Estúpido

jueves, 24 de julio de 2014

7 de septiembre
Querído diario:
 Él es...
Estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido estúpido, me, estúpido estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, has, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido,estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, vuelto, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, a, estúpido, estúpido, estúpido,estúpido estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, perder, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido, estúpido.  

¿A que te resulta pesado encontrar la pequeña frase? Pues imagínate lo cansada que estoy yo de, inútilmente, esperarte.  

Cómo conocí a... Apocalyptica.

miércoles, 23 de julio de 2014

Esto fue lo que te perdiste en el anterior capítulo de Cómo conocí a... ¿Estamos listos para más? Patrocinado por: A mi manera, porque los cuentos nos importan. 

Niños, en el año 2014 (lo que viene siendo este año) descubrí el fantástico mundo de wattpad. Bueno, exactamente no lo descubrí, conocía de su existencia pero nunca me hice una cuenta ni nada por el estilo.( Ya empezamos con los incisos
El caso es que me había decidido a crearme una cuenta y publicar mi historia [publicidad... Wendy Moira Angela Darling, pasen y lean] Ahí estaba yo, descubriendo ese mundo y decidiendo cuál iba a ser la primera historia que me leería... ( pero Apocalyptica es un grupo de música ¿verdad?) Y la elegí, por probar y como acababa de entrar qué mejor que leer una historia que tiene como título: My Wattpad Love  No me acuerdo cómo pero en uno de los capítulos hablaban de una canción: I don't care de Apocalyptica. Claro, lo leí y me entró la curiosidad de saber de qué canción se trataba y qué decía.

He de reconocer que la primera vez que la escuché no me agradó demasiado (Claro que no, a ti no te gusta nada a la primera...) Pero después, por alguna extraña razón, le di a reproducir otra vez y luego otra y otra y otra y otra y otra (Lo hemos pillado mamá. La escuchaste trillones de veces)


Es tan asdafsasdfa. Siempre que la escucho me entra un no sé qué en el cuerpo que me llena. No sé si me entendéis (No, mamá, ni tu misma te entiendes)Después de esa canción vinieron más, unas pocas. Y es que no es la música que suelo escuchar. Ya ves, vuestra madre ahí tan Taylor Swift, mariposas, arco iris y unicornios rojos y de repente... PAM ¡Apocalyptica! (Empezamos a creer que deberían encerrarte en un manicomio) Es cierto que mezcla un poco la "música clásica" por llamarlo de alguna manera... pero aun así no suelo escuchar esto.

Existen otras tantas canciones que me gustan de este grupo y os pondré un par para que las escuchéis. (Más no, por favor) Por ejemplo: Not Strong Enough (pincha para ir a la canción), Sacra (solo es música nada de cantar)  o I'm not Jesus (cool) 

Lo que quiero decir con esto, niños, es que no importa cómo te encasillen. Quizás yo sea la tiparraca que oye música ñoña, lenta, romántica y eso... pero a la hora de la verdad, pueden gustarme canciones de las que yo misma me sorprenda. Al fin y al cabo puede que no sea tan ñoña como aparentaba. (Siempre serás nuestra loca, mamá) (Sí, pero deja de darnos la tabarra con estas tonterías

Y así niños, así fue cómo conocí a Apocalyptica. 
S.O.S (Anything but love)

So go on, infect me
(oii lo que ha dichoo) 
Go on and scare me to death. 
Dare me to leave you. 
Tell me I'd never forget. 
You could give me anything but love... 
Anything but love

El test de Rorschach

sábado, 19 de julio de 2014

Advertencia: el test de Rorschach (más conocido como el test de las manchitas) no sirve para saber si uno está loco o no (o quizás si, quién sabe) No intenten hacer esto en casa bajo ningún concepto. (Y bajo ningún concepto creáis todo lo que digo... quizás la loca aquí sea yo :D) 

-Vamos, Ann. Mira y dime lo que ves. 
La joven resopló mientras contemplaba el techo blanco de la habitación. Estaba en una sala de estudios o algo similar. Una de las paredes estaba cubierta por completo de estanterías llenas de libros, en otra no había nada solo la puerta de madera, en la tercera montones de títulos y orlas de la universidad y en la última un enorme ventanal que mostraba las vistas desde aquel quinto piso. 

