El tiempo hace con el cuerpo lo que la estupidez hace con el alma: la pudre Marina - Carlos Ruiz Zafón

domingo, 31 de diciembre de 2017

Oscuridad sobre mi

Lo siento. Este año he sido mala.  Este año he insultado mucho, he dicho cosas horribles y todo ha recaído en una sola persona. 

No sé qué ha pasado pero sé que le he hecho daño y no solo eso... Las personas que estaban a su alrededor también han sufrido. 

Pero nadie me detuvo, ni siquiera yo he podido. Lo siento pero todo esto es superior a mí... Es como un vicio, estoy tan enganchada a hacerle daño que soy incapaz de vivir sin esos insultos.

Y sé, oh por supuesto que sé, que me estoy tirando piedras a mi propio tejado, poco a poco lo estoy destruyendo. Pero ya os lo he comentado: no conozco otro estilo de vida. 

Los hábitos son malos a veces y este es el peor. ¿Qué tendrá esta persona para que yo me comporte de esta manera? No estoy demasiado segura. Creo... creo que lo que más me saca de quicio es que no se muestra como es, que es imperfecta y que no sabe dar la cara, no sabe decir lo que piensa. 

Es incapaz de salir de su maldita zona de confort. Siempre tan recluida, tan alejada de los demás. Aparta el mundo como si no tuviera nada que ver con él. Y normal, ¿para qué va a luchar contra las injusticias si no sabe arreglar sus propios problemas? 
¿Veis? Pudiendo ser lo que es, pudiendo brillar como nadie lo ha hecho jamás, decide esconderse. Teme a la vida esperando lentamente a que llegue la muerte. 

¿Cómo podéis no odiar a una persona así? ¿Cómo podéis quedaros callados ante una actitud semejante? Le digo tantas cosas horribles porque quiero que luche para que me demuestre lo contrario pero lo único que consigo es que se ahogue más en la oscuridad... 

Pero ya se ha vuelto mi droga y no puedo pasar un día sin insultarla. Lo que en un principio iba a salvarla, se ha vuelto contra m´para machacar el único trocito de su alma que creía en ella misma. 


Lo siento. Este año he sido mala pero no esperáis que el año que viene sea mejor.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Te quiero


Salí del apartamento, cerrando la puerta con llave. Me detuve delante del ascensor y sacudí la cabeza. Vivía en un tercero, podía bajar por las escaleras y sin morirme (como muchos afirmaban). 

El ejercicio era fundamental en el día a día. No iba al gimnasio pero sí intentaba mantenerme activo. A veces salía con mis amigos a correr o jugábamos al vóley en la playa.

Saludé a la vecina del segundo a la que se le veía un poco apurada; sus mejillas estaban enrojecidas y se veía sumamente adorable en ese vestidito tan colorido. La acompañaba su pequeño perro que se acercó a mí moviendo su cola. Lo acaricié hasta que su dueña se disculpó y se marchó.

El aire de la calle era cálido. El verano empezaba a llegar y, a mí, me encantaba. El ambiente era único…

Cogí el móvil y miré el último mensaje que me mandó ella. Una sonrisa apareció en mi rostro; le gustaba jugar conmigo, con mis sentimientos. Yo no la creía. Sabía que no lo decía de verdad, que realmente me quería.

Jugueteo con las llaves y me monté en el autobús que acababa de llegar. Hacía un día bonito como para desperdiciarlo en el coche, atrapado en un atasco.

Quería llegar a mi destino. Sabía que era bueno disfrutar del camino pero como llegase un minuto tarde, no tendría ninguna oportunidad.

Noté unos ojos sobre mí. Un bebé me observaba con curiosidad desde los brazos de su madre. Le sonreí y le hice una mueca graciosa que logró sacarle una sonrisa.  

Pulsé el botón de la parada y esperé, mirando por la puerta de cristal. Mi corazón casi me dio un vuelco al confundir aquella joven con ella. Se parecían bastante pero la desconocida iba agarrada de la mano de otro hombre.

Cuando pude salir, comencé a correr calle abajo, estaba cerca. Unos pasos más y estaría delante de su portal.

Alguien salía en ese momento, me abalancé para impedir que la puerta se cerrase. Le di las gracias al señor mayor que la había sostenido al ver mis señales.

