombre que acaba de ser condenado a años encerrados en aquel lugar y  que está en proceso de condena a muerte.

Me saluda y se sienta, cruza sus piernas y se pone cómodo en la silla. Su sonrisa sigue ahí. Nos dejarán solos, él y yo hablando frente a frente. No diré que siento temor más bien es una terrible curiosidad por conocer más de él.

Periodista: Aquí estamos. Marc Anderson, el hombre del momento. Sale en todas las portadas de la prensa, está en cada noticia y por Internet circulan millones de rumores sobre usted. Déjame que la primera pregunta que le haga sea: ¿Por qué? ¿Por qué una entrevista?

Marc: ─entre risas─ Creo que eso es evidente. Solo quiero darle al mundo mi visión de los hechos. Saben mi nombre y saben supuestamente mi historia. Desconocen mis motivos y eso solo les lleva al odio.  

P: Entonces, ¿qué es, según usted, lo que hizo? Dice que no sabemos su historia, sáquenos de este desconcierto.  

M: Lo que hice fue un acto de fe. Dejé claro a quién debo lealtad en este mundo. A quién adoro y venero cada noche.─ desvía su vista la cielo─ No sé a qué viene tanto alboroto. Los cristianos, los musulmanes, los judíos, los budistas… todos tienen razones para justificar sus actos. ¿Por qué no he de tenerlos yo también?

P: Usted ha matado a cuatro personas. Esa es la diferencia. Pero cuénteme, ¿a quién adora? ¿Cuál es exactamente su religión?

M: Mi religión es la de muchos otros en este mundo: la Nellyana. ─ permanece en silencio,  nuestras miradas se encuentran. Ninguno la apartamos hasta que, tras unos segundos, él prosigue─  Si me va a preguntar por qué lo hice aquí tiene la respuesta: una noche, entre sueños, mi Diosa se apareció y me pidió un acto de fe. Me pidió un sacrificio lo suficiente grande como para satisfacerla.  

P: Prosiga. ¿Qué le llevó a pensar que aquel sueño era real?

M: Era evidente que no se trataba de un sueño. Mi Diosa me daba señales, me decía a quién debía escoger. Si no actuaba rápido pensaría que no le debo mi lealtad. Así que lo hice, cogí a esos cuatro hijos de las tinieblas y acabé con sus miserables vidas.

P: ¿Por qué cuatro?

M: Porque ELLA─ alza la voz  al referirse a su diosa─ me lo pidió. No hay que buscarle sentido a las cosas que pide.

P: ¿Qué fue lo que sintió al acabar con sus vidas?

M: ¿Conoce cómo acabé con ellos?─asiento ante su pregunta pero él parece no prestarme demasiada atención y continúa─ Los secuestré, conocía todos y cada uno de sus movimientos. Llevaba meses estudiándolos. Los llevé a aquel bosque, los desnudé y encendí la hoguera. Claro que ellos eran ajenos a mis movimientos ya que les había vendado los ojos, atado las manos y los pies. Recité las oraciones convenientes y me acerqué al primero, a Dan. Le quité la venda. Su cara de horror fue lo que me impulsó a hacerlo. Le agarré del pelo─ con sus manos realiza cada gesto que tuvo que hacer para asesinar a uno de aquellos hombres─, le corté la nariz y, acto seguido, le degollé sin darle tiempo a que entendiese lo que ocurría. Mis manos se mancharon de sangre y fue el mejor sentimiento que he experimentado en mi vida. Sentía que ELLA estaba a mi lado y aprobaba cada uno de mis actos. Estaba orgulloso, estoy orgulloso, de lo que hice. Por fin tiene lo que se merece…

P: ¿Qué pasó con el segundo? ¿Era consciente que tenían familia a las que cuidar?

M: Por supuesto─ su sonrisa se ensancha y suelta una carcajada─ De hecho creo recordad que ese tal Arthur estaba a tres semanas de  casarse. Sí, él fue el segundo. Lo arrastré frente a la hoguera y metí sus manos en el fuego, calcinándolas a un nivel inesperado. Mientras él gritaba de dolor le corté ambas orejas. Como soy benevolente, lo eché a las llamas para evitar que siguiese sufriendo mucho más. La Diosa me miró con buenos ojos en aquel momento, todo estaba saliendo a la perfección.

P: ¿Qué me dice de Edward? Su mujer estaba a punto de dar a luz.