Ella estaba recostada en una tumbona de interior color marrón. Al lado izquierdo estaba sentado el psicólogo con un cartel en sus manos mostrándoselo a la chica que seguía sin querer mirar. 

-Ann, mira- dijo con un tono de voz cansado. 

La joven al fin se giró y miró la mancha de tinta sobre el papel. ¿Y qué quería que dijese? Era una simple mancha, nada más. No había figura alguna. Quizás el loco era él y no ella. Volvió a resoplar y puso sus ojos en blanco. 

-No veo nada. 

-Seguro que sí. Venga, tu me dices lo que ves y yo te diré lo que veo ¿vale? Solo concéntrate. 

Sí, aquello era fácil. Aquel hombre no paraba de atosigarla con cosas semejantes. Y no era que no les gustase, le encantaba estar en su compañía pero cuando sacaba los términos psicológicos la volvía más loca de lo que podía estar. 

-Yo veo...-empezó diciendo mientras entrecerraba los ojos- A dos viejos peleándose. Son medio hombres medio animales y tienen las bocas abiertas, como si lanzasen un rugido para averiguar quién es el más fuerte. Mira, mira, están así. 

Se sentó en la tumbona, se volvió de espaldas a él para girar su cabeza y abrir su boca, lanzando un pequeño gruñido digno de un lobo. Después se rió y volvió a tumbarse. Ahora era el turno de él y esperaba impaciente conocer su respuesta. Él rió ante su demostración y apuntó un par de cosas en su libreta, Ann no pudo llegar a ver el qué. 

-Yo veo... No, no puedo decírtelo- dijo sonriendo y moviendo su cabeza de un lado hacia otro.

-Eres un mentiroso. Nunca te fíes de un psicólogo dijeron, te traicionará y te dirá que estás loca dijeron. 

-¿Quién te lo dijo?- el hombre ladeó su cabeza y la miró esperando una respuesta. El bolígrafo estaba en su mano dispuesto a escribir sobre su libreta lo que ella dijese. 

-Es... es solo una broma.- el hombre alzó una ceja levemente divertido y ella rió- Entiendo, estabas bromeando también. Muy gracioso, Alex. 

-Para ti, señor Brandon.

-Venga ya. Llevamos no-sé-cuántas sesiones, estoy en mi derecho de llamarte como me plazca. Sabes todos, o casi todos, mis secretos.  Alguna ventaja debo sacar yo ¿no? 

-¿Qué no sé de ti, Ann?- el hombre se puso serio, como si el ocultarle algo fuese un auténtico delito-Debes contarme lo que sea, todo a ser posible. 

-Hay algo que no sabes y que no te lo voy a contar. No por ahora.

-Ann, es tu deber como paciente contarme todo lo que te ronda por esa cabecita demente-le gustaba hacer bromas sobre locos, siempre que podía soltaba algo como aquello. Ann ya se había acostumbrado, incluso le hacían gracia algunas.

-Es algo malo... -él insistió en que debía saberlo y ella resopló dispuesta a contarle solo parte de la verdad- Me he enamorado de alguien.

-¿Y por qué eso es algo malo?- preguntó sin entenderla- ¿A caso él no siente lo mismo por ti?

-No lo sé- dijo moviendo su cabeza negativamente mientras volvía a contemplar el techo- Supongo que piensa que estoy loca, además de que me verá como una amiga o incluso algo menos.

-¿Y quién es? ¿Quién pensaría que el hecho de que estés loca sea algo malo?- Alex levantó una de sus cejas y apoyó su pierna izquierda sobre su muslo derecho.

-No pienso decírtelo. Pero la verdad es que no sé qué piensa de mi realmente.

-¿Te cuento algo, Ann?- ella le miró y asintió enérgicamente. Alex no solía hablar de él, de su vida- A mi también me gusta alguien. Es una chica increíble... pero no cree que ella sea lo suficientemente buena para nadie. Se aparta de los demás y finge que le falta un tornillo cuando en realidad lo que ocurre es que es demasiado inteligente para este mundo. Los demás no la entienden pero yo sí. Ella es, por decirlo de alguna manera, mi psicóloga. Me enseña cosas que no hubiese aprendido con nadie más.