Entré. Subí con rapidez por las escaleras. Primer piso. Segundo piso. Miré los números de las puertas hasta llegar a la suya.

Pegué con insistencia. No abría, sin embargo, sabía que estaba dentro. A esa hora aun no se había marchado.

─ Sé que estás dentro.─ Nada, seguía sin abrir─. No me ignores. Tengo las llaves.

Volvía pegar con la palma de la mano mientras que con la otra buscaba las llaves de su apartamento que ella misma me dio.

─ Vete.─ Escuché su voz lejana─. Ya hemos hablado de todo lo que teníamos que hablar.

─ Pero yo no.

Tenía que controlar la situación, hacer que escuchase mis palabras para que así pudiera entender mi parte también. Encontré la llave y abrí la puerta. La vi allí sentada en el sofá, intentando desaparecer. Pero no, aquella falda que se veía más pierna de la debida y aquella blusa que apenas dejaba volver la imaginación lo impedían. Debía aprender a vestirse de una vez.

─ No te voy a dejar ir.─  Dejé las llaves sobre la mesita. Debía centrarme a lo que había venido─. Te quiero a ti y a nadie más…

─ Yo n… ─ Ella se levantó y dio un paso hacia atrás.

─ Solo escucha, ¿quieres?─ la corté alzando la mano, no importaba su opinión en ese instante─. Sé que no lo entiendes, que es confuso pero ha llegado un punto donde me da igual todo. Ya no tengo nada que perder.

─ No te quiero─ logró decir mientras volvía a dar un paso hacia atrás. Quería alejarse de mí porque sabía que si me tenía cerca, no podría resistirse a mis encantos.

─ ¿Qué no quieres? Claro, ahora dirás que nunca me quisiste, ¿no? ¡Qué hija de puta!─ Resopló y puse mis brazos en jarra.  Siempre había sido una mentiros y una manipuladora.

─ No, yo…─ Su cuerpo había chocado contra la pared.

─ Estoy cansado de todo esto. ¿Por qué no puede ser todo más sencillo? Yo te quiero solo a ti.

Me acerqué a ella y la tomé por los hombros. De esa forma no tendría escapatoria alguna. De esa manera me diría que sí porque vería que seguía siendo el mismo tonto que la quería.

─ Pero…─ pudo decir, vi un par de lágrimas asomarse por sus ojos. Estaba emocionada.

─ Te quiero solo a ti─ remarqué aquellas palabras─. Y si no puedo tenerte… nadie lo hará.  

........................................................................................

¿Qué habéis pensado sobre este personaje? 
¿Os ha parecido agradable en el inicio del relato? 

viernes, 24 de noviembre de 2017

El mundo ~ Parte 2


El murmullo se hizo evidente en la sala. Todos estaban escandalizados. Pero el anfitrión parecía no importarle. 


Sin consultarlo, agarró la mano del joven y lo arrastró hasta la mirada de todo el mundo. Sariego colocó una de sus manos en la cintura de Tielve. Notó sus mejillas enrojecer.

─ ¿Qué hace? ─ le susurró apretando los dientes.

─ Déjese llevar. Oh, y… coloque su mano en mi hombro.─ Mientras lo decía. Le obligaba a que le obedeciese.

No podía decirle que no porque se pondrían poner en ridículo  y cuchichearían después. Y si bailaba… seguirían cotilleando pero quizás un poco menos. 

La música comenzó y el anfitrión fue marcando el ritmo. No podía creer lo que estaba ocurriendo, él bailaba como un pato mareado. De hecho, le pisó más de una vez.

A medida que las notas sonaban, algunos valientes se fueron animando a seguir el ritmo frenético. Si su madre estuviera cerca… le hubiera arrancado del baile tirándole de la oreja.

─ ¿Se divierte? ─ le interrogó con una sonrisa.

─ Nadie se divierte en un baile, solo es una excusa para conocer a una esposa.

Los pies de Sariego se detuvieron en seco. Parecía que su respuesta le había sorprendido. Se alejó un poco más de él aunque la música estuviera sonando. Una suerte de que el resto de los invitados se lo estaban pasando bien.