M: Edward...─ se lleva la mano a la barbilla y la masajea durante unos segundos─ ¡Ah, sí! Lo recuerdo, a él fue a quien le saqué los ojos. Después también le degollé. Era así: al primero le cortaba el cuello, al segundo lo enviaba al fuego y repetía el proceso. El último, Peter, a él le cosí la boca y lo eché al fuego. Por fin estaba en paz. Por fin la Diosa tenía lo que quería y yo me vería recompensado.

P: ¿La recompensa es la cárcel?

M: No─ niega también con la cabeza─, mi recompensa llegará pronto. ELLA no dejará que sufra más de lo permitido. Pronto me llevará a sus cielos y podré descansar en paz para siempre.

P: ¿Cómo puede vivir sabiendo lo que ha hecho? Ha destrozado infinidad de vidas. ¿Eso es lo que su religión predica?─ como periodista, debo admitir que mi actitud no es la adecuada pero ver la pasividad y la tranquilidad (incluso el orgullo que había en su mirada) logra que me hierve la sangre─ Acabar con la vida de todos.

M: La vida es así. A veces te toca hacer cosas que pueden que vayan en contra de la creencia de otros pero hay que intentar llevarlos a todos a la verdad, por el buen camino. Si no es con la razón y el entendimiento será a través de la fuerza y la violencia. Créame cuando le digo que no es el primer sacrificio de la historia ni será el último.

P: Imponer una religión no es la forma más adecuada de llevarnos por el buen camino. ¿Cómo sabe que la suya es la verdadera?

M: Es lo que he conocido toda mi vida, ¿por qué iba a ser falsa?

P: Todo esto, ¿lo ha hecho para descansar en paz?

M: Por una parte sí. Por otra parte, no. Tengo motivos para hacerlo. Tengo motivos por el cual no huí de la policía. Todo el mundo conoce mi historia, ahora conocen mi religión y será entonces cuando ellos se unan a nosotros. Cada vez seremos más y no habrá quien nos pare. Solo es pura publicidad.  Mientras vosotros, los periodistas, sigáis dándole importancia a este hecho, yo y todos mis hermanos estaremos ganando la batalla.─ volvió al silencio. Sin apartar sus ojos de mí, se levantó e hizo una especie de reverencia─ Gracias por su tiempo, es un gusto que se interese por mi versión y que usted predique, de manera indirecta, mi religión.


Marc pide que le abran la puerta para marcharse y se despide una última vez más de mí, con esa sonrisa arrogante y un movimiento de su mano. Mientras yo permanezco unos minutos más allí, pensando en sus palabras y creyendo conveniente que lo mejor para todos sería quemar las grabaciones y mis apuntes para que esta entrevista jamás saliese a la luz. Mis debilidades por contarle al mundo lo que un asesino piensa y a frialdad con la que relata su historia, me lleva a replantearme mi cuestión inicial y caigo en la tentación. Soy consciente de que solo soy una pieza en este juego que publicando esto solo estoy consiguiendo lo que él quiere pero solo pretendo enseñar la verdad, su verdad.     

Once upon a time...

jueves, 22 de enero de 2015

Erase una vez un ladrón tan avaricioso que robó hasta su propia historia.


Inconsciencia

martes, 20 de enero de 2015

La mujer vivía en un estado de embriaguez absoluta. Cuando todo se derrumbó, no le quedaba nada más que su desesperación. Miró al cielo, pidiendo clemencia, pidiendo perdón por todas las cosas que había hecho mal. Pero ella ignoraba que por mucho que rezara no iba a lograr ser escuchada. Todos sus pecados serían condenados y el mismo infierno la juzgaría por sus actos ruines y egoístas. Ella lloró, lloró hasta quedarse sin voz. La vida no era tan mala como había creído en un principio. Ahora lo veía todo mucho más claro. Ahora podía vivir de forma correcta. No cometería los mismos errores. No viviría cayendo siempre con la misma piedra. Lo que no sabía es que ya era demasiado tarde para ella. 


They used to shout her name, now they whisper it

sábado, 3 de enero de 2015

Levantó la vista justo en el momento en el que él la miraba. No apartó sus ojos, no lo hizo. Simplemente permaneció con aquella mirada sensual en su rostro hasta que él no pudo aguantarlo más. 

Había ganado, eso significaba que estaba bajo su control. Haría lo que ella quisiera y solo con alzar esos ojazos verdes. Tan solo con un leve movimiento de pestañas. Era increíble lo fácil que era manejarlos. El mismo bar, casi la misma gente y la misma música pero un tío diferente cada vez. 