A Ann se le encogió el corazón al escuchar sus palabras. ¿Quién sería esa chica que parecía admirar tanto? ¿Y por qué sentía tanta envidia por ella si ni siquiera la conocía? Bueno, a esa última pregunta conocía su respuesta. Era de él de quien estaba hablando con anterioridad. Le gustaba su psicólogo y no como un hombre profesional sino como un amigo, incluso como una pareja. Él parecía no verlo. Sabía que no se podía juntar el trabajo con las relaciones afectivas pero él hablaba todos los días con muchas personas que le contaban sus problemas y, quisiese o no, les cogía cariño.

-¿Es guapa? La chica de la que hablas ¿es guapa?

-No, es más que guapa.

-¿Y es... mejor que yo?

Alex se quedó sin palabras ante semejante pregunta. Se quedó contemplando a la joven sin saber qué contestar. ¿Podría ser que ella...? Imposible. La mayoría de la gente odiaba ir al psicólogo y ella no era menos.

-¿No respondes?

La joven se sentó en un solo movimiento. Se quedó mirándole, desafiándole a que contestara pero no lo hacía. No lo haría. La joven se levantó y apoyó ambas manos sobre el escritorio. Intentaba controlar su respiración, contar hasta diez y relajarse pero no podía. Volvió a contar pero eso no servía, nunca la tranquilizaba. Con un grito, pasó sus brazos por encima del escritorio, tirando todo los papeles y porta-lápices que había encima de este. Después agarró uno de los bordes de la mesa y la levantó, haciendo que cayese hacia atrás de un fuerte golpe.

Alex no sabía qué hacer, estaba perplejo. Lo mejor era esperar a ver si se le pasaba el enfado, había estado en situaciones parecidas: pacientes que se mosqueaban y lo pagaban con las cosas que veía a su alrededor. Pero Ann parecía no calmarse, se dirigió hacia los títulos y las orlas colgadas y los fue tirando uno a uno.

-Ann, para, por favor.- al escuchar su voz, la joven hizo lo que se le pedía. Se giró para contemplarle y le mostró media sonrisa que ni de lejos indicaba felicidad.

-Está bien. Quédese con esa chica tan perfecta. Nadie puede querer a alguien como yo.

La joven cogió su bolso y se marchó sin que Alex pudiese hacer nada, cerrándole la puerta en sus narices. Él miró a su alrededor, contemplando el desastre que la chica le había dejado como regalo. Se acercó hasta su sillón  y se dejó caer agotado.

-Me he enamorado de una loca.

Y no era solo eso. Alex sabía que él se encontraba en un estado mental igual, o incluso peor, que ella. Escuchaba los problemas de muchas personas y aquello le pasaba factura. A veces creía que él tenía esas mismas preocupaciones pero en realidad no era así. El hecho de haberse enamorado de la dulce Ann traía consecuencias demasiado peligrosas; ella era menor de edad y la superaba en todos los ámbitos, al menos él lo sentía de esa manera. Ella lo sobrepasaba y creía que no sería capaz de manejarlo. Manejar su pasión y su amor hacia ella. La relación acabaría desastrosamente...

Quizás era la propia Ann la que se había enamorado de un loco.

La mejor persona que había conocido

lunes, 14 de julio de 2014

Se encontraba allí, sentada en el suelo de la carretera. No sentía miedo, los coches no podían atropellarla. Nadie podía hacerle daño en ese preciso instante. 

La noche era cálida, típica de verano. El sol se había ocultado tarde, más tarde que de costumbre. Las luces de la calle estaban apagadas y no se encendería. Esa noche no. La brisa suave aliviaba el calor que podía sentir el cuerpo de la chica y lograba que en ocasiones se estremeciese. 

Suspiró mientras unas lágrimas tímidas recorrían sus mejillas. Era increíble cómo todo podía cambiar en un segundo. Cómo ella podía pasar de estar alegre a estar triste en una milésima. ¿Y todo por qué? ¿Para qué? Sufría por alguien que ni se preocupaba por ella, alguien por el que lo había dado todo y a cambio solo le pagaba con negativas. 

No le importaba, le gustaba dar y nunca esperaba nada a cambio, nunca lo hacía. Pero esa vez era diferente, era la segunda vez que se entregaba de aquella forma a la misma persona y esta no parecía interesada en lo que obtenía sin ningún esfuerzo. No veía lo mucho que le ayudaba sentir su compañía y librarse de sus problemas. No, él no lo veía.   