─ ¿Acaso es mentira? ─ le preguntó Tielve como si le importase sus sentimientos.

─ No deseo contraer matrimonio.

Se dio media vuelta y salió de la sala.  Tielve puso los ojos en blanco y le siguió. No sabía por qué lo hacía. Quizás era porque, por primera vez, alguien tenía la misma ideología que él.

Lo encontró en el jardín, contemplando la fuente adornada con una estatua de una hermosa mujer semi-desnuda que portaba un jarrón.

─ Si no desea casarse, ¿por qué acercarse a Casandra?

─ Quería conocerla.─ Contuvo un movimiento de hombros─. Quería cambiar su opinión sobre mi personalidad.

─ ¿Qué? ¿Por qué? ─ Se percató de que estaba resultando demasiado coloquial─. Si desea contármelo…

─ Quería que hablase bien de mí…─ No se atrevía a mirarle siquiera.

─ ¿Se ha interesado por otra de mis hermanas? ─ No veía otro motivo.

─ No. No me malinterprete, son todos maravillosas. Pero he oído que la pequeña de los Tielve es su hermana predilecta.

─ ¿Mía? ─ El anfitrión asintió─ ¿Quería que me hablase bien de usted? ¿Por qué?

─ No descubrí ningún baile en mis viajes… No como el de antes.

Sintió palidecer, no pudo encontrar una respuesta a su confesión. No llegaba a entenderle. Él no era importante, tenía un trabajo insignificante.Una vida de lo más simple.

─ Le he observado en otros bailes. Siempre logró captar mi atención.

─ No puedo entenderlo.─ Sacudió su cabeza, intentando seguir sus pensamientos.

─ Ni espero que lo haga. ─ Se giró para fijarse en la escultura─. Las mujeres nunca han sido un secreto para mí. He vivido con una madre, cinco hermanas y muchas criadas.

─ Yo he pasado por una situación similar.

─ Entonces sabrá muchos de sus secretos: cómo hablan, actúan, piensan… ─Hizo una pequeña pausa, pensando en sus siguientes palabras─. Sin embargo, los hombres son todo un misterio y, en concreto, usted.

─ ¿Un misterio? ¿Yo? ─ Se señaló aunque no era lo correcto pero le daba igual─. Soy demasiado simple. Nadie ha reparado nunca en mí.

─ Hasta ahora…─ Seguía sin atrever a mirarle.

Podría entenderlo pero le parecía imposible. Eso no ocurría nunca. Nadie había puesto la mirada sobre él. Se reían, de hecho, porque pensaban que jamás llegaría a nada importante en su vida.

─ Pero si su fama es de un ser frío y sin corazón.─ No le recriminaba otra cosa más que evidente porque… no, no lo admitiría ni en pensamientos.

─ Creí que eso alejaría a las mujeres pero no funcionó demasiado.─ Soltó una leve risa. Nunca pensó que su manera de sonreír podría ser cautivadora.

La estatua seguía la conversación, impasible y en silencio. Como si eso pasara todos los días. El anfitrión le miró con la sonrisa aún instaurada en su rostro.

─ Aún no me ha dado una respuesta.

─ Aún no me ha hecho ninguna pregunta─ contraatacó, su corazón latía con extraña violencia. Era raro, solía ser muy tranquilo.

Sariego separó los labios para hablar pero solo se le escapó el aire que había estado reteniendo. Se acercó más a él, rompiendo su espacio personal, logrando que se estremeciera solo por su presencia.

─ Siento… que quiero recorrer el mundo entero contigo. ─ Fue un susurro, solo para que ellos dos fuesen partícipes de sus palabras.

¿Era lo correcto? Su madre se escandalizaría, sus hermanas llorarían y su padre le pediría “amablemente” que no volviera a pisar su casa.

Pero él siempre había cuidado de ellos. Siempre miraba por su bien. “Si mi madre no lo permitiía, no lo hacía” Y lo olvidaba. Porque quería complacer, siempre. ¿Y ahora? Era la peor de las decisiones, la que taparía todas las cosas buenas que hubiese hecho…

─ Yo…─ Ahora o nunca, se debatía entre dos opciones tan diferentes y tan extremas─. Yo siento lo mismo.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

El mundo ~ Parte 1

El baile ya había empezado. Todos los presentes hablaban y bebían animadamente. La música sonaba pero sabían que la hora de bailar aún no había llegado. De hecho, parecía que los músicos estaban calentando todavía. 