Empezó a contar hacia atrás mientras se llevaba el Martini a los labios. 10, 9, 8, el hombre volvió la vista de nuevo a ella y se mordió el labio. Sus pensamientos no eran puros, eso ya lo sabía. Se estaba exponiendo a algo peligroso y si no lograba controlar la situación no saldría viva de aquello. 

3, 2, 1. El hombre se levantó de su asiento y caminó hacia ella, con una mano en el bolsillo y con la otra sujetando su copa. Ella echó la cabeza hacia atrás, abriendo levemente sus labios. Sabía los movimientos que debía realizar para atraer su atención, para hacer que desease más sin siquiera haber probado. 

─¿Podría invitarte a la siguiente copa?─ dijo con una sonrisa y una mirada lasciva que logró que se estremeciese de asco. 

─Por supuesto. Jamás hay que rechazar una copa gratis.─ comentó mientras vaciaba de un trago el contenido del vaso.
  
─Supongo que te invitan muchos.─ el hombre levantó su mano y el camarero entendió la orden a la perfección─ No es de extrañar, eres exquisita. 

─Resérvate tus cumplidos para después.─ una media sonrisa apareció en su rostro.─ Cuando estemos a solas. 

Tuvo que contener su risa al ver cómo el hombre temblaba de la cabeza a los pies. Incluso casi se le derrama sobre los pantalones el licor que estaba bebiendo. La joven cogió su copa, que le había salido totalmente gratis, y acercó sus labios al cristal. Jugó con el líquido hasta que el hombre quedó demasiado ensimismado. 

─¿Siempre vas tan rápido? ─ le preguntó, le costaba tragar saliva para poder hablar correctamente. 

─Ambos sabemos lo que queremos. ¿Por qué debía de ir tan despacio?─ dijo ladeando la cabeza. 

─Entonces…─ casi no le salía la voz para preguntar aquello─ ¿Vamos a tu casa?

─¿Por qué no mejor a la tuya?─ le susurró en el oído mientras que su mano ascendía por su pierna. 

Había creído que tendría más tiempo para mentalizarse pero cuando el hombre le dijo que su casa estaba a la vuelta de la esquina, tenía mucha razón. Ya estaba en su pequeño apartamento, viendo cómo él recogía un poco el desorden y le preparaba otra copa más. 

A pesar de tener un apartamento pequeño, era consciente que resultaba ser uno de esos hombres ricachones. Seguro que ese apartamento solo lo tenía para llevar a las chicas que conquistaba y luego volvía a casa con su querida esposa. 

─Deja la bebida y no perdamos más el tiempo.─ le apresuró la joven. 

El hombre se quedó con el hielo en la mano y lo tiró al suelo. Se acercó a ella y le devoró la boca sin piedad. Ella mantuvo sus ojos abiertos, notando cómo el hombre recorría su cuerpo con sus asquerosas manos.

En menos de unos segundos, ya estaban en la habitación. Ella le acorralaba entre sus rodillas y él acariciaba el interior de los muslos una y otra vez. La sonrisa de la joven se ensanchó aun más al ver que el hombre se paraba justo en el punto en el que tenía la liga. 

─Eres demasiado perfecta para ser real.
La joven se inclinó, apoyando sus codos a ambos lados del rostro del hombre. Acercó su boca hasta su oído y la mordió para después poder susurrarle. 

─Sí, demasiado perfecta para alguien como tú.─ dijo, soltando una risita.─ Por eso debes desaparecer. 

El cuerpo del hombre se tensó y se congeló al completo. Era consciente que estaba repitiéndose sus palabras una y otra vez intentando averiguar si era parte del juego o eran de verdad. Ella se lo aclararía en unos segundos.

─Me encargaré de acabar con el género masculino uno a uno. Aunque eso me cueste todo el tiempo que poseo. Te juro que lo haré. 

Mientras había estado hablando, su mano se había dirigido hacia su liga, donde guardaba algo esencial para su día a día. Rió antes de entregarse por completo a su verdadero placer. La sangre recorriendo su cuerpo, sentir cómo tenía el control, cómo podía convertirse en Dios por unos minutos era el único placer que ella necesitaba. Lo necesitaba justo ahora. En sus ojos brillaba el deseo, las ganas de acabar con una vida más y posiblemente fue aquella mirada lo que el cerebro de aquel hombre retuvo. 

 Le sonrió por última vez antes de ver cómo la luz de sus ojos se apagaba para siempre.