El chico con la máscara de plato (parte 2)

martes, 14 de junio de 2016


Así que allí estábamos. Todos en el jardín de la casa. No bastaba con que nos metiésemos en una piscina de agua totalmente helada sino que también teníamos que invadir la propiedad del vecino. Miré al chico que seguía igual de confuso que lo estaba desde su llegada. O eso creía porque se veía demasiado tranquilo como para la locura que íbamos a hacer. Todos nos miraban, expectantes. Carraspeé y le hice un gesto con la cabeza.

─ ¿Estás listo?─ él asintió enérgicamente y eso me hizo sonreír─ ¿Estás seguro? Esto es una locura.

Asintió a la pregunta y se encogió de hombros al oír la afirmación. Fue él quien se acercó a la valla y fue él el que me pidió que me acercase para ayudarme a saltar. Coloqué mi pie en sus manos para poder saltar con más facilidad. No resultó ser demasiado complicado. La valla era de madera y no demasiado alta. Salté al otro lado. Solo las luces de la piscina me daban una idea de dónde me encontraba. Escuché cómo algo caía a mi lado y vi al chico tirado en el suelo. Estiré mis manos para ayudarle a levantarse.

─ ¿Estás bien?─ le susurré a lo que me contestó con la típica afirmación de cabeza─. Venga, acabemos con esto de una vez.

Nos colocamos al borde de la piscina y la miramos. El agua estaba serena, ni la leve brisa parecía alterar su apacible letargo, eso sí seguro que estaba helada. Se escuchaban leves vítores de nuestros compañeros que nos observaban desde la valla. Agarré su mano e inspiré todo lo que pude.

─A la de tres nos tiramos─ le comenté y él pareció apoyar mi idea─. Una, dos y… tres.

Saltamos al agua sin pensarlo más. No me resistí al hundirme, el agua estaba demasiado fría pero parecía que no nos importaba. Abrí los ojos aún en el fondo y miré al chico, le sonreí. No supe si él me regaló una sonrisa tras su máscara pero intuí que sí. Nadé hacia la superficie, notaba que me quedaba sin aire. Al apreciar la brisa me entró aún más frío. No me creía que hubiese hecho una locura semejante. Me sentía eufórica.

Por raro que pudiera ser, la noche estaba demasiado tranquila, no parecía que nadie estuviera observándonos tras la valla y de hecho, era eso lo que estaba ocurriendo. Nadie estaba allí para vernos.

Vimos cómo la luz del jardín se encendía. Mi corazón comenzó a latir deprisa. El dueño de la casa nos pillaría e iríamos a la cárcel. El chico de la máscara me miró y comenzó a empujarme suavemente para que saliera de la piscina. Mi primera intención fue saltar de nuevo la valla pero él me escondió tras un seto y se quedó allí de pie, tapándome. Un señor apareció con su bata azul y sus pantuflas a juego. Su vista se clavó directamente en el chico y frunció el ceño, se notaba disgustado. Él iba a recibir una bronca por mi culpa.

─ ¿Matías?─ pude ver cómo el hombre le saludaba─. ¿Qué haces aquí? Creí que habías ido a la fiesta.

Él asintió y el hombre se quedó extrañado, examinó su ropa toda empapada y parecía que empezaba a comprender lo que estaba pasando.

─ ¿Has bebido?─ el chico negó con la cabeza─. No me mientas. Yo a tu edad también bebía a escondidas de mis padres. No debes avergonzarte.

Fruncí el ceño. ¿Había escuchado bien? ¿Su padre? ¿Acabábamos de asaltar la casa del padre del chico? Eso casi me hacía reír pero logré mantener la postura mientras intentaba no llamar la atención en aquel seto.

─ Me alegro de que por fin decidas adentrarte en la sociedad. La verdad que cuando tu madre me dijo que te vendría bien un cambio de aires… No sé. Quítate esa máscara, así no hay quien se concentre─ Matías hizo lo que se le pidió y miró a su padre─. En serio, me gusta ver que vas a intentar ser normal. Vuelve a la fiesta y diviértete.