Si se fijaban bien, había una única persona en la sala que no hablaba con nadie. Estaba sentado en una silla, con las piernas bien apretadas y las manos ocultas. Tenía la mirada perdida en algún punto de las baldosas del precioso suelo de mármol. 

Seguía preguntándose por qué su madre le había insistido para que fuera. Era de locos: un baile para conocer a su futura mujer. Definitivamente, él no quería. 

¿Qué dirán si no se casa mi único hijo?” Sus hermanas se quedarían sin nada cuando su padre muriese. Él heredaría todo y su madre pensaba que, si seguía soltero, escaparía con el dinero para recorrer mundo. Y no estaba muy equivocada. Pero entendía que no podía abandonar a su familia… no hasta que todas se casasen. Ese era el verdadero motivo para asistir al baile. 

Desde su asiento podía ver a sus hermanas. Ya empezaban a conversar con diferentes hombres. Estaban radiantes. Casi podía afirmar que eran las señoritas más guapas del lugar. Era lógico que su madre estuviese tan orgullosas de ellas. 

Ariana hablaba con el señor Lorenz. Un hombre rico que pasaba sus días libres en el pueblo. Tenía dinero y un negocio interesante. Era un hombre de casa, de encerrarse en la biblioteca y adquirir el mayor conocimiento que pudiera. Su hermana coqueteaba como solía ser costumbre. Era la mayor de las chicas, tenía más experiencia. 

Betty estaba riendo con el señor Mendez casualmente compañero del señor Lorenz, al que había acompañado en aquella ocasión. No sabía demasiado de él pero los rumores decían que era un total encanto. 

Casandra sí que había apuntado alto. Hablaba con el anfitrión de la fiesta. El señor Sariego era un hombre de buen ver y rico, muy rico. Prácticamente había organizado el baile para presumir de mansión. Los rumores decían que era frío de corazón y que ninguna damisela había logrado cautivarle como lo habían hecho todos los viajes que había hecho por el mundo.

Observó cómo Betty se acercaba a él, dando pequeños saltitos. La veía tan feliz que era incapaz de pedirle que parase “de hacer el ridículo” (según diría su madre). 
 
─ El señor Mendez me ha pedido el primer baile y… todos los demás. ─ Iba por buen camino para llegar al matrimonio. 

Se alejó para prepararse para el baile o para contárselo a su madre. Él resopló. ¡Qué aburrido! No había absolutamente nada que llamase su atención y que lo entretuviera mientras sus hermanas seguían trabajando.  Levantó la mirada.

Oh no. Algo iba a mal. El anfitrión se había alejado de Casandra y ella parecía avergonzada.
 
Apretó sus puños y se levantó. Solo una persona podía hacer daño a sus hermanas: él mismo. Ese presuntuoso se iba a enterar de quién era el señor Tielve.

Tuvo que salir al jardín para encontrarlo. Se tragó todas sus dudas y se acercó. Le daba igual si estaba hablando con otros invitados. 

─ Perdone, señor Sariego, ¿puedo hablar en privado?

El anfitrión ni siquiera se inmutó, asintió y despachó a sus invitados rápidamente. Él se quedó unos segundos en blanco. 

─ ¿Y bien?

─ ¿Por qué ha dejado a mi hermana sola? 

─ ¿Casandra es su hermana? ─ Asintió, era bastante evidente─. Debo atender a mis invitados pero me ha concedido un baile.

Se quedó sin palabras. Había sido demasiado impulsivo pero cuando se trataba de sus hermanas… perdía toda la razón.

─ Pero tranquilícese, no le daré falsas esperanzas.

Empezó a caminar pero no se lo permitiría.

─ ¿Falsas esperanzas? ─ preguntó. Nadie iba a jugar con el corazón de la pequeña Casandra.

─ Sé lo que su hermana espera y no se lo puedo ofrecer.─ Sariego se giró para volver a mirarle.

─ ¿Está prometido? ─ daleó la cabeza.

─ No, ni quiero estarlo.

