Pensamiento #6

viernes, 12 de agosto de 2016



Las horas se pasan más lentas cuando te acompaña la soledad. Cuando eres consciente de lo que eres y no eres, lo que piensas de ti misma... Son esos momentos en los que el reloj se para y no me deja avanzar. Los malos pensamientos acuden a mí rápidamente pero me matan con una lentitud que no soy capaz de soportar. La agonía se apodera de mi ser. Las voces de mi mente no paran de repetir lo mismo una y otra vez: “No sirves” “No eres lo suficientemente buena” “No llegarás a ser nada en la vida

Sé por qué lo hago, sé por qué lo pienso y creo que es una actitud de lo más egoísta. Necesito que me digan todo lo contrario, quiero oír que soy lo suficiente para cualquier cosa, que, si me lo propongo, llegaré a donde sea. Necesito oírlo de una boca ajena porque ya no me creo mis propias palabras. Y tampoco creeré las de otros. Soy una mentirosa. Soy débil, más de lo que finjo ser. Me odio a veces, otras simplemente me tolero.

¿Cómo lo hacen los demás? ¿Cómo logran hacer que parezca tan fácil? Tienen una vida sencilla; cuentan sus problemas, se desahogan con las personas y pueden pasar página. Pero yo no, yo no soy así. Todos tienen problemas muchos más graves que los míos, ¿qué menos que escucharlos y tratar de ayudarlos? Yo solo mantengo una lucha constante conmigo misma, no es para tanto. El resto del mundo estará mejor si no lo sabn, de todas maneras, no es algo que le importe a muchos.

Soy una egoísta por pensar así. Soy un mar de confusiones. Soy frágil pero aparento ser fuerte. Soy callada. Soy mi mayor enemigo. Soy una idiota. Soy de todo menos buena. No sirvo para nada, a nadie le apetece estar con una persona así, esperando a escuchar lo que no voy a decir. Lo que piensen los demás no puede ser ni la mitad de duro que lo que escucho en mi mente cada vez que a ella decide soltarme semejantes perlas. No tiene reparo en recordarme que soy una fracasada y que, no importa cuánto me esfuerce, siempre acabaré haciendo las cosas mal. Siempre acabaré dañando a los demás que me rodean.

Ojalá pudiera ser como los demás. Lograr pasar página de todo esto. Creí que había salido del pozo sin fondo en el que yo misma había caído pero veo que no es así. Si alguna vez salí, volví a caer como una tonta. No tengo remedio y no voy a poner empeño en cambiarlo porque siempre acabará volviendo a mí como un mal sueño que nunca acaba.

No puedo apartar estos pensamientos ni aunque lo intente con todas mis fuerzas. Es duro leer todas estas palabras, siendo consciente de que vienen de la persona más importante que tendré nunca en mi vida: yo. A veces me quiero, a veces me odio. Pero el amor que me tengo no se puede comparar al odio que siento hacia mí misma...

 El odio acaba ganando siempre, en todas partes, a todas horas.