miércoles, 7 de febrero de 2018

Estrella

Salió por la puerta que daba al balcón. Se enfrentó a la fría noche y suspiró, mirando al cielo antes de abrir si quiera la boca.

─ Hey…Lo sé. Lo siento─ dijo sacudiendo su cabeza y apoyándola sobre la fría barandilla─. Llevo ya un tiempo sin hablar contigo. Pero es que la vida está muy alterada últimamente. A penas me da tiempo a venir aquí. A pesar de eso, pienso en ti. Mucho.

Se cubrió mejor los hombros con la manta que llevaba encima. Y se cruzó de brazos para ver si podría entrar en calor.

─ Dios… Parece que solo vengo para pedirte cosas.─ Jugó con una pequeña piedrecita que había en el suelo, dándole una patada para mandarla lejos de su persona─. Pero no conozco a otra persona que cumpla mejor los sueños. No conozco a otra persona que me haya ayudado tanto como tú.

Alzó su vista de nuevo al cielo, intentando buscar una respuesta. Intentando encontrarla. Sonríe.

─ Así que si estás por ahí, enróllate un poco. Que creo que ya he sufrido bastante mientras tú… ─ se dio la vuelta y apoyó su espalda en la barandilla, rió─. Tú estarás de fiesta con cualquiera que te haya pretendido, ¿no? Era lo que querías, lo que me asegurabas que ibas a encontrar después de…

Sacudió la cabeza. Pensamientos negativos habían entrado y no los quería ni escuchar. No los necesitaba. Martilleaban su cerebro para destrozarlo poco a poco hasta que llegase al extremo de la locura. Aún se estaba intentando recuperar de la última vez. No podía volver a dejarlos entrar.

─ Lo he intentado, te juro que lo he intentado con cada parte de mi ser. Me siento terriblemente mal por ello porque yo no quiero olvidarte.─ Entrelazó sus propias manos y dejó escapar un suspiro lleno de dolor─. Pero mi corazón me ha vuelto a traicionar, como la primera vez que te vi. No quería que pasara pero me parece una estupidez seguir engañándome… Así que, por favor, dame tu consentimiento. Dime que estás de acuerdo, que no te enfadarás aunque… tú siempre te mosqueabas conmigo.

Rio, recordando los viejos tiempo. Recordando aquellas tardes de verano que corrían colina abajo o cuando no se hablaban durante un par de horas porque alguien había hecho algo mal. Pero no importaba, siempre volvían a reencontrarse, a perdonarse.

─ Solo dame una señal. Solo permíteme continuar adelante. No te pienso olvidar, eso nunca.

Alzó la vista al cielo y entonces lo vio. Aquella estrella parecía haberse iluminado más durante unos segundos. Ahí estaba su señal. Ahí estaba la respuesta que había estado buscando durante un tiempo.


Se recolocó la manta y volvió a la casa. Volvió a la vida que había aprendido a llevar sin la persona que más había amado en su vida. 

Pero, por fin, estaba bien. Ahora parecía que las cosas solo podían mejorar. 

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2 comentarios:

  1. ¡Es precioso!
    Mientras alguien se acuerde de nosotros nunca morimos del todo :)

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