Corazones separados

jueves, 26 de noviembre de 2015

Las canciones no logran que los corazones rotos se reconstruyan. Las vistas más hermosas no logran que nuestros ojos lloren. ¿Qué hice mal para que te fueras de mi lado? ¿Qué pasó para que mi amor no fuera lo suficiente? ¿Otros corazones te dan más calor que el mío? ¿O es que te cansaste de soñar a mi lado? Los sueños son solo nuestros más horribles fantasmas. Nos persiguen, nos apartan de lo que más amamos solo porque sentimos la necesidad de cumplirlos. 

Un gran muro se levantó entre nosotros.  Tus sueños contra los míos. Jamás logramos entrelazarlos, jamás logramos que fuesen más que un impedimento. Te odio pero a la vez te amo. Eres todo lo que una vez deseé. Pero, cuando vuelves a soñar, todo se trastoca y ya no sé lo que anhelo. Ya no sé lo que mi corazón desea. Ya no sé cómo volver a empezar.

Lost in shadows

Fue en ese momento, justo al encontrarse con sus ojos, cuando lo supo. Supo que todo había acabado. El dolor interno era demasiado fuerte como para ignorarlo. Siguió su camino sin siquiera mirar atrás, sin siquiera detenerse a saludarla. No había sido su expresión, tampoco su sonrisa. Había sido el acompañante el que le había hecho comprender que no había más posibilidades.

Corrió calle abajo, notando que en su pecho algo se rompía en mil pedazos. Era tan sensible. Era tan frágil que cualquiera podía hacerle daño, incluso si era alguien que no conocía. Todo a su alrededor era una auténtica arma de destrucción masiva. No pudo hacer otra cosa que llorar. Llorar por lo que no había tenido y por lo que había perdido. ¿Cómo era posible sentirlo de aquella manera si ni siquiera había conseguido besar sus labios? Ni un abrazo, ni unas palabras cariñosas… Unos meros compañeros que pasan el tiempo juntos entre clase y clase.

Maldito el día en el que decidió acercarse a ella. Todo hubiese sido diferente si se hubiera comportado como el antisocial que era. Todo había sido mucho más diferente si en vez de dejarse llevar hubiese tomado el control, como solía hacer. ¿Qué le había pasado entonces? ¿Cómo había podido dejar que ese ser entrase en su vida y destrozase todo lo que había construido tras muchos años?

Descargó toda su furia contra la papelera pero no le era suficiente, nunca lo había sido. “Eres un imbécil. Estás solo. Siempre lo estarás. Ojalá te pegases un tiro. Ojalá nunca hubieras nacido” Todo eso se repetía una y otra vez en su mente. Todo eso le hacía más daño del que debía. Él mismo se estaba rechazando, no era la sociedad quien lo apartaba era él solo el que se apartaba.

A tomar por culo” se dijo finalmente una vez hubo llegado al piso. Se dirigió a su cuarto y rebuscó entre sus cosas. Debía de estar por aquí. Siempre la había tenido por si algún día alguien intentaba robarle pero quizá le podía dar otro uso mucho mejor.

Se arrodilló en el suelo del salón, al menos así podía ser encontrado lo antes posible. Al menos los vecinos no tendrían que rebuscar y se encontrarían con semejante escena nada más derribar la puerta.
Abrió la boca y apuntó a su garganta. Tres segundos y podría apretar el gatillo.

─ ¡Fran! ¡Abre, por favor!

Se detuvo en seco. Esa voz… la reconocía pero no acababa de comprender por qué estaba aporreando su puerta si se suponía que no eran más que compañeros de clase. ¿Cómo se había enterado de que estaba a punto de cometer una locura? Resopló y guardó la pistola en un cajón cercano, podría retrasar su muerte unos segundos más. Abrió la puerta y encontró a una joven muy diferente de la que le había roto el corazón sin si quiera saberlo. Ella no se le parecía ni en lo más mínimo. Pero era mona, eso sí.

─ ¿Qué ocurre?─ le preguntó algo cansado.

─ He venido porque me aburría─ le dijo entrando sin pedir permiso y sentándose en el sofá con una enorme sonrisa. Fran frunció el ceño y cerró la puerta─. Mira he traído un par de juegos y una peli.

─ ¿Pero qué? ¿Por qué?─ se sentó junto a ella observando todo lo que llevaba en una bolsa.

─ No sé, ¿y por qué no? ─ se encogió de hombros y le mostró dos juegos─ ¿Cartas o peli?

─ Cartas─ dijo el chico tras unos segundos de vacilación.

Notaba en la mirada de la chica que sabía lo que le estaba ocurriendo. Ella sabía hasta donde llegaba su locura y aun así había decidido ayudarlo. ¿Cómo era posible? Alguien preocupándose por él. Alguien que no parecía aparcar los problemas cuando los ve. Alguien que había decidido acercarse a él y mimarle

─ Gracias─ le dijo él tras recoger las cartas.

─ No hay de qué.


Miró a la joven y le mostró una media sonrisa. Lo había necesitado desde hacía mucho, unos momentos así, entre amigos. Por primera vez desde no sabía cuándo no se sentía tan solo y la voz en su cabeza que le repetía que era un inútil se había acallado por fin.