Tras las estanterías ~ Parte 1

martes, 11 de julio de 2017

Angélica se escondió tras la estantería. Realmente no entendía a qué se debía aquel atrevimiento. Ella no era así pero la gente hablaba siempre de ello y era hora de saber por qué tanto interés en el asunto. Miró a su izquierda y a su derecha; todo estaba despejado. No había nadie que la molestase.

La biblioteca estaba en silencio, aun así podía escuchar cómo las personas pasaban la página de sus libros. Ella se sentó en aquel sillón que había en cada fila de estanterías y se atrevió a abrir el libro. Pasó la primera página y se sumergió en la lectura. Le costó un poco introducirse en la historia. A ella le gustaba la fantasía, la ciencia ficción y los libros históricos. Esos sí que la enganchaban con la primera palabra. Sin embargo, aquel que había elegido era un poco más subido de tono. Se podía resumir en apenas una frase: rico mujeriego que se enamora de una mojigata.

No entendía por qué todo el mundo se emocionaba con solo escuchar el título, por qué se quedaban sin aliento cuando hablaban del rico y por eso quería averiguarlo. Aunque, a decir verdad, no era de su género favorito. Un ruido la extrajo de su ensoñación y se vio obligada a cerrar el libro y ocultarlo con sus manos. En ese mismo instante, el bibliotecario aparecía en su fila de estanterías, entrometiéndose en su intimidad. El joven le sonrió y ella le devolvió el gesto mientras se tiraba de la manga de su jersey naranja.

─ No se moleste por mi presencia─ le susurró el desconocido─. Seré un fantasma para usted.

Angélica no supo qué decir. Su garganta se quedó seca, sus manos comenzaron a sudar y el tic en el labio aparecía en el peor de los momentos. Bajó su cabeza para que el joven no viera lo estúpida que estaba siendo.

─ ¿Es de pocas palabras, no?─ susurró él. Parecía que había entendido sus movimientos a la perfección y deseaba seguir intentando hacer contacto con su cerebro─. Lamento decirle que estaré por aquí un rato antes de poder dejarle leer.

─ Esperaré─ logró pronunciar después de que esa simple palabra recorriera su mente cientos de veces.

─ Así que habla─ el joven estaba colocando libros en el lugar que le correspondía. Traía un carrito con unos cuántos libros más─. ¿Qué estaba leyendo?

─ Nada. Solo estaba hojeando.

─ No quiere decírmelo, está bien, lo entiendo─ dijo él colocando un libro más en la estantería─. Pero por sus mejillas sonrojadas, su manera de sentarse, su respiración irregular y el rastro de una sonrisa, diría que está leyendo 50 sombras de Grey, ¿me equivoco?

La joven dejó ver al máximo sus ojos marrones oscuros. Se recostó en el sillón y tapó el libro aún más. Era imposible que hubiera mirado el título, lo había tenido bastante oculto. Además estaba segura de que no había dejado escapar ni una sola sonrisa al abrir el libro. Aun así, preguntó.

─ ¿De verdad lo ha descubierto fijándose en todo eso?

─ No─ le mostró una encantadora sonrisa─, es porque aquí está el hueco del libro que ha cogido.

Ella le sonrió con timidez. Había sido tonta al pensar por un segundo que había adivinado el título por pura casualidad. El joven siguió su tarea, colocando libros con suma lentitud. El silencio se instauró en aquel pequeño rincón. Ella no deseaba hablar, se había quedado cautivada con los gestos del joven, todos eran tan sumamente calculados.

─ ¿Sabe?─ susurró él cuando hubo colocado el quinto libro. Ella fingió que había estado haciendo otra cosa en vez de mirarle─. Mucha gente se burlaría de usted por estar leyendo ese libro, pero yo no.

Angélica frunció el ceño. No encajaba ese comentario tras el silencio tan largo que se había instaurado.  La conversación de antes había acabado, no tenía por qué retomarla.

─ No sé por qué se tienen que burlar. Además, no leo esto por placer.

─ ¿No? ¿Es para un estudio o algo? Si no, no lo entiendo─ colocó el último libro que llevaba.

─ Creo que no le interesa mi vida…

Angélica iba a volver a abrir el libro. Creía que ya había terminado su tarea y se marcharía de allí pero él se quedó en silencio, de pie y mirándola como si estuviera esperando algo más. La joven dejó sus ojos en blanco y dejó el libro sobre sus rodillas de nuevo. Le miró y notó cómo sus mejillas se enrojecían. No por el hecho de que estaban compartiendo contacto visual, sino porque detestaba que la mirasen mientras trataba de leer.

─ ¿Quiere algo más?

─Bueno… estaba… estaba esperando que usted, ya sabe… se enamorase de mí. 

1 canciones:

Jaime González dijo...

Bien por el número de personajes. Bien por lo cotidiano del lenguaje, y el entorno. Bien por el final. Felicidades.

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