Esta vez volvió al baile sin posibilidad de ser detenido. Tielve escuchó la música empezar. Siguió los pasos del anfitrión y volvió a adentrarse en la sala.

Sus hermanas estaban bailando animadamente con sus respectivas parejas.  Casandra sonreía. Lo hacía como una niña que le acababa de regalar algo para Navidad.

Paseó entre la gente que observaban. En ningún momento apartó sus ojos de él. Sariego parecía que tampoco, le había encontrado entre la multitud con extraña rapidez. Su corazón temblaba con cada mirada que le dedicaba. Sabía que su hermana iba a sufrir y no podía soportar que diera un paso más agarrada de la mano de ese hombre.

El baile terminó y todos aplaudieron. Se dio media vuelta y se internó en un pequeño rincón donde no podrían encontrarle.

Ese hombre era totalmente insoportable. Se pensaba superior a su familia. Sí, la familia Tielve no eran ricos pero eso no significaba que tenía que mentirles. “Ni quiero estarlo”.  Claro, una mentira para tranquilizarle y que no pensara que era por otros motivos diferentes.

─ ¿No desea ver el siguiente baile?

Se asustó, no entendía cómo lo había encontrado. Era su casa pero era imposible que supiera dónde se encontraban todos. El anfitrión se posicionó delante de él.

─ Le resultará divertido.

Puso los ojos en blanco y salió de su escondite.  Vio cómo Sariego se colocó en el centro de la pista y llamó la atención de todos.


─ En uno de mis viajes, descubrí una tribu que bailaba de una forma, cuanto menos, peculiar. Hoy deseo compartirlo y espero que me sigan cuando la música comience.

Anduvo por la sala hasta llegar a su objetivo: él, Tielve. Le tendió la mano con una sonrisa pícara.

─ Este baile.─ Elevó su voz para que todos lo escuchasen─. Se baila con personas del mismo género.


martes, 14 de noviembre de 2017

Héroe caído (pensamiento #8)

¿No va a venir por mi, verdad? Seguro que se ha cansado de buscarme, de tener que ser siempre quien tire de las riendas en todo. 

¿No va a salvarme, verdad? Sí, sé que la que se tiene que salvar soy yo pero los malvados nunca quieren que el bien triunfe. 

En mí hay un héroe y un villano. Por desgracia, el primero no lucha sin un aliciente, sin un motivo que lo lleve al momento que más ansía. Al final de mi trayecto no veo nada más que oscuridad. 

Me estoy ahogando lentamente en mi interior, en un mar de lágrimas de las que no consigo salir. Me hundo y lo hago sola sin nadie quien me acompañe, sin nadie que me diga que no pasará nada. 

Lo siento pero mi héroe interior se ha rendido, no le apetece ganar. Ya no le interesa... Porque sí, no es que no pueda salvarse por sí solo. Lo que ocurre es que no quiere hacerlo. 

Total, ¿quién se preocupará por él cuando ya no esté? ¿Quién le tenderá una cuerda en el último instante para que tire y pueda salir? Eso suele ocurrir en la ficción pero en la realidad no hay ni cuerda ni compañero de viaje. 

A nadie le importa. Nadie se acordará de ese pequeño valiente que lo intentó con todas sus ganas, aunque no viese la razón por la cual seguir adelante. Nadie verá lo que hizo, lo que sufrió y lo que lloró. Lo único que verán será la oscuridad que invade todo lo que antes había pertenecido al héroe caído. 


martes, 31 de octubre de 2017

El día de los muertos

Entró en el cementerio. La tarde ya había caído pero aún quedaban un par de horas de sol. Las suficientes como para salir de allí antes de que saliera las estrellas.

Anduvo por las hileras de tumbas. Sabía exactamente dónde quería ir. Había paseado tanto por allí que sabría llegar igualmente si cerraba los ojos.

Las flores estaban recién cortadas de su propio jardín. Eran hermosas, llenas de colores y desprendían su aroma a cada paso que daba. Pero, parecía ser, que todos olvidaban que estaban muertas. 

Le llevaba flores muertas a un muerto…Seguía sin saber para qué servía. Solo para torturarse un poco. Solo para que su alma se desgarrase una vez más.