Me quedé atónita al oír esas palabras. No entendía lo que tenía él de raro, aparte de que no hablase que parecía que ni con su padre se atrevía. Le miré desde mi posición, me entraban ganas de salir de mi escondite y decirle un par de cosas. El hombre se dio la vuelta, decidido volver a casa para dormir pero unas palabras le detuvieron.

─ Y-yo n-no s-soy n-normal, p-papá. Nunca l-lo seré

Se me encogió el corazón  al escucharle hablar por fin. Aquellas palabras serían las que yo misma hubiera escogido si alguien me decía lo mismo. Su voz era tan dulce y relajante. No entendía por qué no se había decidido a hablar más, era como una voz que escuchas en la radio a altas horas de la noche y que te invita a dormir. Claro que el tartamudeo era lo único que le fallaba pero no lo veía como algo tan grave.

El hombre se encogió de hombros y se despidió de su hijo, apagó la luz del porche y cerró la puerta con llave. Yo me quedé allí agachada unos segundos más hasta que Matías se giró y se colocó a mi altura. Ya no llevaba la máscara y podía verle el rostro por primera vez. Sin duda, los ojos eran lo que más destacaban de su rostro e iba a juego con su tono de piel que era bastante blanco.

─ P-perdona, m-mi padre es b-bastante pesado─ me dijo con una media sonrisa y sin atreverse a mirarme a los ojos.

─ Por un momento creí que eras mudo─ fue lo único que pude decir, cosa que le hizo bastante gracia─. No entiendo por qué no querías hablar, tienes una voz muy bonita.

El joven me dedicó una mirada que decía claramente: “¿en serio? ¿No has notado mi gran fallo?” Noté cómo mis mejillas empezaban a arder y aparté la mirada. Me acaba de dar cuenta de lo que le había dicho.

─ ¿Qué? Es verdad. No es algo como para no querer hablar.

─ T-tú n-no lo v-vives. N-no sabes c-cómo es que se b-burlen de ti─ sonreí tristemente ante aquel comentario.

─ Claro que lo sé─ nos levantamos del césped, dolía ya estar tanto tiempo en cuclillas─. Siempre se han burlado de mí, desde el colegio hasta el antiguo instituto. Pero en este no… De todas maneras, no les tienes que hacer caso, ¿qué importa si ni siquiera son tus amigos?

─Y-ya─ me dijo pero no lo vi demasiado convencido con mis palabras. Suspiré, me deshice de mi máscara y le intenté transmitir seguridad con una sonrisa.

─ Además─ alzó la vista tras aquellas únicas palabras después de unos segundos en silencio. No apartó la mirada como solía hacer sino que se quedó contemplando mi rostro─, se acobardaron cuando vieron que tu padre nos encarcelaría.

─ Tú t-también te asust-taste─ se rio tras aquella frase y yo me hice la indignada pero acabé contagiada por su risa.

─ Es cierto, pero juro que no volverá a pasar─ dije alzando mi mano como si fuera una promesa─. Oye, ¿por qué no nos vamos a otro sitio? Esa fiesta me estaba agobiando ya y, además, todos están dentro de la casa, no nos echarán de menos.

─ E-es una idea f-fantástica. P-pero deja que e-empecemos de n-nuevo─ dijo y extendió su mano hacia mí─. H-hola me ll-llamo Matías.

─ Un gusto Matías, yo soy Blanca─ permanecimos unos segundos en silencio, él se miraba los pies y yo mantenía mis ojos altos. No sabía qué hacer ni qué decir, las manos me sudaban y la garganta se me había quedado seca, ¿qué me estaba pasando? Bajé las vista hacia mis manos y me volví a colocar la máscara─. Venga, vámonos.

Al verme con la máscara puesta no pudo evitar mostrarme una sonrisa. Él imitó mi gesto y se colocó su máscara de plástico que, si bien había logrado borrar parte de la sonrisa con el agua, aún mantenía ese aire entre inocente y algo siniestro. Comencé a andar sin esperar a que él me siguiese, sabía que lo haría. Y así, nos alejábamos poco a poco de toda esa fiesta en la que ninguno de los dos lográbamos encajar del todo. 

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