miércoles, 30 de agosto de 2017

Reputación

En la televisión estaban poniendo otra vez ese maldito discurso. El mismo de aquel maldito hombre que me había arrastrado a ese asqueroso lugar. ¿Por qué? Yo debería haber sido su cómplice, no a la que encerraban tras rejas.

YO debía de estar dando ese discurso y no él. El hijo de puta había decidido olvidarse de mí. Se había desecho del peligro que suponía… Había sido una tonta por creerle. Había sido ingenua al pensar que estábamos en el mismo juego, que buscábamos lo mismo.

─ Apaga la puta tele ya─ le dije a uno de los de seguridad.

Él me echó una mirada de advertencia y yo, rápidamente, agaché la cabeza. No me arrepentía pero ¿para qué liarla si iba a salir ya? Estaba a punto… Solo tenía que esperar un par de horas más, hasta que los papeles estuvieran en orden y bien firmados.

─ Lo único que queremos es que haya paz. Los inocentes serán liberados y los culpables encadenados.

Gilipollas. Si el que debería estar entre rejas era él. Me dejó sola, con un cuerpo y con el arma en la mano. ¿Cómo iba yo a saber que había llamado a la policía? ¿Cómo fue posible que mi cuerpo no reaccionara? Oh, claro, estaba en completo shock. Él vio el cuerpo al igual que yo. Él le había hecho eso a la pobre chica. La había destrozado, despedazado. La sangre estaba por todos los lados. Me dio su ropa para que pensaran que quería culparle a él.

─ Tara, ya es la hora.

Me levanté más rápido que nunca. Seguí al segurata hasta la puerta. Allí esperaban mis pocas pertenecías. Sonreí. Sí, por fin era libre. Habían sido tres años angustiosos. Había luchado con uñas y dientes para poder salir de allí antes de que pasaran los años impuestos por el juez. Lo había conseguido y ahora, solo quedaba hacer una gran tontería para volver allí. O no. Quizá todo saldría bien.

Lo que más importaba de todo era esa llave. La llave de su reino. Salí. Llovía. Por primera vez en años, me sentía viva. Estaba preparada. Me habían pedido un taxi. Qué majos lo de la cárcel.

El conductor no podía evitar quitar sus ojos de mí. Quizás era por ser una belleza o porque acababa de salir de prisión. Sí, la segunda opción parecía la más factible. Me dejó en la puerta del trastero. Ese trastero que habíamos pagado los dos, donde planeábamos el futuro. Un futuro de oro para ambos. Pero él había robado mi parte. A ver cómo había cambiado…

Al abrir la puerta fue como volver atrás en el tiempo. Todo estaba lleno de trasto y de polvo. Sin embargo, la mesa roja seguía en el centro. Allí habíamos hablado, comido y fumado. Habíamos hecho todos los planes habidos y por haber. Habíamos sido un buen grupo.

Lo único que parecía ser diferente era ese cuadro de su retrato. Qué asco. Muchos pensarían que era el ser más guapo de la Tierra. Yo discrepaba. Era una cucaracha asquerosa. Una serpiente venenosa… Era de todo menos una persona agradable.

Encontré mi antigua peluca. Seguía como nueva gracias a que yo guardaba las cosas como debía hacerse. Me la puse. El plan era simple, rápido. Aún quedaba solo un par de horas para que todo empezara y a la vez… acabase. Me puse el vestido rojo con escote y las medias. En ella guardé una daga y en otra mi móvil. 

Registré la caja fuerte. Sí, el dinero seguía allí. ¿Es que se había olvidado que ese lugar sagrado existía? Mejor para mí. Sin ese sitio, habría tardado más en reunir todos los objetos que necesitaba.

No podía irme sin hacer una última cosa. Saqué mi daga y rajé el estúpido retrato del hombre que había sido capaz de destruir mi mundo por completo. Salí de allí.

Podía ir perfectamente andando hasta su casa. La veía a lo lejos: la mejor de todas. Era una puta mansión. Seguro que estaba riéndose en mi cara a cada paso que daba por esos suelos de mármol.

─ Perdona─ vi a una joven con un vestido similar al mío. Era gracioso. Llevábamos el mismo corte de pelo y el mismo color. Le sonreí. A él siempre le había gustado ese estilo de mujeres: las que se parecían a mi─. El señor quiere que venga a verle más tarde hoy… Tiene una visita importante.

─ ¿Y usted es?─ frunció el ceño y se cruzó de brazos. Claro que no me creía. Hacía bien.

─ Soy la nueva. ¿No le han informado?─ la chica negó. Tras unos segundos se encogió de hombros─. Dijo que a las once le venía bien.

Finalmente, acabé por convencerla y se marchó. Estupendo. El camino estaba libre para mí. Solo para mí. Sonreí. Era inevitable no hacerlo. Estaba tan cerca…Había planeado este momento por tanto tiempo. Ese tío iba a pagar por cada uno de sus pecados.

─ Soy la compañía del señor esta noche─ le comenté por el telefonillo a alguien que no logré ver.

