Tras las estanterías ~ Parte 3

viernes, 14 de julio de 2017

Angélica recorrió su cuarto de arriba abajo, ¿qué debía hacer? Sólo había dos opciones: ir a la cita o no. La segunda era muy tentadora pero no era tan mala persona como para dejar a alguien plantado. Eligió un vestido sencillo, unas manoletinas, nada de maquillaje y su pelo suelto. Iba de lo más simple; ni arreglada ni desarreglada.

Llegó al sitio unos minutos antes que él y se escondió por si cambiaba de opinión en el último segundo. Le vio llegar, mirar el reloj conforme los minutos pasaban, le vio resoplar… Tomó aire y salió de su escondite, acercándose a él con una fingida sonrisa que intentaba ocultar sus nervios.

─Ah, creí que no vendría─ le dijo con un tono de alivio, casi pudo ver cómo todos los músculos de su cuerpo se relajaban al instante.

─Yo también lo creía─ le contestó moviendo el bolso de un lado a otro.

Jaime le guio por las calles hasta llegar a su destino. Por el camino, habían hablado de libros y ella se había relajado. El restaurante al que iban parecía sofisticado y para ricos. Se quedó pensativa, intentando recordar si traía dinero suficiente. Entraron. Jaime le ayudó a sentarse y después se sentó él, con incontrolable alegría.

─Me complace que esté aquí conmigo. Sé que no me conoce de nada pero le aseguro que no se arrepentirá de su elección.

─Eso espero. Bueno, yo no soy de las que hacen algo así... No sé qué hizo que aceptara su propuesta.

Ya, lo cierto es que pedirle salir era una de las cosas pendientes en mi lista. Deja que le explique agregó al ver la cara de desconcierto de la joven─. Resulta que soy una persona muy tímida, por tanto, me pongo objetivos para cumplir.

─Pues no lo parece para nada. Habla como un auténtico extrovertido─ le dijo ella sorprendida a lo que él rio.

─Ya, antes de usted había más cosas que me han hecho evolucionar.

─Vaya, es algo admirable sin duda─ le dijo mientras cogía la botella de agua que le acababan de traer y la vertía en el vaso─. Me gustaría hacer algo así, también soy algo tímida.

─Lo he notado, los tímidos nos detectamos en seguida─ le sonrió.

─Muy cierto. ¿Hay algo más en la lista?─ le preguntó apoyando los codos en la mesa. Se sentía a gusto con él.

─ Sí, pero no se puede decir o, si no, seré incapaz de cumplirlo.

─Ah, secretos, intriga…─ le comentó con cierto tono de sobreactuación─. Lo que más me gusta.

La cena transcurrió tranquila. Hablaron de sus gustos, aficiones, trabajos… Todo lo cotidiano cuando se trataba de conocer a alguien. La comida en el plato duró más de lo que había podido aguantar en otras circunstancias.

─No, no hizo eso…

─Lo hice y además con gusto─ comentó Jaime riendo. El camarero puso la cuenta sobre la mesa y él se adelantó a los movimientos de Angélica, cogiendo la cuenta sin dejar que le echara un solo vistazo─. Ya pago yo, no te preocupes.

Angélica se llevó la mano al pecho, como si hubiera dicho algo aterrador. Se incorporó para intentar arrebatarle la cuenta pero fue incapaz. Suplicó que no pagase él todo, que la compartiesen a medias. Parecía que era un preso que suplicaba por que le quitasen la condena a morir.

─ ¿Por qué? Solo intento ser un caballero.

Él sacó unos cuantos billetes y se lo dio al camarero que tenía más cerca. Ella se quedó paralizada, mirando cómo le acababan de invitar a algo por primera vez en su vida. Había comido de gratis y se sentía como si hubiera cometido un crimen.

─No…─ repitió como si así las cosas fueran a ser diferentes.

─ ¿Qué le pasa?─ le preguntó, notoriamente preocupado.

─Que ahora parece una cita. Y no lo es─ le reveló con una pena casi total. Él empezó a reír, como si hubiera hecho un chiste de lo más gracioso pero Angélica no entendía por qué aquella reacción si no era nada por lo que había que divertirse.

─Ahora me invita a algo si así se encuentra más cómoda.

Ella suspiró, aquello no la dejaba más tranquila; debería invitarle a muchas cosas si quería igualar la situación. Ambos se levantaron del asiento y salieron a la fría noche. Angélica se colocó el abrigo y Jaime se frotó las manos, intentando lograr que entrasen en calor.

─ ¿Dónde le apetece estar ahora?─ le preguntó mientras miraba a ambos lados de la calle, no había demasiada gente, todos estaban refugiados en algún lugar cálido─ ¿Una copa, un helado, un chocolate caliente?

─Mm… No bebo pero creo que podemos tomar un gofre.

Jaime aceptó y fueron a un puesto de dulces. Ella se adelantó y pagó lo que debía. Anduvieron por la
noche, hablando de todo y de nada y sin un rumbo fijo. Angélica nunca pensó que pudiera sentirse tan calmada y cómoda con alguien al que acababa de conocer.

─Vaya, empieza a hacer mucho frío. Mi casa está cerca, ¿por qué no… vamos allí?

Angélica se quedó paralizada, sin ninguna respuesta concreta pero con los labios separados como si fuese a hablar. Era la primera vez que le decían algo así. ¿Por qué? ¿Por qué a ella? Él debía estar loco si se había fijado en alguien como Angélica, ella tenía problemas y de seguro que él no lo entendería nunca.

─Yo… yo…─ comenzó a decir pero no se le ocurría ninguna excusa buena que la hiciera librarse de la situación.

─Venga, anda, el gofre se nos va a enfriar más de lo que ya está. Entrar en calor un rato no hará daño a nadie─ le argumentó, encogiéndose de hombros─. Además, mi piso es ese que está ahí en frente.

Angélica observó el punto que le señalaba y se sorprendió. ¿Cómo habían llegado a ese sitio de la ciudad? Aunque, si lo miraba mejor, se dio cuenta de que ambos vivían bastante cerca. Suspiró. Era una mala idea. Muy mala de hecho. Todo le recordaba a una de esas novelas que le aterraban; novelas donde el chico invitaba a la joven a su casa y pasaba algo… Ella no quería eso. Nunca lo había querido, ¿no? Sin embargo, hacía mucho frío fuera y necesitaba estar resguardada un tiempo si no quería resfriarse. Pero para eso iba a su propia casa. No sabía qué hacer.

─ Está bien. Pero poco tiempo─ acabó accediendo. ¿Es que se había vuelto totalmente loca?

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