Se arrodilló frente a la tumba que llevaba su nombre, su fecha de nacimiento y la de su muerte. Pronto haría dos años desde que le dejó. Solo dos. Se le habían antojado como un siglo.

Cambió las flores marchitas por las recién muertas. Se quedó pensativa, observando, intentando encontrar las palabras más adecuadas para dedicarle.

Ni siquiera se percató de la figura que se le acercaba con suma lentitud.

─ Buenas tardes, señorita.

Se giró para encontrarse con una persona entrajada en negro. Un elegante sobrero le cubría el rosto que permanecía en sombras.

─ Bu…buenas tardes.─ Su corazón se encogió, intimidado por la presencia.

─ ¿A quién recuerda hoy?─ le preguntó, colocándose en cuclillas para mirar la tumba.

─ Es… era mi esposo─ le contestó. Aquella  pose le resultaba tan familiar.

─ Oh, murió joven. ¿Eráis recién casados?

─ Más o menos.─ Podría decirle que no era asunto suyo pero sentía que necesitaba hablar─. Llevábamos un año… Acabábamos de descubrir que estaba embarazada.

Agachó la cabeza. Su voz se había roto antes de terminar. Las lágrimas le habían traicionado una vez más.

─ Perdona que me inmiscuya de esta forma pero… percibo que se siente culpable.

─ Sí. Fui yo quien le llamó mientras conducía, fui yo quien le rogó que fuera a la tienda a por un estúpido antojo que había tenido. Por mi culpa está muerto.

El desconocido chasqueó la lengua y se sentó en el suelo. Apoyó el brazo en una de las rodillas que permanecía más alta que la otra. La otra mano se apoyaba en el césped, logrando que su cuerpo no cayese hacia atrás.

─ La vida tiene momentos que jamás llegaremos a entender, ¿sabe?─ le habló sin siquiera mirarla, estaba contemplando la tumba como si jamás hubiese visto una. Suspiró─. Nos arrepentimos de las cosas que hemos hecho y de las que no. Pesan. ¿No lo siente? Su alma pesa cada vez que las piensa. No se va a recuperar si lleva diez kilos de culpa pegados a su corazón.  

─ Se me olvidó darle las gracias. Se me olvidó decirle que le quiero.─ No pudo retener sus lágrimas por mucho más tiempo.

─ ¿Y cree que él no lo sabía? ¿Cree que él se fue pensando que lo odiaba o que lo trataba como a un esclavo? Se equivoca. No sabe cuánto.

─ ¿Qué va a saber usted?─ Se decidió a mirarle pero solo podía ver su perfil. ¿Por qué no le miraba para hablar como las personas normales?─. No le conocía. Solo sabe su nombre y la fecha de su muerte.

─ ¿Siempre está con ese nivel de defensa?─ le preguntó, dejando escapar una leve sonrisa.

Su corazón se congeló. Había pasado tanto tiempo que casi había olvidado aquella frase. Se quedó paralizada, mirando a la persona que tenía a su lado. Se preguntaba si era un sueño o una pesadilla. Se preguntaba cómo era posible. Se decía a sí misma que no, que solo era una broma, una mala pasada de su cerebro que conectaban cosas sin sentido.

Un escalofrío recorrió la espalda de su acompañante que se levantó y se ajustó el sombrero y la chaqueta antes de volver a pronunciar una sola palabra. Ella lo miró, extasiada.

─ El que se siente culpable es él. Por no tener más cuidado, por no ir a otro sitio... Por dejarla sola.─ Esta vez se atrevió a mirarla y ella solo vio unos preciosos ojos marrones que reconocería en cualquier parte─. La quiso, la quiere y la querrá para siempre. No lo olvide, ¿vale?

Y se marchó. La volvió a dejar sola en el cementerio. Ella se levantó con la duda aun temblando sobre su pecho. ¿Había sido real?  ¿Un producto de su imaginación? Trató de seguir el camino que había hecho el desconocido pero no lo volvió a encontrar. Era imposible que desapareciese tan rápido…


Al principio no lo había notado pero era su voz, eran sus palabras las que le habían hablado. Era su pose, su risa, su forma de mirar el mundo, sus ojos. Había sido él, no cabía ninguna duda. 

Con la tecnología de Blogger.