Fuera como fuese, la puerta se abrió. Sí, sé que había sido por mi escote. La cámara estaba justo encima y prácticamente estaba enfocando a ese lugar. Eran tan asquerosos. Hasta sus trabajadores se comportaban como él.

Estuvieron a punto de registrarme. Les aseguré que para tener sexo no necesitaba nada más que mi presencia en cuerpo. Por tanto, me dejaron pasar.

La mansión estaba demasiado cambiada. Todos los planes decorativos habían acabado en un cubo de la basura. Era tan… su estilo. Me daban nauseas solo de pensarlo. Seguí mi camino. No podía fijarme en los pequeños detalles o me cabrearía más de lo que me gustaría admitir.

Él esperaba a una prostituta que cumpliera todos sus deseos. Pero solo se iba a encontrar con el fantasma de alguien que creía conocer. Recorrí los pasillos en silencio, con esas palabras en mi mente. Noté cómo mi pierna vibraba.

Cogí el móvil y miré la pantalla… Era una vieja amiga que sabía lo de mi salida de la cárcel. Seguro que me dedicaba palabras de consuelo pero llenas de mentiras, de sonrisas falsas y de “no te acerques más a mí, has matado a alguien”. A pesar de todo, contesté mientras me seguía acercando a mi objetivo.

─ Lo siento, la antigua Tara no puede contestar al teléfono ahora mismo. ¿Por qué?─ pegué en la puerta correcta y esperé─. Oh, está muerta.

Le sonreí. Mi patada logró tumbarle nada más abrió la puerta. Entré, cerré y me coloqué encima de él, inmovilizándolo. Luchó. Quiso gritar pero se lo impedí.

Cogí mi daga y se la coloqué en la mano derecha. Parecía un movimiento peligroso, insano pero yo tenía la situación controlada. Tenía su mano bien sujeta entre las mías. Y entonces fue cuando le obligué. Le obligué a dañarse a sí mismo. Le hice ver cómo su propia mano le traicionaba. Eso era lo que había sentido yo cuando él me había apuñalado por la espalda, metafóricamente hablando.

No. Había hecho algo mucho peor que eso. Me había quitado mi libertad. Me había encerrado y me había convertido en una persona que nunca había deseado ser. Pero mi nuevo yo buscaba venganza y eso era lo que le estaba dando.

Mientras la sangre recorría el suelo. Me acerqué a su oído, con una sonrisa que de seguro que le asqueó.


─ Estúpido. Mira lo que me has obligado a hacer. 

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3 comentarios:

  1. Holaa!!
    Me ha encantado el relato! Aunque una frase final más macabra habría sido un puntazo jaja (soy algo mala gente en cuanto a rencor se trata)!
    Aprovecho para contestar tu comentario de la última reseña, por si no te pasas por allí jajaja

    Estoy de acuerdo contigo en que cada persona reacciona de forma diferente ante una situación; no hay una reacción "correcta" y otra que no lo sea... Mi problema con el personaje de la novela es que "a causa de esa situación" se comportaba mal con los demás. Hasta el punto de hacerles bulling solo porque se creía la "reina de la fiesta". Así que...Reacciona como puedas, eso lo entiendo, pero no lo pagues con los demás porque no te han hecho nada. No tienes por qué hacer su vida miserable :S

    Y si, si no estoy equivocada el libro es autopublicado. No suelo decirlo en las reseñas porque sea autopublicado, de editorial pequeña o de editorial grande mis impresiones no cambian...La reseña será igualmente mi sincera opinión :D

    Un Saludo!!

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  2. ¡Hola mi niña!
    Ya tengo memorizado que los miércoles subes entrada nueva, y ya estaba deseando pasarme por aquí para encontrar esta maravilla.
    El relato me ha dejado helada, durante los primeros párrafos no pensé que Tara fuera a terminar con semejante venganza, te lo digo de verdad. Aunque estaba claro que odiaba a ese hombre por haberle arrebatado su libertad, mucho debe haber sufrido para arriesgarse a volver allí, sólo por hacerle pagar esos años encerrada. Y yo también creo que si las últimas palabras que le hubiera dicho al oído, cuando lo estaba viendo ahí, desangrarse y morir, hubieran sido más macabras o espeluznantes, ya nos habríamos quedado todos KO. ¿Cómo pasa alguien de ser "tan inocente" como para que la engañen así, a salir de la cárcel con esas ganas de vengarse con la muerte?

    Tienes una forma de escribir que me gusta mucho, te lo digo de verdad, pues me mantienes expectante, con la necesidad de seguir leyendo hasta el final y ver qué sorpresas y giros aguarda tu relato. Me tendrás aquí cada semana (poquito antes, poquito después, pero me tendrás jeje).
    Un besote enorme desde UnMundoDeVerdad
    ¡Nos leemos muy pronto!

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  3. Me gusta mucho regresar a tu blog y ver como nunca escribes igual y aunque sean relatos muy cortos, te preocupas en darles caracterización. ;)
    Esos gifs están buenísimos, jaja.
    Un saludo. ;)

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