Había abandonado a todos por él, por esa sonrisa, por su forma de ser que la volvía loca. Había dejado de lado a sus amigos incluso, casi, había dejado de lado a su familia. ¿Cómo se sentía en ese momento cuando sabía que no podía contar con nadie? Seguro que marcaba el número de alguien y solo le decían que se olvidaran de ellos que no querían saber nada de sus problemas. 

Cerró sus ojos y se echó sobre la carretera. Esperaba que algún coche viniera y acabase con su misera vida pero la calle estaba cortada y ningún coche traspasaría las pequeñas paredes improvisadas para atropellarla. 

Su bolsillo vibró y una música lenta invadió la silenciosa calle. La chica lo cogió pero no habló, sus lágrimas no se lo permitían. 

-¿Dónde estás?- quería responder pero no salían las palabras. Tras varios segundos de silencio donde solo se escuchaba la respiración de la persona que estaba al otro lado del teléfono, la chica volvió a oír la voz- Entiendo...

Colgó. Se sentía terriblemente mal. No había podido hablar aunque sabía que debía hacerlo. Las lágrimas salieron con mayor rapidez y no aguantó más en silencio. Lloró ruidosamente, tratando de ahogar el sonido de su tristeza con su mano pero apenas lo conseguía. 

Se calló al escuchar unos pasos detrás de ella. Se quedó expectante, con las manos sobre su boca y los ojos muy abierto y enrojecidos. Alguien se tumbó a su lado y agarró una de sus manos apretándola fuertemente y colocándola sobre el pavimento. 

-¿Estás bien? 

La chica negó con su cabeza. No podía creer que estuviera allí, que a pesar de todo se preocupase por ella. Después de lo que había hecho, hubiera entendido que no volviese a hablarle pero ahí estaba, junto a ella como otras tantas veces.

-Sé que es difícil pero tu puedes con esto. Te he visto luchar antes, eres fuerte, más de lo que piensas. Esta batalla no va a ser la que te mate, ¿me entiendes?

Eso era lo que hacía siempre. Comparar el amor con una guerra, donde había vencedores y vencidos. Si perdías una batalla no era sinónimo de perder la guerra. ¿Y qué sabía? Nada, solo daba consejos a personas como ella, con el corazón roto. El caso era que siempre acertaba y nadie sabía cómo lo hacía.

-Lo siento, te he dañado otra vez- por fin pudo hablar aunque su voz se rompió al terminar la oración.

-No, solo hiciste lo que sentías. Nunca me hiciste daño, solo te alejaste. ¿Qué creías que ahora no te iba a volver a dirigir la palabra?- la chica asintió y la persona que estaba a su lado rió-¡Tonta! Yo sé cuándo tengo que apartarme y cuando me toca volver a la escena. Eso es lo que hago, para eso estoy. ¿Recuerdas esos para siempre que él te prometía? Todos mentira ¿verdad? Lo suponía, esa palabra, siempre, es pura mentira. Por eso a mi no me oirás decirlo nunca. Yo demuestro no digo gilipolleces.

La chica sonrió ante su comentario y miró a su acompañante durante unos segundos. Nadie poseía tanta perfección.

-Tu no lo entiendes.

-¡Claro que lo entiendo! ¿Acaso nuestra relación no es lo mismo? Siempre a tu lado, en lo bueno y en lo malo. Esos tipos a los que llamas novios, no durarán eternamente, se irán y ¿quién estará allí para curarte las heridas?

-¿Tu?

-Exacto, yo y nunca me oirás quejarme por ello ni echarte las cosas en cara. Hacemos cosas, nos equivocamos y tratamos de rectificar. Los que no te quieren de verdad se van y los que sí se quedarán siempre aunque sea dentro de nuestro corazón...

Entonces la chica posó sus ojos en ella, su amiga. La mejor persona que había conocido, la que la ayudaba sin pedir nada, la que la escuchaba sin juzgarla y la que le prometía que hiciera lo que hiciese siempre la apoyaría estuviese de acuerdo con sus acciones o no. Y hasta ahora lo había cumplido.

Y se dio cuenta de que los mejores amigos no te abandonan, que se quedan para siempre y que aguantan todas tus locuras. Te dan un hombro en el que llorar cuando todo está mal y aseguran que mataran al imbécil que te ha hecho daño. Y te ríes, porque sabes que amenaza mucho pero luego entiende que las cosas son mejores así.

-Gracias por todo. Gracias por ser tu.