Bridge's blood

miércoles, 4 de mayo de 2016

Siempre es tranquilizante pasear por el bosque de noche. El hecho de que vaya arrastrando un cuerpo debería ser irrelevante. Yo no soy de los que van haciendo estas cosas pero, por alguna extraña razón, me veo con la obligación de enterrar este cuerpo y eliminar todas las pruebas, otra vez.

Y todo empezó hace unos años cuando Stuart nos retó a mi amigo John y a mí a saltar desde el puente. Era solo un juego de chavales pero el reto nos parecía muy importante en aquel entonces. Así que John y yo nos colocamos al borde del puente, con el río corriendo bajo nuestros pies, aunque no lo pareciera era muy profundo. Cerramos los ojos y saltamos sin pensarlo más. El agua estaba fría. Casi me ahogo, casi nos ahogamos. Mi madre nunca quiso admitir que la culpa fue del reto. Me castigó después de todo: dos meses sin tecnología.

El que nos retó tenía que pagar por lo que había hecho. Me reuní con él tras el patio del colegio. John me acompañó. Empezó entonces una discusión, Stuart y yo gritándonos sin motivos suficientes. Solo había sido un juego de niños.

John se acercó a Stuart y le empujó, yo traté de detenerle pero mi cuerpo no reaccionaba y me quedé allí, mirando cómo pegaba a Stuart una y otra vez solo como venganza por lo que nos hizo que, al fin y al cabo, no fue algo tan grave ni siquiera fue su culpa.

Cuando descargó toda su furia, se separó de él, cubierto de sangre. Se giró y me miró, asustado. Me pidió que no contara nada, que quemara su ropa y la mía- algunas gotas habían manchado mi camisa. Me pidió, casi llorando, que cubriera sus huellas. Me acerqué a Stuart, y le tomé el pulso: estaba muerto. Retrocedí unos pasos y le miré, sorprendido. Accedí como un tonto a lo que me decía. Le cubrí, nunca encontraron al asesino de Stuart. John era genial con la violencia y yo tapando huellas.

Así pasamos los años, John elimina del mapa a todos los que me dañan y yo limpio su suciedad. No sé cómo no nos han pillado ya. Aquel pobre hombre era el último: un profesor de universidad que me suspendía y me criticaba siempre.

John no trabaja. John no estudia. No sé a qué se dedica en su tiempo libre, no sé a dónde va. No sé nada de él, solo sé que es mi mejor amigo desde la infancia y que es por eso que le tengo que ayudar incluso cuando hace cosas como aquellas.

Mi móvil suena justo cuando acabo de enterrar el cadáver. Frunzo el ceño al ver que se trata de mi madre.

¿Qué ocurre?le pregunto, es tarde, suele estar dormida a estas horas.

¿Dónde estás? Acaban de llamarme, han encontrado una coincidencia en el caso de Stuart.

¿Tras tanto tiempo? han pasado ocho años desde aquello. ¿Pillaran a John ahora, en nuestro primer crimen?

Sí, ha coincidido con tu ADN.

¿Qué? Yo, yo no lo hice le digo a mi madre para quitarme la culpa.

Está allí, tu ADN está allí siento cómo me recrimina, cómo está dolida y sorprendida. No logra comprender cómo su hijo tan perfecto puede estar metido en algo tan cruel y mezquino.

¡No fui yo! ¡Fue John! le grito. En el bosque nadie puede oírme.

¿John? ¿Qué John?

Mi mejor amigo, mamá. Mi amigo de la infancia de toda la vida.

John murió, hace mucho tiempo. Justo antes que Stuart. ¿No lo recuerdas? Os tirasteis de aquel puente y él no volvió a salir más. Tú te pasaste dos meses en el hospital.

No, no podía ser cierto. Mi madre tenía que estar mintiendo. John no podía haber muerto. Yo le veía. Yo hablaba con él, habíamos crecido juntos y éramos dos jóvenes que se querían comer el mundo. Tiro el móvil contra el árbol más cercano y veo cómo se rompe en mil pedazos igual que lo está haciendo mi vida en este instante. ¿Dónde está John en este momento? ¿Por qué siempre tenía que resolver sus problemas?

─¡John! grito para que me oiga, esté donde esté ¿Por qué? ¿Por qué me haces esto?

Mi madre tenía que estar mintiendo. Mi madre debía estar en un error y se debía haber confundido de John. Pero él fue quien saltó conmigo aquel día, casi nos ahogamos. Casi… Casi nos ahogamos. Dos meses sin tecnología, dos meses en el hospital. ¿Por qué no recuerdo aquel momento? ¿Por qué mi mente lo ha decidido borrar? Cierro los ojos y me llevo las manos a la cabeza. Recuerda. Recuerda.

Para la voz de John resuena cerca, muy cerca de mí. Siento su mano apoyándose en mi hombro. Para. Lo estás empeorando todo. Esto no es lo que quieres. No quieres saber la verdad.

Recuerda. Recuerda. Recuerda. Vamos, recuerda esos momentos que tu mente bloquea. Estamos sobre el puente. Nos miramos. Saltamos. El agua entrando en mis pulmones. El agua asfixiándome cuando a veces me da la vida. El aire escapándose de mi vida. La vida corriendo a un ritmo acelerado y yo sin poder alcanzarla. Pero lo hago. La alcanzo. Dos meses. Meses de depresión. Meses de furia, de rebeldía, de llantos. Y meses de olvido.

Yo soy solo el que recuerda me susurra John con cierto tono de odio instaurado en su interior. Yo soy quien pega, yo soy quien mata. Yo tengo los recuerdos que no sabes que existen.
Sangre. Veo sangre. Oigo gritos desgarradores. Siento cómo el cuchillo se hunde sobre la carne. Y lo peor de todo, me veo a mí. A mí mismo apuñalando, pegando, matando. Acabando con la vida de los que me han hecho daño pero John no está. John no está en esos recuerdos.

No. No me repito una y otra vez

Sigo con los ojos cerrados, sigo intentando asimilar lo que mi cerebro ha recordado. Todas esas vidas recorriendo mis manos. Todos esos corazones que han dejado de latir por mi culpa. Por la culpa de John. John siempre fue una mala influencia. John siempre me dijo qué había que hacer en estos casos. Estúpido John. Estúpido John que no se fue de mi lado cuando tuvo que hacerlo. No le dejé marchar. Pero hoy puede ser el día. Hoy puede ser el día en el que le despida para siempre.

Corro. Corro fuera del bosque. Recorro las calles vacías de la ciudad. Nadie me ve. Nadie me oye. Pero yo estoy gritando, gritando en mi interior por toda la culpabilidad, por la sensación de libertad que sentía al recordad esos momentos. Por saber que disfruté matando a todas aquellas personas, por ver que una sonrisa había salido de mis labios cuando la sangre manchaba mis manos y mi rostro.


Aquí estoy. Donde todo empezó. Donde todo debe acabar. John me grita. John trata de detenerme. Si yo me voy, él desaparecerá también. No quedará a nadie más quien culpar. Nadie irá a la cárcel por los crímenes de Stuart, de Emma, de Robert, de Rachel, de la señorita Baxendale o del señor Skeen. Recuerdo por última vez la sensación; esa sensación de estar vivo.  La sensación de tener el mundo bajo tus pies y que no te importe nada más. 

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