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martes, 24 de marzo de 2015

─Ven aquí─ le dijo él una vez más. 

La habitación estaba oscura pero ella podía contemplar su silueta a la perfección. Sabía cuántos pasos tenía que dar para tenerle delante. El silencio se había adueñado del lugar durante segundos que parecieron auténticas horas que jamás acabarían.

─Ven─ volvió a insistir y ella negó con la cabeza. Una sonrisa surgió en el rostro del joven. ¿Que cómo lo sabía? Le conocía a la perfección, recordaba su rostro mejor de lo que cualquiera podría conocer.─ Vamos, te prometo que no muerdo. 

Aquello era una mentira. Una gran y horrible mentira. ¡Claro que mordía! Por eso estaban en medio de la oscuridad, sin dirigirse media palabras. Él mordía y ella había sido consciente del dolor que aquello provocaba en su pequeño y delicado corazón. 

─No─ fue apenas un susurro pero él supo oírla, siempre lo hacía─ Te acabo de decir que necesito espacio.

El joven chasqueó la lengua y apoyó ambas manos en sus caderas en una pose de un auténtico modelo. Le odiaba. Odiaba esos momentos en los que no podía parar de mirarle, incluso en donde su sentido de la vista estaba más que atrofiado, incluso en la oscuridad. 

─Vale, necesitas espacio, necesitas tiempo pero déjame que yo coja lo que es mío y tú lo que es tuyo.─ dijo alargando la mano hacia ella.─ Deja que te de un leve empujón para que vuelvas al mundo real. Acércate, por favor.

La joven volvió a dudar y se pegó aun más a la pared que tenía a su espalda. Si seguía de aquella manera posiblemente se volvería del mismo color y la misma textura que aquella pared. ¿Por qué la tentaba? Creía que había sido lo suficientemente clara. Creía que esta vez se había entendido. Necesitaba tiempo para ella, tiempo para pensar en todo lo que estaba ocurriendo en su vida. Él no comprendía por lo que estaba pasando y no era justo. No era justo que él ignorase todos y cada uno de sus problemas y no la ayudase en absolutamente ninguno. 

─Lo haces difícil─ dijo al ver que ella no le daría más respuesta.

El joven comenzó a andar. Un paso. Dos. Tres. Cuatro... Ya estaba delante de ella. Su frente se pegó a la pared y sus ojos se dirigieron directamente al rostro de la chica. Ella no quería mirarle, aquella diferencia de altura le hacía sentirse insignificante. En un principio, había sido agradable pero ahora se sentía como un inútil insecto. 

─Abrázame. Te daré todo el tiempo del mundo. Te daré todo el espacio que quieras pero solo si me abrazas─ chantaje, siempre chantaje. Era consciente que si le pedía aquello ella no podría negarse.

La joven alzó sus manos temblorosas y rodeó el tronco del chico. Acercó su rostro a su cuerpo y se pegó a la camiseta. Notaba la textura suave de la tela. Sus fosas nasales se llenaron rápidamente de ese olor que tan bien reconocía y que creía olerlo en cualquier lugar aunque al final resultaba ser mentira. 

─¿Ves? Esto está mejor─ dijo él, rodeándola con sus fuertes brazos─ Tienes todo el tiempo del mundo, pero por favor, mantente a mi lado. 

─No lo entiendes─ su voz se quebró, estaba a punto de echarse a llorar. 

─Lo entiendo. Tienes tus problemas, como todo el mundo. Pero no por eso debemos estar alejados. Déjame que te ayude. 

─Pero tú solo ignoras mis problemas.

─No, no─ el joven también negó con la cabeza─. Si no te pregunto es porque, sea el problema que sea, quiero hacerte reír y que el tiempo que estés conmigo signifique felicidad absoluta. No quiero amargarte obligándote a contarme algo que, probablemente, quieras olvidar.  

La chica se aferró aun más a la camiseta del joven. Sus lágrimas salieron de sus ojos casi sin que ella les diera permiso. 

─Sé lo que te pasa. No creas que no me preocupo por ti... Les pregunto a todos cómo te ven en clase, la manera en la que sonríes y si pasas mucho tiempo mirando a la nada. No estás bien, Nadia. 

─No, no lo estoy.

Era la primera vez que decía la verdad. Ella siempre se limitaba a responder que ella estaba perfectamente. Pero a él, a él no podía decirle algo que no era cierto. Su olor la tranquilizaba, su voz la hacía que se olvidase de todo lo que había a su alrededor. Era tan perfecto, tan perfecto para ella...

─¿Qué ocurre?─ el joven besó la coronilla de su cabeza y la acercó aun más a él.

─Tú─ las palabras habían salido casi solas. Aquello no era lo que quería decir. no exactamente─ No, tú no. Soy yo. Lo que ocurre es que no soy lo que necesitas. Crees que sí pero no. Lo que tu buscas es alguien que sea como tú: sonrisa de infarto, cuerpo perfecto, una personalidad fuerte... Yo no soy así. 

─¿Quién ha elegido por mi? No necesito eso. Te necesito a ti. Solo a ti. Ninguna otra chica del planeta podría haber conseguido lo que tú has hecho y casi inconscientemente. 

La joven alzó la vista para tratar de verle en la oscuridad. Su rostro se recortaba en una perfecta masa negra. Sabía dónde tenía sus ojos y cómo brillaban a la luz, sabía dónde estaba su boca y cómo sonreía en aquel instante... 

─Eres la primera a la que he dejado entrar en mi vida. No puedes hacer que eso no signifique nada. Todo eso de que no eres perfecta han sido solo imaginaciones tuyas. Eres perfecta para mí─el joven le acarició la melena con extremada delicadeza, como si fuese un objeto demasiado valioso y para él, lo era─. ¿Eso es lo que te preocupa este mes?

La joven asintió y él solo pudo ampliar su sonrisa. Esa chica... Esa chica era tan simple y a la vez tan complicada. Siempre se preocupaba por todo, siempre pensaba que el problema más diminuto era un mundo. Siempre perdida en su mundo imaginario. Cada mes lo mismo y él podía admitir, con orgullo, que jamás se cansaba. Dudaba que algún día se hartase de ella. Dudaba que algún día pudiese vivir sin ella. Porque, a pesar de todas rarezas y sus imperfecciones, él siempre estaría allí para darle un empujón para devolverla al mundo real, su mundo real.

Pensamiento #4

miércoles, 11 de marzo de 2015

Las horas se convertían en segundos...